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Biodiversidad

Un siglo de especies nuevas redibujó el mapa mundial de puntos calientes de biodiversidad

Un estudio de Ecology Letters que analizó 34.036 especies de vertebrados terrestres encontró que el ritmo de descubrimiento de nuevas especies entre 1920 y 2020 desplazó hasta un tercio de los puntos calientes de biodiversidad reconocidos para anfibios y reptiles. Qué regiones ganaron protagonismo y qué implica para dónde se prioriza la conservación.

Juan Felipe Romero6 min de lectura
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Un siglo de especies nuevas redibujó el mapa mundial de puntos calientes de biodiversidad

Un mapa de puntos calientes de biodiversidad no es solo una fotografía de dónde vive más vida: es la base sobre la que gobiernos, ONG y financiadores deciden dónde declarar un área protegida o dónde invertir un dólar de conservación. Ese mapa cambia cada vez que la ciencia describe una especie que antes no tenía nombre, y un estudio reciente midió, por primera vez a esta escala, cuánto ha cambiado en un siglo.

El equipo, liderado por Yangqing Luo (Fudan University, Shanghái) junto con investigadores de la Australian National University, Aarhus University y East China Normal University, publicó el hallazgo el 19 de agosto de 2026 en Ecology Letters: de 34.036 especies de vertebrados terrestres analizadas, el 39,6% fue descrita formalmente después de 1920.

76,1%de las especies de anfibios conocidas hoy en el mundo fueron descritas después de 1920, la proporción más alta de los cuatro grupos analizados por el estudio.

Cuántas especies nuevas aparecieron, y en qué grupo

El estudio no trató por igual a aves, mamíferos, reptiles y anfibios: el ritmo de descubrimiento varió enormemente según el grupo, y esa diferencia es la que termina moviendo el mapa.

GrupoEspecies analizadasDescritas después de 1920Porcentaje
Aves10.8568327,7%
Mamíferos5.5861.77431,7%
Reptiles9.8805.01250,7%
Anfibios7.7145.87376,1%

Las aves, el grupo mejor documentado desde hace más tiempo, apenas se movió: los autores encontraron que los factores ambientales que explican dónde hay más especies de aves y mamíferos se mantuvieron estables durante el siglo estudiado. Reptiles y anfibios son otra historia: más de la mitad de los reptiles y más de tres cuartas partes de los anfibios que hoy tiene catalogado el planeta ni siquiera tenían nombre científico en 1920.

Varano australiano (goanna) descansando sobre tierra seca
La diversidad de reptiles conocida en Australia se multiplicó por 2,5 en un siglo: de 376 especies catalogadas en 1920 a 933 en 2020.Crédito: Ophiah Freedom, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

El caso más extremo: Australia y sus reptiles

Ningún país ilustra mejor el efecto que Australia. El estudio documenta que su diversidad de reptiles conocida se multiplicó por 2,5, pasando de 376 especies catalogadas en 1920 a 933 en 2020. Ese salto, sumado a hallazgos similares en otras regiones áridas y semiáridas, hizo emerger las sabanas y matorrales del norte y el occidente de Australia como un nuevo centro de diversidad de reptiles que hace un siglo no figuraba como tal.

Cuánto del mapa viejo quedó obsoleto

La pregunta más práctica del estudio es cuánta superficie de los puntos calientes "clásicos" sigue siendo válida una vez que se suman todas las especies descritas desde 1920. La respuesta, según los propios autores, es que una porción real del mapa cambió de lugar: el 20,3% del área central de los puntos calientes de reptiles y el 31,7% del área central de los puntos calientes de anfibios fue reemplazada por nuevas zonas de mayor diversidad.

Para los anfibios, esas nuevas zonas emergentes se concentran en los bosques montanos de los Andes y los bosques tropicales del sudeste asiático, según identifica el estudio. Ninguna de las dos regiones es exclusiva de un solo país: la cordillera andina cruza Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Argentina, y el mismo patrón de descubrimiento reciente de anfibios se repite en cualquier tramo de bosque montano tropical con la humedad y el gradiente de elevación adecuados.

Rana de lluvia del género Pristimantis en un bosque andino
Pristimantis, el género de ranas de lluvia más numeroso del mundo, concentra buena parte de las especies de anfibios descritas en bosques andinos durante las últimas décadas.Crédito: Charles J. Sharp, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

Qué significa esto para quien prioriza dónde conservar

Un punto caliente de biodiversidad que no incluya las especies descubiertas en los últimos cincuenta años no está midiendo mal la biodiversidad de hoy: está midiendo la biodiversidad conocida hace medio siglo. Eso tiene una consecuencia directa sobre cualquier ejercicio de priorización espacial de conservación: si el inventario de partida quedó desactualizado, la superficie que ese ejercicio marca como prioritaria también puede estarlo, sobre todo en los grupos donde la tasa de descubrimiento fue más alta (anfibios y reptiles, no aves ni mamíferos).

Esto no significa que haya que descartar los mapas de hotspots existentes ni que cada bosque montano tropical sea automáticamente un punto caliente no reconocido: significa que la vigencia de un inventario de especies importa tanto como su cobertura geográfica, y que una región con baja tasa de exploración taxonómica histórica (como buena parte de los Andes tropicales) tiene más probabilidad de esconder un ajuste pendiente en el mapa que una región ya exhaustivamente catalogada.

Conclusión

La ciencia de la conservación suele hablar de dónde proteger como si fuera un dato fijo, pero este estudio muestra que ese mapa se sigue moviendo con cada especie nueva que un taxónomo describe. Para los anfibios y los reptiles, los dos grupos que menos se conocían hace un siglo, ese movimiento no fue un ajuste menor: fue un rediseño de una quinta a una tercera parte del mapa.

Imagen de portada: bosque nublado andino en Mindo, Ecuador, por nearsjasmine, Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0.

Juan Felipe Romero

Ecólogo

Soy ecólogo con posgrado en Administración Ambiental de Zonas Costeras y Máster en Restauración Ecológica, con más de 18 años de experiencia en planificación, gestión y desarrollo de soluciones tecnológicas ambientales.

Este artículo se redactó con apoyo de inteligencia artificial, bajo dirección editorial de Juan Felipe Romero.

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