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Pago por servicios ambientales

PSABio: Medellín abre el primer pago por servicios ambientales de Colombia dedicado solo a biodiversidad

Hasta el 14 de septiembre de 2026, propietarios rurales de cinco corregimientos de Medellín pueden inscribirse a PSABio, el primer esquema de pago por servicios ambientales del país centrado explícitamente en biodiversidad y conectividad ecológica, no en agua. Qué exige, quién puede participar y qué prueba ya dejó el programa hermano que lo antecede.

Juan Felipe Romero7 min de lectura
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PSABio: Medellín abre el primer pago por servicios ambientales de Colombia dedicado solo a biodiversidad

Hasta el 14 de septiembre de 2026, un propietario rural en San Cristóbal, San Antonio de Prado, Altavista, San Sebastián de Palmitas o Santa Elena puede inscribir su predio en PSABio, la nueva convocatoria de la Alcaldía de Medellín que paga, en dinero o en especie, por conservar y restaurar hábitat de fauna y flora en su finca. No es una variación más del pago por servicios ambientales hídricos que la ciudad ya conocía: es el primer esquema municipal en Colombia que separa la biodiversidad del agua como objeto de pago.

Por qué esto no es solo "otro PSA más"

Colombia tiene pago por servicios ambientales desde hace años, casi siempre centrado en la conservación de cuencas que abastecen acueductos. Medellín misma corre desde 2016 su Pago por Servicios Ambientales Hídricos (PSAH), que a la fecha de su convocatoria de febrero de 2026 había vinculado a 72 familias y protegido 1.013 hectáreas de un área elegible de más de 9.500. PSABio nace de ese mismo marco institucional, pero con un objeto de pago distinto: no agua, sino hábitat, especies y conectividad ecológica, entendida como la capacidad de la fauna y la flora silvestres de moverse y dispersarse entre parches de bosque.

2.603especies de plantas vasculares registradas en Medellín, junto con 445 de aves, 76 de mamíferos y 44 de reptiles, según el inventario oficial de biodiversidad de la ciudad.

Esa cifra explica por qué el Distrito decidió abrir una línea de pago aparte: una parte significativa de la biodiversidad de Antioquia vive en los corregimientos rurales de la ciudad, fuera de cualquier área protegida formal, en fincas privadas donde nadie estaba pagando por mantenerla.

Quién puede inscribirse y qué exige el trámite

La convocatoria está dirigida a propietarios, poseedores y ocupantes de buena fe con predios en zonas priorizadas por la Secretaría de Medio Ambiente dentro de los cinco corregimientos rurales del Distrito. La lista de veredas elegibles incluye alrededor de 25 sectores, entre ellos Aguas Frías y Barro Blanco en San Sebastián de Palmitas, además de zonas equivalentes en los otros cuatro corregimientos.

CriterioPSABio (nuevo)PSAH (agua, ya existente)
Objeto del pagoHábitat, especies y conectividad ecológicaRegulación hídrica de cuencas abastecedoras
Convocatoria 202618 de agosto al 14 de septiembreConvocatoria anterior cerró en marzo de 2026
Cobertura geográfica5 corregimientos, ~25 veredas priorizadasLos mismos 5 corregimientos, cuencas abastecedoras
Acciones exigidasConservar bosque, restaurar hábitat, mantener conectividadConservar y restaurar cobertura en zonas de recarga hídrica
Resultado esperadoDispersión de fauna y flora entre parches de bosqueCaudal y calidad de agua para acueductos veredales

Quien se inscribe firma un acuerdo voluntario y se compromete a conservar bosque existente, restaurar áreas degradadas y mantener corredores que permitan el movimiento de fauna entre fragmentos de hábitat. A cambio recibe incentivo económico o en especie más acompañamiento técnico del equipo de la Secretaría de Medio Ambiente, que además está realizando jornadas de socialización presenciales en los corregimientos para explicar el proceso de inscripción. El trámite se hace por correo a [email protected], y la Alcaldía habilitó atención por WhatsApp al +57 301 604 4444 para resolver dudas.

Interior de un bosque andino con dosel denso y sotobosque cerrado en el Parque Arví, Santa Elena, Medellín
Bosque andino en el Parque Arví, Santa Elena, uno de los corregimientos rurales de Medellín donde opera PSABio. Crédito: Foto: Paco Godoy / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0.

