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Colombia estrena política del agua a 25 años: qué cambia para la gestión ambiental del territorio

El 3 de agosto de 2026 el Gobierno reemplazó, después de 16 años, la política que rige la gestión del agua en Colombia. El cambio de fondo no es solo normativo: el agua deja de tratarse como un recurso a extraer y pasa a ser eje del ordenamiento del territorio hasta 2050.

Juan Felipe Romero13 min de lectura
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Colombia estrena política del agua a 25 años: qué cambia para la gestión ambiental del territorio

El 3 de agosto de 2026 el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible presentó la nueva Política Nacional del Agua 2026-2050, que reemplaza el marco vigente desde 2010. Dieciséis años sin actualización es mucho tiempo para un país que en ese lapso pasó por sequías severas, El Niño y La Niña extremos, y una expansión agropecuaria que reconfiguró la demanda hídrica en varias regiones.

16 añosLlevaba vigente la Política Nacional para la Gestión Integral del Recurso Hídrico de 2010 antes de esta actualización.

El giro conceptual: de recurso a extraer, a eje del ordenamiento

La diferencia de fondo no es solo de fechas. La política de 2010 trataba el agua principalmente como un recurso que había que gestionar para no agotarlo. La versión 2026-2050 la define como "un bien común y eje del ordenamiento territorial", lo que en la práctica significa que las decisiones sobre dónde y cómo se desarrolla un territorio deberían empezar por la disponibilidad y la salud de sus fuentes hídricas, no al revés.

El documento se estructura en cuatro dimensiones de análisis: oferta hídrica, demanda de agua, disponibilidad de recursos y gobernanza. A esas se suman siete componentes de diagnóstico que incluyen calidad del agua, biodiversidad y servicios ecosistémicos asociados, gestión del riesgo, cambio climático e instrumentos de planificación territorial, según el portal oficial de la política.

Paisaje de páramo con frailejones en Colombia
Los páramos regulan la oferta hídrica de buena parte del país. La nueva política los trata como parte del componente de biodiversidad y servicios ecosistémicos, no como un tema aparte de la gestión del agua.

Cómo se construyó: participación real, no solo consulta formal

El proceso detrás del documento tomó forma en espacios como la III Cumbre de Gobernanza del Agua en Neiva y una serie permanente de diálogos llamados "Martes del Agua". Según cifras del propio Ministerio, participaron 1.131 personas en más de 40 espacios territoriales y sectoriales, con 54% de participación femenina, 19 espacios de construcción diagnóstica, 24 espacios de formulación y 1.308 observaciones ciudadanas atendidas durante la consulta pública.

Participaron pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes, autoridades ambientales, la ANLA, corporaciones autónomas regionales (Asocars), institutos de investigación, academia, organizaciones civiles y sectores productivos. Es un espectro amplio, y también un indicio de que el documento tuvo que negociar entre visiones que no siempre coinciden, algo que se nota en la ambición de sus cuatro líneas estratégicas frente a la ausencia de metas numéricas concretas en la versión pública disponible hasta ahora.

Las cuatro líneas estratégicas

LíneaQué cubre
GobernanzaJusticia ambiental e hídrica, ordenamiento territorial asociado al agua
Agua para la vidaConservación de ecosistemas que regulan la oferta hídrica
Agua para la genteAcceso y calidad del servicio de agua y saneamiento
Agua para la adaptaciónResiliencia climática, gestión del riesgo hidroclimático

El reportaje de Portafolio sobre el lanzamiento recoge declaraciones del Ministerio en las que se describe el documento como una hoja de ruta para "confrontar la crisis climática, fortalecer la gobernanza del agua" e incorporar la justicia hídrica como eje central del ordenamiento. Lo que ese mismo cubrimiento no encuentra, y es la pregunta que queda abierta, son metas numéricas verificables: cobertura de acueducto y saneamiento, número de cuencas priorizadas o presupuesto asignado para el periodo 2026-2050.

Ave ribereña en el ecosistema del río Magdalena
La política vincula explícitamente biodiversidad y servicios ecosistémicos con la gestión del agua, un componente que antes solía tratarse por separado en los instrumentos de planificación.Crédito: Johan Andrés Toro, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

Qué significa esto para la gestión ambiental en el territorio

Una política nacional no reemplaza automáticamente los instrumentos que ya existen (POMCA, PGAR, POT), pero sí marca la dirección en la que deberían evolucionar en los próximos años. Si el ordenamiento territorial empieza a subordinarse formalmente a la disponibilidad hídrica, eso tiene implicaciones concretas para cualquier proyecto que hoy dependa de una licencia ambiental o de una concesión de aguas: la conversación sobre dónde es viable un desarrollo, agrícola, minero, urbano o de infraestructura, tendrá que incorporar la variable hídrica desde etapas más tempranas, no como un requisito de trámite al final del proceso.

El documento también reconoce explícitamente el cambio climático como variable estructural, lo que sugiere que los estudios de oferta y disponibilidad hídrica que sustenten decisiones territoriales tendrán que dejar de asumir un clima estable y empezar a modelar escenarios de variabilidad extrema, algo que ya es práctica común en gestión de riesgo pero no siempre en planificación de largo plazo.

Lo que falta por ver

El anuncio del 3 de agosto formaliza una dirección de política, pero el documento público disponible hasta ahora no incluye metas cuantificadas ni un cronograma de instrumentos derivados (decretos, resoluciones, ajustes a guías técnicas). Esa es, en últimas, la prueba real de una política a 25 años: no el lanzamiento, sino si los POMCA, los PGAR y las decisiones de licenciamiento que se tomen en los próximos meses efectivamente reflejan el giro conceptual que el Ministerio acaba de anunciar.

Imagen de portada: "Entre cerros, agua", Wikimedia Commons, dominio público (CC0).

Juan Felipe Romero

Ecólogo

Soy ecólogo con posgrado en Administración Ambiental de Zonas Costeras y Máster en Restauración Ecológica, con más de 18 años de experiencia en planificación, gestión y desarrollo de soluciones tecnológicas ambientales.

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