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Bastó levantar una roca: once especies nuevas aparecieron en lo poco que queda del bosque seco del Caribe

Egresados de la Universidad de Cartagena describieron once especies nuevas de cochinilla de humedad en fragmentos de bosque seco tropical del Caribe colombiano, el ecosistema más amenazado del país. Qué encontraron, dónde, y qué revela sobre cuánto falta por inventariar.

Juan Felipe Romero8 min de lectura
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Bastó levantar una roca: once especies nuevas aparecieron en lo poco que queda del bosque seco del Caribe

"Basta con levantar una roca o un tronco para encontrar especies totalmente nuevas para la ciencia." Eso dijeron los propios investigadores al describir el hallazgo, según reportó El Tiempo el 13 de agosto de 2026: once especies nuevas de cochinilla de humedad, un crustáceo terrestre del género Venezillo, descritas en un solo artículo científico a partir de fragmentos de bosque seco tropical en diez departamentos del Caribe colombiano.

No hace falta ir a un lugar remoto ni financiar una expedición costosa. Hace falta que el fragmento de bosque todavía exista.

Por qué importa

El bosque seco tropical es, según el propio Instituto Alexander von Humboldt, uno de los ecosistemas más amenazados del neotrópico: de las 9 millones de hectáreas que cubría originalmente en Colombia, solo queda el 8% (unas 720.000 hectáreas), repartidas en fragmentos que en cuatro de sus seis regiones promedian menos de 100 hectáreas cada uno.

8%Es lo que queda del bosque seco tropical original de Colombia, según el Instituto Humboldt: de 9 millones de hectáreas a unas 720.000, en fragmentos cada vez más pequeños y aislados.

Cada fragmento que desaparece antes de ser inventariado se lleva especies que nadie llegó a describir. Este hallazgo es la otra cara de esa amenaza: lo que todavía es posible encontrar, mientras el fragmento resista.

Diez años detrás de un hallazgo que parece sencillo

El trabajo lo lideraron Yesenia Carpio, Carlos López y Ricardo Borja, egresados del programa de Biología de la Universidad de Cartagena, bajo la dirección del profesor Gabriel Navas Suárez y con la colaboración de investigadores internacionales especializados en isópodos terrestres. La descripción se publicó en Zootaxa, una de las revistas de referencia mundial en taxonomía, bajo el título "Unveiling Caribbean diversity: 11 new species of Venezillo Verhoeff, 1928 (Isopoda: Armadillidae) from Colombia and redescription of the type species" (Zootaxa 5804(1): 1-74).

Lo que se presentó como una noticia el 13 de agosto de 2026 es en realidad el cierre de una investigación que arrancó en 2016, cuando los tres autores principales todavía eran estudiantes de pregrado. El proceso combinó expediciones de campo en Bolívar, Atlántico, Magdalena, La Guajira, Cesar, Córdoba, Sucre y el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, con la revisión sistemática de colecciones ya existentes en el Instituto Humboldt y el Instituto de Ciencias Naturales. El grupo de investigación, Artrópodos Neotropicales de la Universidad de Cartagena, alcanzó clasificación categoría C ante MinCiencias en el camino.

Cochinilla de humedad, un isópodo terrestre, fotografiada de perfil
Una cochinilla de humedad de otra especie del mismo grupo (Porcellio scaber), fotografiada como referencia: no existen todavía fotografías públicas de las once especies nuevas de Venezillo descritas en este estudio.Crédito: Wikimedia Commons, Yug, CC BY-SA 3.0

Los ejemplares aparecieron donde suelen esconderse los isópodos terrestres: bajo hojarasca, troncos en descomposición y piedras, en remanentes de bosque seco muchas veces rodeados de potreros o cultivos. Varias de las especies llevan nombres que enlazan el hallazgo con la cultura de la región donde se encontraron: Venezillo pambele por el boxeador Kid Pambelé, Venezillo poncho por el músico vallenato Poncho Zuleta, Venezillo yukpa y Venezillo ika por los pueblos indígenas de la Serranía del Perijá y la Sierra Nevada de Santa Marta, entre otras.

Por qué una cochinilla importa para el bosque

Las cochinillas de humedad no son un hallazgo vistoso, pero cumplen una función que sostiene al resto del ecosistema: descomponen materia orgánica (hojarasca, madera muerta) y la convierten en nutrientes disponibles para las plantas. Sin esa fauna del suelo, el reciclaje de nutrientes se hace más lento y el bosque pierde parte de su capacidad de regenerarse por sí mismo.

Es el mismo tipo de organismo que rara vez aparece en un inventario rápido de biodiversidad centrado en aves o mamíferos, y que sin embargo determina si un suelo degradado puede recuperar fertilidad o no. Para cualquier proyecto de restauración ecológica que dependa de que el suelo vuelva a funcionar, esa fauna descomponedora es tan relevante como la cobertura vegetal que se ve desde arriba.

Fragmento de bosque seco tropical en el Huila, con vegetación arbustiva y árboles caducifolios
Un fragmento de bosque seco tropical en el Huila. La mayoría de los remanentes de este ecosistema en Colombia miden menos de 100 hectáreas.Crédito: Wikimedia Commons, Mfrancoavellaneda, CC0

Lo que un hallazgo así revela sobre el estado del conocimiento

Once especies nuevas en un solo artículo, de un género que ya tenía descripciones previas, es una señal de cuánto trabajo taxonómico básico sigue sin hacerse en Colombia. El estudio no solo describe especies nuevas: también redescribe la especie tipo del género, V. clausus, y actualiza el listado completo de Armadillidae para el país, un ejercicio de orden que suele quedar pendiente durante décadas por falta de especialistas dedicados a grupos poco carismáticos.

La lección práctica para cualquiera que gestione o priorice fragmentos de bosque seco es que la ausencia de registros de una especie en una zona casi nunca significa que esa especie no exista ahí. Con frecuencia significa que nadie ha tenido el tiempo, el financiamiento o el interés taxonómico para buscarla. Eso complica cualquier evaluación de línea base que asuma que "lo que no está en la base de datos, no está en el territorio".

Qué sigue

El equipo de la Universidad de Cartagena ya trabaja en la descripción de más especies de isópodos terrestres en el Caribe colombiano, según reportó Revista Metro. Cada fragmento de bosque seco que sobrevive es, literalmente, un archivo biológico todavía sin abrir del todo. La pregunta que deja este hallazgo no es solo cuántas especies faltan por describir, sino cuántos de esos fragmentos van a seguir existiendo el tiempo suficiente para que alguien llegue a levantar la roca correcta.

Juan Felipe Romero

Ecólogo

Soy ecólogo con posgrado en Administración Ambiental de Zonas Costeras y Máster en Restauración Ecológica, con más de 18 años de experiencia en planificación, gestión y desarrollo de soluciones tecnológicas ambientales.

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