El marco legal detrás: de un decreto de posconflicto a un incentivo urbano

El pago por servicios ambientales no lo inventó Medellín. El instrumento nacional viene del Decreto-ley 870 de 2017, que creó el incentivo, y del Decreto 1007 de 2018, que lo reglamentó dentro del Decreto Único del sector ambiente. La norma original priorizaba ecosistemas en riesgo por expansión de frontera agrícola, con énfasis explícito en municipios del posconflicto: pensada, en su origen, para zonas rurales dispersas y no para el borde de una ciudad de más de dos millones de habitantes.

Que un distrito urbano como Medellín use ese mismo instrumento para pagarle a propietarios privados dentro de su propio territorio rural, y que además lo desdoble en una línea específica de biodiversidad, es una extensión del modelo que ninguna otra ciudad colombiana ha hecho todavía de forma pública. El Ministerio de Ambiente reconoce cuatro modalidades posibles bajo el decreto (regulación y calidad hídrica, conservación de biodiversidad, reducción de gases de efecto invernadero, y valores culturales, espirituales y recreativos): Medellín activó primero la hídrica en 2016, y hasta esta convocatoria de agosto de 2026 no había abierto formalmente la de biodiversidad.

Lo que ya dejó el PSA hídrico: la prueba de que el modelo funciona

Antes de evaluar PSABio conviene mirar a su hermano mayor. En la convocatoria de PSAH de febrero de 2026, el Distrito reportó 72 familias vinculadas y 1.013 hectáreas bajo algún nivel de protección, sobre un área elegible de más de 9.500 hectáreas en los mismos cinco corregimientos: apenas el 21,57% del territorio elegible tiene predios inscritos, y solo el 23,34% de esa área ha sido adquirida directamente por el Distrito. "Este mecanismo permite que se pueda contribuir y compensar esas acciones de conservación en predios privados", explicó la secretaria de Medio Ambiente, Marcela Ruiz, al anunciar esa convocatoria.

Barranquero andino (Momotus aequatorialis) posado en una rama en el Parque Arví, Medellín
Barranquero andino en el Parque Arví: una de las 445 especies de aves registradas en Medellín que dependen de que el bosque privado siga conectado con las áreas protegidas de la ciudad. Crédito: Foto: Jeffmanh / Wikimedia Commons, CC0.

Ese 78% de territorio elegible que sigue sin propietarios inscritos es la lectura honesta del PSAH después de una década de operación: el instrumento funciona donde llega, pero llegar sigue siendo el cuello de botella, no el diseño del incentivo. PSABio arranca en agosto de 2026 con el mismo reto de fondo, ahora aplicado a un objeto de conservación más difícil de medir que el caudal de una quebrada: qué tan conectado sigue un corredor de bosque para que un mamífero o un ave puedan cruzarlo.

Qué significa esto para quien gestiona compensación o conectividad en otras ciudades

Para cualquiera que diseñe o audite esquemas de compensación biótica, bancos de hábitat o portafolios de restauración en Colombia, PSABio es una señal concreta en dos direcciones. La primera: hay apetito institucional para separar el pago por biodiversidad del pago por agua, reconociendo que ambos exigen líneas base y criterios de monitoreo distintos, no la misma métrica de cobertura vegetal aplicada dos veces. La segunda, más incómoda: ni la convocatoria de PSABio ni la de PSAH publican en sus páginas oficiales el valor del incentivo por hectárea ni el presupuesto total asignado a esta convocatoria, un vacío de transparencia que dificulta comparar este esquema con otros mecanismos de mercado (bonos de carbono, bancos de hábitat) donde el precio por unidad de conservación sí es público.

Si el modelo de Medellín funciona y se documenta con esa misma honestidad sobre sus límites, otras ciudades intermedias con corregimientos rurales boscosos (Bogotá, Cali, Manizales, Pereira) tienen ahora un precedente municipal, no solo nacional, al cual mirar. Si no se documenta, PSABio corre el riesgo de repetir el mismo problema que ya muestra su programa hermano: un instrumento bien diseñado que, ocho años después, sigue sin llegar a más de cuatro de cada cinco hectáreas que podría cubrir.

Imagen de portada: Metrocable del Parque Arví, Medellín. Foto: Alejandro Rojas (SajoR) / Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA 4.0.

Juan Felipe Romero

Ecólogo

Soy ecólogo con posgrado en Administración Ambiental de Zonas Costeras y Máster en Restauración Ecológica, con más de 18 años de experiencia en planificación, gestión y desarrollo de soluciones tecnológicas ambientales.

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