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Conectividad ecológica

Por qué un hábitat conectado protege a las ranas de un hongo que ya causó 90 extinciones

Un estudio publicado en abril de 2026 en PNAS encontró que las ranas de hábitats conectados conservan más bacterias protectoras en la piel contra el hongo quítrido, responsable de casi 90 extinciones de anfibios en 50 años. La conectividad, no solo el área protegida, resulta decisiva para la resistencia a la enfermedad.

Juan Felipe Romero12 min de lectura
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Por qué un hábitat conectado protege a las ranas de un hongo que ya causó 90 extinciones

Un hongo microscópico ha llevado a casi 90 especies de anfibios a la extinción y afectado a más de 500 en todo el mundo en las últimas cinco décadas, según reporta EurekAlert sobre el hallazgo. Un estudio publicado el 20 de abril de 2026 en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) encontró que una de las defensas más efectivas contra ese hongo no depende de ningún tratamiento veterinario: depende de que el hábitat de la rana siga conectado con otros hábitats que necesita durante su ciclo de vida.

El hongo se llama Batrachochytrium dendrobatidis (conocido como quítrido o Bd) y ataca la piel de los anfibios, un órgano que usan para respirar y regular agua. Hace más de dos décadas que devasta poblaciones de ranas en el mundo entero, incluida buena parte del Neotrópico.

90 especiesde anfibios extintas en 50 años por el hongo quítrido, con más de 500 especies afectadas en el mundo

Qué encontró exactamente el estudio

Un equipo liderado por Daniel Medina, del Instituto de Investigaciones Tropicales Smithsonian (STRI), y Gui Becker, de Pennsylvania State University, analizó el microbioma de la piel en cuatro especies de ranas de la Mata Atlántica brasileña en 40 sitios distintos, comparando poblaciones en hábitats conectados frente a poblaciones en fragmentos aislados.

Las especies estudiadas fueron Boana faber (la rana herrero), Rhinella ornata, Haddadus binotatus e Ischnocnema henselii, elegidas justamente porque varían en su grado de dependencia de cuerpos de agua para reproducirse.

El hallazgo central: las ranas en hábitats conectados (donde el bosque y las fuentes de agua que necesitan en distintas etapas de su vida siguen unidos entre sí) portan una comunidad de bacterias en la piel más diversa y con mayor capacidad de inhibir al hongo quítrido. Las ranas de hábitats fragmentados, en cambio, mostraron una función antifúngica reducida en su microbioma y, en dos de las cuatro especies, cargas más altas del hongo sobre la piel.

Vista panorámica de la Mata Atlántica en el Parque Estatal Intervales, São Paulo, Brasil
La Mata Atlántica brasileña, hoy reducida a fragmentos dispersos, fue el escenario donde se comparó el microbioma de ranas en hábitats conectados y aislados.Crédito: João P. Burini, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

Por qué la piel de una rana depende de que el paisaje siga unido

La explicación no es solo genética, es de exposición ambiental. Un anfibio adquiere buena parte de su microbioma protector del entorno: del suelo, del agua, de otros individuos con los que comparte el hábitat. Cuando un fragmento de bosque queda separado de la quebrada o el humedal donde la rana necesita reproducirse, el animal pierde acceso a esa fuente continua de bacterias beneficiosas, y su comunidad microbiana se empobrece.

"Nuestro estudio ofrece evidencia de que la conectividad entre hábitats es esencial para mantener múltiples niveles de biodiversidad, desde las bacterias asociadas al hospedero con funciones protectoras hasta las especies hospederas mismas", explicó Medina, según la cita recogida por EurekAlert.

Esto reformula una pregunta que hasta ahora se hacía casi siempre en términos de área: no basta con preguntar cuántas hectáreas de bosque quedan en pie, hay que preguntar si esas hectáreas siguen conectadas entre sí y con los cuerpos de agua que la especie necesita en cada etapa de su vida.

Investigadores hisopando la piel de una rana para analizar la presencia del hongo quítrido
Muestreo de piel para detectar el hongo quítrido, la misma técnica de hisopado usada para medir la carga fúngica en ranas de hábitats conectados y fragmentados.Crédito: Veronica Olsen, CSIRO, Wikimedia Commons, CC BY 3.0

Qué significa esto para quien diseña restauración o compensación

La implicación práctica es concreta: restaurar parches de bosque aislados entre sí, sin reconectar los distintos tipos de hábitat que una especie necesita (bosque, cuerpos de agua, zonas de refugio), puede dejar a la fauna con la misma vulnerabilidad sanitaria que tenía antes de la intervención, aunque el número de hectáreas reforestadas se vea bien en un informe.

Para el diseño de corredores biológicos o de áreas de compensación, el estudio añade un criterio que rara vez se cuantifica: la conectividad no solo facilita el movimiento físico de individuos entre parches, también sostiene procesos invisibles (como el intercambio de microbiota) que determinan si una población puede resistir una enfermedad ya establecida en el paisaje. Ignorar ese criterio al priorizar qué reconectar primero puede significar invertir en el parche equivocado.

Conclusión

Durante años la respuesta frente al hongo quítrido se centró en tratamientos individuales o en programas de cría en cautiverio para especies en riesgo crítico. Este estudio apunta a algo más simple y más difícil de ejecutar a la vez: proteger la conectividad del paisaje puede ser, en la práctica, una medida sanitaria tanto como una medida de conservación de hábitat. La pregunta que le queda pendiente a la ciencia es cuánta conectividad basta, y esa respuesta todavía varía según la especie y el paisaje.

Juan Felipe Romero

Ecólogo

Soy ecólogo con posgrado en Administración Ambiental de Zonas Costeras y Máster en Restauración Ecológica, con más de 18 años de experiencia en planificación, gestión y desarrollo de soluciones tecnológicas ambientales.

Este artículo se redactó con apoyo de inteligencia artificial, bajo dirección editorial de Juan Felipe Romero.

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