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En diez años la presencia del oso andino subió de 52% a 76% en la cordillera Occidental: cómo lo logró una alianza público-privada

La alianza Conservamos la Vida cumplió diez años y presentó resultados: la presencia del oso andino pasó de 52% a 76% en paisajes priorizados de la cordillera Occidental y llegó a 61% en la Central. Qué hizo distinto esta alianza público-privada y qué viene con su plan a 2030.

Juan Felipe Romero13 min de lectura
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En diez años la presencia del oso andino subió de 52% a 76% en la cordillera Occidental: cómo lo logró una alianza público-privada

Diez años de trabajo coordinado dejaron una cifra que pocas especies amenazadas en Colombia pueden mostrar: la presencia del oso andino (Tremarctos ornatus) en paisajes priorizados de la cordillera Occidental pasó de 52% a 76%, y en la cordillera Central llegó a 61%, según los resultados que la alianza Conservamos la Vida presentó el 11 de mayo de 2026 junto a su nuevo plan estratégico a 2030.

52% → 76%Aumento de la presencia del oso andino en paisajes priorizados de la cordillera Occidental en diez años de trabajo de Conservamos la Vida.

Por qué importa una cifra de "ocupación"

El oso andino es el único oso de Suramérica y una especie sombrilla: proteger el territorio que necesita para moverse (bosque alto andino, páramo, corredores entre fragmentos de bosque) protege de paso el agua y la biodiversidad de toda esa cadena montañosa. Es también una especie que entra en conflicto con actividades agropecuarias cuando su hábitat se reduce a parches aislados, lo que hace que su recuperación dependa tanto de ciencia como de acuerdos con las comunidades que comparten ese territorio.

Que su presencia haya aumentado, y no solo se haya mantenido estable, es la señal que buscan los programas de conservación de especies amenazadas: no basta con frenar la pérdida de hábitat, hace falta que el animal vuelva a ocupar terreno que antes tenía abandonado.

Quién integra la alianza y qué aporta cada uno

Conservamos la Vida es una alianza público-privada con cinco integrantes activos hasta este año, más una incorporación reciente:

OrganizaciónRol
Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC)Autoridad ambiental regional
Parques Nacionales Naturales de ColombiaGestión de áreas protegidas
Fundación Grupo ArgosFinanciación y coordinación privada
Wildlife Conservation Society (WCS) ColombiaCiencia y monitoreo
Fundación Smurfit Westrock (antes Smurfit Kappa) ColombiaFinanciación privada
Corporación Autónoma Regional del Quindío (CRQ), desde 2026Nueva autoridad ambiental regional vinculada
Oso andino (Tremarctos ornatus) en su hábitat natural
El oso andino es el único oso de Suramérica y una especie sombrilla: protegerlo implica proteger corredores completos de bosque alto andino y páramo.Crédito: Biodiego88 (Diego Gómez-Hoyos), Wikimedia Commons, CC BY 4.0.

La incorporación de la CRQ en 2026 no es un detalle administrativo menor: extiende formalmente el radio de acción de la alianza hacia el Quindío, una de las zonas cafeteras donde el oso andino y las fincas de ladera conviven en el mismo paisaje.

Bosque alto andino entre niebla en un área protegida de Colombia
El hábitat del oso andino (bosque alto andino y páramo) es también la fuente de agua de buena parte de las cuencas de la región andina colombiana.Crédito: Jed Horne, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

Qué hicieron distinto

Lo que separa a Conservamos la Vida de un programa de monitoreo convencional es que no se limitó a medir la presencia del oso: invirtió en la relación con las comunidades que viven en su territorio. María Camila Villegas, directora ejecutiva de la Fundación Grupo Argos, lo resumió así en la presentación de resultados: "hemos aprendido que proteger al oso andino también significa proteger el agua, restaurar bosques, fortalecer la biodiversidad y apoyar a las familias campesinas que conviven con esta especie".

Esa lógica se tradujo en programas concretos de convivencia en municipios como El Águila (Valle del Cauca), donde el trabajo con caficultores buscó reducir el conflicto entre la actividad agrícola y la presencia del oso, en lugar de tratar ambas cosas como incompatibles. Es el mismo principio que explica por qué una especie amenazada puede recuperar territorio sin que eso implique desplazar a quienes ya vivían ahí: el hábitat y la actividad productiva dejan de competir cuando el manejo del paisaje se negocia con quien lo trabaja todos los días.

El plan a 2030: qué sigue

Con los resultados de la primera década sobre la mesa, la alianza lanzó un plan estratégico a 2030 organizado alrededor de cinco frentes: fortalecer la conectividad ecológica entre fragmentos de hábitat, profundizar las alianzas existentes, ampliar el impacto geográfico (de ahí la entrada de la CRQ), avanzar en decisiones basadas en ciencia, y promover la coexistencia entre el oso y las comunidades humanas del territorio.

Ninguno de esos cinco frentes es nuevo en el discurso de la conservación en Colombia. Lo que distingue a esta alianza es que ya tiene una década de cifras propias para mostrar que ese enfoque, sostenido en el tiempo, puede traducirse en un animal que vuelve a ocupar el territorio que antes había perdido.

Qué significa esto, qué sigue

La lección operativa detrás de esta cifra es incómoda para cualquier financiador que espere resultados rápidos: la recuperación de una especie de ciclo de vida lento, como el oso andino, se mide en décadas, no en años de proyecto. Un programa de conservación que se financia y se abandona en un ciclo de tres o cuatro años difícilmente puede mostrar un cambio de esta magnitud.

Lo que sí es replicable de este caso es el modelo de alianza: una autoridad ambiental regional, una entidad nacional de áreas protegidas, financiadores privados con presencia territorial de largo plazo y una organización científica que sostiene el monitoreo, todos comprometidos con el mismo paisaje durante diez años seguidos. Para cualquier corredor ecológico o especie amenazada de Colombia que hoy no tenga ese tipo de respaldo sostenido, la pregunta que deja este resultado no es si el enfoque funciona, sino quién está dispuesto a sostenerlo una década completa.

Juan Felipe Romero

Ecólogo

Soy ecólogo con posgrado en Administración Ambiental de Zonas Costeras y Máster en Restauración Ecológica, con más de 18 años de experiencia en planificación, gestión y desarrollo de soluciones tecnológicas ambientales.

Este artículo se redactó con apoyo de inteligencia artificial, bajo dirección editorial de Juan Felipe Romero.

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