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Coexistir con jaguares y caimanes: la guía de seis pasos que mide la tolerancia, no solo los daños

WCS Colombia publicó una guía de 104 páginas para gestionar las interacciones con fauna silvestre. Sus seis pasos, el índice de tolerancia de -2 a 2 y los resultados medidos con el jaguar y el oso andino.

Juan Felipe Romero11 min de lectura
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Coexistir con jaguares y caimanes: la guía de seis pasos que mide la tolerancia, no solo los daños

Cuando un jaguar mata una res, la respuesta más frecuente en el campo sigue siendo ir tras el jaguar. Esa cacería por retaliación es precisamente lo que la Guía para la gestión de las interacciones con fauna silvestre, publicada en 2026 por la Wildlife Conservation Society (WCS Colombia), busca evitar. Mongabay Latam la reseñó esta semana; aquí está lo que dice el documento original.

Por qué importa: el problema ya no es solo el depredador

La guía parte de una constatación incómoda: en Colombia las interacciones entre personas y fauna se han abordado sobre todo como un conflicto con carnívoros (águilas, jaguares, pumas, oso andino), cuando en la práctica involucran también dantas, venados, murciélagos, zorros y aves. Y cuando hay daños a la producción, según el propio texto, las respuestas habituales son la cacería por retaliación o la captura de animales silvestres.

6 pasosRuta metodológica de la guía de WCS Colombia: evaluar, planificar, medir indicadores, concertar acciones, implementar, y monitorear y evaluar.

El documento tiene 104 páginas, es de distribución gratuita y se apoya en el enfoque Plan4Coex, desarrollado por Silvio Marchini y colaboradores, que también figura entre sus autores junto a Germán Forero Medina, director de Ciencia y Conservación de WCS Colombia. La novedad frente a otros métodos es que no se queda en frenar el conflicto puntual: incluye las interacciones positivas y neutras, y le exige al proceso un resultado que se pueda medir con los años.

Los seis pasos, uno por uno

La guía advierte que la secuencia es una ruta general que cada territorio debe adaptar, y que si ya hay acciones reactivas en marcha (un ataque, una solicitud de la comunidad) conviene volver a los primeros pasos para ordenar el proceso.

PasoQué se haceProducto concreto
1. Evaluación de interaccionesTaller participativo para clasificar encuentros como positivos, negativos o neutrosDiagrama de Interacciones Humano-Fauna (HWID)
2. Planificación estratégicaDefinir para qué, dónde, qué cambio se espera y quién hace quéTeoría del cambio y plan de acciones
3. Selección y medición de indicadoresMedir al inicio (T0) daño, tolerancia y estado de la poblaciónLínea base con tres indicadores
4. Concertación de accionesPriorizar predios y firmar acuerdos con las familiasMatriz de priorización y acuerdos sociales de conservación
5. ImplementaciónEjecutar las medidas pactadasMedidas por predio y por comunidad
6. Monitoreo y evaluaciónRepetir la medición (T1) y ajustarComparación contra la línea base

Un detalle del paso 1 que suele pasarse por alto: antes de evaluar nada, el texto recomienda acciones de estabilización cuando hay una interacción activa o una situación de riesgo, para reducir nuevos daños, proteger a las personas y prevenir respuestas retaliatorias.

Tres indicadores para saber si la convivencia mejora

El paso 3 es el que vuelve medible la coexistencia. La guía propone medir tres cosas: los daños (por ejemplo, número de eventos de depredación por predio), el estado de la población de la especie (ocupación, abundancia) y la tolerancia de las personas.

La tolerancia es la más original. Se define como una forma de aceptación pasiva de la presencia de la especie, incluso cuando genera costos o riesgos, y se mide con una encuesta corta de 8 preguntas en escala de Likert. Esas preguntas cubren, entre otras dimensiones, la cantidad de daños aceptables, la cantidad de individuos tolerables, la cercanía del animal a la vivienda y la disposición a asumir esfuerzos para prevenir daños.

El índice es el promedio de las respuestas, con valores entre -2 y 2, y se agrupa en cinco rangos:

NivelRango del índice
Muy baja-2,00 a -1,20
Baja-1,19 a -0,40
Media o neutral-0,39 a 0,39
Alta0,40 a 1,19
Muy alta1,20 a 2,00

Para comparar antes y después, la guía sugiere pruebas t si los datos son normales, o Mann-Whitney y Wilcoxon si no lo son, siempre leyendo los resultados con sus intervalos de confianza.

Jaguar junto a un arroyo, entre vegetación densa
Jaguar (Panthera onca), una de las especies de los casos de estudio de la guía: en el Distrito de Manejo Integrado Cinaruco se incorporó como valor objeto de conservación. Crédito: Petr Kratochvil, Wikimedia Commons, CC0.

