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Contaminación marina

Un cangrejo de tres gramos resultó ser una fábrica de plástico más pequeño en los manglares de Urabá

Un estudio de la Universidad de Antioquia y la Universidad de Exeter encontró que los cangrejos violinistas de los manglares de Turbo, en el Golfo de Urabá, acumulan microplásticos en concentraciones 13 veces mayores que el sedimento y los fragmentan en partículas todavía más pequeñas. Qué implica para el monitoreo de ecosistemas costeros contaminados.

Juan Felipe Romero6 min de lectura
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Un cangrejo de tres gramos resultó ser una fábrica de plástico más pequeño en los manglares de Urabá

Un cangrejo violinista mide unos tres centímetros y pesa unos tres gramos. En los manglares urbanos de Turbo, en el Golfo de Urabá, esa criatura diminuta resultó estar acelerando un problema que hasta ahora se atribuía sobre todo a procesos ambientales: la fragmentación del plástico en partículas cada vez más pequeñas.

Por qué importa ahora

Un equipo liderado por José M. Riascos, del Instituto de Ciencias del Mar de la Universidad de Antioquia y la Corporación Centro de Excelencia en Ciencias Marinas (CEMarin), junto con Daniela Díaz (también de la Universidad de Antioquia) y Tamara Galloway, del Departamento de Biociencias de la Universidad de Exeter, publicó el hallazgo el 17 de diciembre de 2025 en la revista Global Change Biology, bajo el título "Beyond Abiotic Decay: Fiddler Crabs Accelerate Plastic Fragmentation in Pollution Hotspots".

13 vecesmás microplásticos acumulados en los cangrejos violinistas que en el sedimento del manglar que habitan, según el experimento de 66 días de la Universidad de Antioquia y la Universidad de Exeter.

El sitio de estudio no es un manglar remoto y prístino: son los manglares urbanos de Turbo, en el norte de Antioquia, descritos por la propia Universidad de Exeter como una de las zonas con los niveles de contaminación plástica más altos documentados en cualquier lugar del mundo, resultado de años de expansión urbana y agrícola sobre la costa del Golfo de Urabá.

Qué hicieron exactamente los investigadores

El experimento consistió en delimitar cinco parcelas de un metro cuadrado en el manglar y aplicar sobre ellas microesferas plásticas en soluciones de 100 mililitros, para luego hacer seguimiento de qué pasaba con esas partículas dentro del sedimento y dentro de los cangrejos. El experimento se extendió durante un transecto de 66 días, con un total de 95 cangrejos analizados.

Ciénaga costera con vegetación de manglar en la costa Caribe colombiana
Una ciénaga de manglar en la costa Caribe colombiana (imagen ilustrativa, no es Turbo): el mismo tipo de sedimento intermareal donde los cangrejos violinistas de Urabá forrajean y acumulan microplásticos. Crédito: Karolynaroca, Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0.

Según el reportaje de Mongabay Latam, que entrevistó directamente a las investigadoras, 91 de los 95 cangrejos analizados (Minuca vocator, una especie de cangrejo violinista común en el Caribe colombiano) incorporaron microplásticos en su organismo, y cerca del 15% de las microesferas recuperadas aparecieron ya fracturadas en piezas más pequeñas. El punto de muestreo específico fue el manglar cercano al muelle turístico Pisisí, en Turbo.

Por qué "fragmentar" plástico no es buena noticia

La intuición fácil sería pensar que un organismo capaz de descomponer plástico está ayudando a limpiarlo. El propio estudio advierte lo contrario: fragmentar una partícula no la elimina, la convierte en varias partículas más pequeñas, con más superficie expuesta y más facilidad para ser ingeridas por organismos que ni siquiera podrían comer la partícula original. Los investigadores documentaron microesferas fragmentadas por el proceso digestivo del cangrejo detectables en el sedimento del manglar durante el propio experimento.

Eso convierte a un animal que hasta ahora no era parte del radar de contaminación plástica en lo que el equipo describe como una posible nueva fuente de nanoplásticos dentro de la cadena trófica del manglar, justo el tipo de partícula que resulta más difícil de detectar, cuantificar y remover.

Cangrejo violinista del género Uca alimentándose sobre el sustrato de un manglar
Un cangrejo violinista del género Uca (foto ilustrativa de un ejemplar fotografiado en Malasia, no necesariamente *Minuca vocator*, la especie estudiada en Urabá) forrajeando sobre el sedimento, el mismo comportamiento que le permite ingerir microplásticos junto con su alimento. Crédito: Bernard DUPONT, Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0.

Qué significa esto para el monitoreo de ecosistemas costeros

Hasta ahora, buena parte del monitoreo de contaminación plástica en zonas costeras se concentra en medir lo que hay en el agua, en la arena o en el sedimento. Este hallazgo agrega una variable que un muestreo de sedimento por sí solo no capturaría: la fauna que vive en ese sedimento puede estar concentrando y transformando el plástico a una velocidad distinta a la que ocurre por procesos físicos (sol, oleaje, abrasión) actuando solos.

Para un proyecto de restauración o monitoreo de manglar, eso sugiere que un muestreo de organismos bioindicadores, no solo de sustrato, podría revelar niveles de contaminación por plástico que un análisis de sedimento subestima. Turbo es un caso extremo por su nivel de contaminación, pero el mecanismo biológico que describe el estudio, un crustáceo detritívoro común en manglares de todo el Neotrópico ingiriendo y fragmentando partículas mientras se alimenta, no depende de que el sitio sea excepcionalmente contaminado para operar, solo de que haya microplásticos disponibles en el sedimento.

La pregunta que deja abierta el estudio no es si los cangrejos violinistas están limpiando el manglar de plástico (no lo están haciendo), sino qué tan generalizado está este mismo mecanismo en otros manglares urbanos de la región que, a diferencia de Turbo, todavía no han sido muestreados con ese enfoque.

Juan Felipe Romero

Ecólogo

Soy ecólogo con posgrado en Administración Ambiental de Zonas Costeras y Máster en Restauración Ecológica, con más de 18 años de experiencia en planificación, gestión y desarrollo de soluciones tecnológicas ambientales.

Este artículo se redactó con apoyo de inteligencia artificial, bajo dirección editorial de Juan Felipe Romero.

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