Biodiversidad
42 especies de mamíferos en un valle que se daba por agotado: lo que encontró el estudio del Magdalena caldense
Un estudio publicado en marzo de 2026 en Biota Colombiana integró cámaras trampa, transectos, colecciones biológicas y literatura para documentar 42 especies de mamíferos en el valle interandino del Magdalena caldense, una región transformada por siglos de ganadería y caficultura.
Un valle interandino con siglos de ganadería, caficultura y asentamiento humano no suena, a primera vista, como el tipo de lugar donde se espera encontrar sorpresas de biodiversidad. Pero un estudio publicado el 26 de marzo de 2026 en la revista Biota Colombiana, del Instituto Humboldt, documentó 42 especies de mamíferos en el Magdalena caldense, incluidas cinco endémicas de Colombia y ocho catalogadas como amenazadas a nivel nacional o global.
Cómo se armó el inventario
El equipo, liderado por investigadores de la Universidad de Caldas (Diego A. Torres, Vanessa Serna-Botero, Héctor Ramírez-Chaves y Alejandro Ceballos-Márquez), no se limitó a un solo método. Integraron cuatro fuentes de evidencia:
- Cámaras trampa instaladas de forma estandarizada en distintos puntos del valle.
- Transectos de observación directa en campo.
- Revisión de literatura científica previa sobre la región.
- Registros de colecciones biológicas históricas.
Esa combinación es la que permitió llegar a 2.894 registros consolidados, repartidos en 24 familias y 8 órdenes, con Carnivora como el orden de mayor riqueza de especies. Ningún método por sí solo, ni cámaras trampa ni transectos, suele capturar ese nivel de detalle: las cámaras registran especies esquivas que rara vez se ven en un recorrido diurno, mientras los transectos y las colecciones aportan el contexto histórico que ninguna cámara puede reconstruir por sí sola.

Lo que encontraron: endémicos y amenazados en un paisaje ya transformado
Entre las especies con mayor relevancia de conservación aparecen el tití gris (Saguinus leucopus), el marimonda o mono araña café (Ateles hybridus, en peligro crítico) y el jaguar (Panthera onca). Ninguna es un hallazgo inesperado para quien conoce la región, pero su sola presencia confirmada en 2026, con evidencia sistemática y no solo registros anecdóticos, es la parte que importa: un paisaje que lleva décadas fragmentado por potreros y cultivos de café sigue sosteniendo poblaciones de especies que necesitan bosque continuo o corredores funcionales para moverse.
| Especie | Estado | Por qué importa |
|---|---|---|
| Tití gris (Saguinus leucopus) | Endémico, en peligro | Depende de fragmentos de bosque conectados en tierras bajas y medias |
| Marimonda (Ateles hybridus) | En peligro crítico | Una de las especies de primates más amenazadas del país |
| Jaguar (Panthera onca) | Vulnerable | Requiere grandes extensiones de hábitat continuo o corredores funcionales |
El vacío que llenaron: tierras bajas sin datos
Uno de los hallazgos más útiles del estudio, más allá del número de especies, es dónde estaban los vacíos de información. Los registros históricos de la región se concentraban en zonas de elevación media y alta; los muestreos recientes con cámaras trampa y transectos llenaron ese vacío en las zonas bajas del valle, donde la presión de transformación del paisaje ha sido históricamente mayor y, hasta ahora, menos estudiada.
Esa distinción no es un detalle técnico menor. Un mapa de biodiversidad construido solo con registros históricos de tierras altas puede llevar a decisiones de manejo que ignoran por completo lo que ocurre, o lo que sobrevive, en las partes más transformadas del paisaje. Es precisamente ahí, en las zonas bajas y fragmentadas, donde las decisiones sobre corredores de conectividad y restauración suelen tener más impacto por hectárea invertida.

Qué significa para la planificación de conectividad
El estudio no se queda en el inventario: sus autores lo presentan explícitamente como una línea base para estrategias de manejo, conectividad y monitoreo de largo plazo en el valle. Eso es distinto de un catálogo de especies. Una línea base con ubicación geográfica precisa de registros permite, en teoría, priorizar dónde un corredor biológico conecta poblaciones reales de fauna amenazada y dónde simplemente conecta bosque sin uso documentado por las especies de interés, una diferencia que determina si una inversión en restauración o conectividad realmente cumple su objetivo ecológico o solo su objetivo cartográfico.
Una idea que vale la pena quedarse con ella
Que un valle con siglos de transformación agropecuaria siga sosteniendo 42 especies de mamíferos, incluidas cinco endémicas, no es una historia de éxito de conservación tal como suelen contarse. Es más bien una advertencia sobre lo que todavía hay que perder si esos fragmentos de bosque restante no se conectan a tiempo, y sobre lo poco que se sabía hasta ahora de lo que ocurre en las tierras bajas de paisajes que ya se daban por suficientemente estudiados.
Juan Felipe Romero
Ecólogo
Soy ecólogo con posgrado en Administración Ambiental de Zonas Costeras y Máster en Restauración Ecológica, con más de 18 años de experiencia en planificación, gestión y desarrollo de soluciones tecnológicas ambientales.
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