Dos casos con números: el jaguar en Cinaruco y el oso andino

La guía no se queda en la teoría; incluye casos medidos. En el Distrito de Manejo Integrado Cinaruco, donde los ataques de jaguar al ganado causaban pérdidas y cacería por retaliación, los indicadores se organizaron en el esquema estado, presión y respuesta:

  • Daños: en 2024 (T0) se registraron 28 incidentes en 5 predios durante 6 meses; en 2025 (T1), 93 incidentes en 29 predios. La proporción por predio bajó de 5,6 a 3,2, pero la guía aclara que varios reportes no pudieron verificarse por limitaciones logísticas y de seguridad.
  • Tolerancia: el índice pasó de 0,33 (neutral) en 2024 a 1,0 en 2025, es decir, a una tolerancia alta.
  • Población: 80 cámaras trampa, 7.238 noches-trampa y 54 registros independientes arrojaron una ocupación inicial del jaguar de 0,6, con una nueva medición prevista cada cinco años.
0,33 → 1,0Cambio del índice de tolerancia hacia el jaguar en el DNMI Cinaruco entre 2024 (T0) y 2025 (T1), según la guía de WCS Colombia.

El segundo caso es el programa Conservamos la Vida con el oso andino en la cordillera Occidental, que ya analizamos en su balance de una década. La guía lo usa como ejemplo de monitoreo completo: la ocupación del oso aumentó del 52 % en 2015 al 76 % en 2021, la tolerancia subió de 0,75 en 2017 a 1,31 en 2022 y los eventos de depredación percibidos pasaron de 4 en el diagnóstico inicial a ninguno en el monitoreo de 2021. Además, se protegieron 1.600 hectáreas de bosque y mejoró la sostenibilidad en 1.500 hectáreas de fincas productivas.

La lectura honesta de ambos casos es distinta. El de Cinaruco muestra el valor de tener un T0 claro, pero sus datos de daño todavía son frágiles. El del oso andino muestra lo que se logra con una década de trabajo.

Mismo caimán, dos puntos de partida

Quizá la lección más útil de la guía viene del caimán llanero (Crocodylus intermedius). En el río Cravo Norte (Arauca), donde sobreviven los mayores relictos poblacionales de la especie, las comunidades han convivido históricamente con ella y la percepción general es positiva, aunque persisten encuentros inesperados y la depredación de animales domésticos. En el río Tomo y el caño Terecay (Vichada), donde desde 2015 se reintroducen individuos dentro del Parque Nacional Natural El Tuparro, el contacto es reciente y las interacciones están marcadas por el desconocimiento y la anticipación de riesgos.

La conclusión del texto es que las estrategias de coexistencia deben ajustarse a la historia y la realidad social de cada territorio: la experiencia previa con la especie condiciona tanto los desafíos como las oportunidades. Para quien diseña un plan de manejo, eso descarta la receta única.

Primer plano de la cabeza de un cocodrilo del Orinoco con el ojo cerrado
Cocodrilo del Orinoco (Crocodylus intermedius), la especie de los dos escenarios contrastantes que describe la guía. Crédito: Wilfredor, Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0.

Cómo se decide qué predio se atiende primero

El paso 4 resuelve una tensión práctica: casi nunca hay recursos para intervenir todas las fincas. La guía propone una matriz de priorización. Cada indicador (tolerancia, daños, distancia al hábitat natural, prácticas de manejo del ganado) se estandariza a una escala de 0 a 1 con la fórmula (X - mínimo) / (máximo - mínimo). Luego la comunidad reparte 10 puntos entre los indicadores según su importancia, y el puntaje de cada predio es la suma ponderada de esos valores, en una escala de 0 a 10.

Hay una plantilla en Excel para el cálculo en el Anexo 4 del documento. El valor del método está menos en la aritmética que en que los pesos se definen en un taller con la comunidad: reduce las disputas internas sobre quién recibe la cerca eléctrica primero.

Qué significa para quien gestiona un territorio

Tres implicaciones concretas para equipos de conservación, autoridades ambientales y consultores:

  1. Mida la línea base antes de actuar. Un índice de tolerancia y un registro de daños en T0 son lo que permite decir después, con evidencia y no solo con percepciones, si algo cambió.
  2. Integre los indicadores a los instrumentos que ya existen. El caso de Cinaruco lo hace dentro del plan de manejo de un área protegida, con el mismo monitoreo con cámaras trampa que otros proyectos ya aplican (ver nuestro texto sobre cuántos sitios se necesitan para estimar ocupación).
  3. No confunda tolerancia con aceptación incondicional. La guía la define como disposición a gestionar el conflicto sin perseguir a los animales, no como resignación ante las pérdidas.

La guía también reconoce límites: los reportes de daño se verifican con dificultad en zonas de difícil acceso, y la continuidad del proceso depende de recursos que ningún taller garantiza.

Si la meta es que un productor deje de ver al jaguar como un enemigo, el dato que importa no es cuántos animales hay, sino cuánto está dispuesta a convivir la gente que comparte el potrero con ellos. Medir eso, año tras año, es lo que esta guía pone al alcance de cualquiera.

Imagen de portada: cocodrilo del Orinoco (Crocodylus intermedius). Fernando Flores, Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0.

Juan Felipe Romero

Ecólogo

Soy ecólogo con posgrado en Administración Ambiental de Zonas Costeras y Máster en Restauración Ecológica, con más de 18 años de experiencia en planificación, gestión y desarrollo de soluciones tecnológicas ambientales.

Este artículo se redactó con apoyo de inteligencia artificial, bajo dirección editorial de Juan Felipe Romero.

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