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Drones con cámara térmica para encontrar mamíferos en el dosel: qué dicen 38 estudios y qué todavía no pueden hacer

Una revisión de 38 estudios publicada en 2026 evalúa los drones con cámara térmica para detectar fauna en bosques tropicales. Cuándo superan a los muestreos a pie, dónde fallan y qué parámetros de vuelo se han probado con monos araña.

Juan Felipe Romero6 min de lectura
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Drones con cámara térmica para encontrar mamíferos en el dosel: qué dicen 38 estudios y qué todavía no pueden hacer

Un mono que descansa entre las copas es muy difícil de ver desde el suelo. Desde arriba, con una cámara térmica, su cuerpo caliente puede destacar contra un dosel más frío. Esa es la apuesta de los drones térmicos, y una revisión publicada en febrero de 2026 en la revista Biodiversity and Conservation acaba de poner a prueba la evidencia acumulada: 38 estudios entre 2018 y 2025.

El veredicto es matizado. Los drones térmicos pueden superar a los muestreos terrestres para mamíferos arborícolas, pero solo si el protocolo se ajusta a la especie y a las condiciones. Y la mayoría de los trabajos todavía son pilotos.

38 estudiosTrabajos publicados entre 2018 y 2025 sobre drones con cámara térmica en fauna de bosques tropicales que analiza la revisión de Norris, Edwards y Laurance. Fuente: Biodiversity and Conservation (2026).

Por qué el dosel es el punto ciego de los inventarios

Los autores parten de un problema conocido: los bosques tropicales albergan una biodiversidad excepcional, pero siguen poco representados en los programas de investigación y monitoreo de largo plazo por limitaciones logísticas, financieras y metodológicas. Según el resumen de la revisión, los métodos convencionales desde el suelo suelen ser poco efectivos en estos ambientes, sobre todo para especies raras, crípticas o arborícolas.

La idea del dron térmico es detectar animales endotermos (de sangre caliente) desde arriba, a partir de su firma térmica. Los autores señalan que esto da ventajas en hábitats inaccesibles o de vegetación densa.

Lo que encontró la revisión, sin adornos

HallazgoQué significa
La mayoría de los estudios sigue en fase pilotoHay pocos casos que pasen de "detectamos animales" a estimar poblaciones
Puede superar al muestreo terrestre en mamíferos arborícolasSolo si el protocolo respeta el comportamiento de la especie y busca el mayor contraste térmico
La detectabilidad es variableUn animal presente no siempre aparece en la imagen
La especie puede clasificarse malUna mancha caliente no siempre se identifica con certeza

Esas dos últimas limitaciones son, según los autores, restricciones clave para sacar conclusiones sobre poblaciones. Por eso proponen una guía de buenas prácticas para planificar el muestreo, configurar el vuelo y validar las detecciones, con un árbol de decisión para diseñar el protocolo.

Imagen térmica en escala de grises de un dosel de bosque tropical visto desde arriba, con pequeñas manchas blancas brillantes entre las copas
Recreación del aspecto de una imagen térmica de dosel: las manchas claras son animales de sangre caliente. No es un fotograma de un estudio real. Crédito: Imagen generada con IA (spacexai/grok-imagine-image).

Un caso concreto: qué parámetros de vuelo se probaron con monos araña

Un buen ejemplo de cómo se estandariza un protocolo es el estudio de Pinel-Ramos y colaboradores, publicado en Sensors en 2024. Evaluó cómo afectan los parámetros de vuelo la detección del mono araña de Geoffroy, una especie en peligro, de movimiento rápido y amplio ámbito de hogar, en un bosque de dosel cerrado de la península de Yucatán, en México.

El diseño probó tres variables:

  • Velocidad de vuelo: 2, 4 y 6 metros por segundo.
  • Altura de vuelo: 40 y 50 metros sobre el suelo.
  • Ángulo de la cámara: -45° y -90° (vertical).

Resultado: según los autores, ninguno de los tres parámetros afectó el número de monos araña detectados. La concordancia entre quienes codificaron los videos fue "sustancial" (coeficiente kappa de Fleiss de 0,61 a 0,80) en la mayoría de los casos de zonas de alto contraste térmico. Con esos resultados recomiendan, para monos araña y otros mamíferos arborícolas medianos, un dron comercial pequeño a 4 m/s, 15 metros por encima del dosel y con la cámara a -90°, aunque aclaran que estas recomendaciones pueden variar según el tamaño y el ruido del dron.

Dos investigadores en cuclillas preparan un dron pequeño sobre una plataforma en un claro del bosque, con un portátil y una mochila al lado
Recreación de la preparación de un vuelo de muestreo en el bosque. No es una foto de los estudios citados. Crédito: Imagen generada con IA (spacexai/grok-imagine-image).

Qué significa para quien monitorea fauna

Lo que sigue son hipótesis de este artículo, no conclusiones de los estudios:

  1. Una herramienta de cribado antes que un censo. Dado que la identificación de especies y la detectabilidad son inciertas, un vuelo térmico serviría para decidir dónde vale la pena poner cámaras trampa o hacer conteos a pie, no para reemplazarlos.
  2. Protocolo antes que equipo. Si el resultado depende de la especie y de las condiciones que maximizan el contraste térmico, la primera pregunta de un proyecto no es qué dron comprar, sino qué especie se busca y cuándo se ve mejor.
  3. Validación como parte del presupuesto. Si una detección puede clasificarse mal, comprobar una muestra de ellas en campo es parte del método, no un extra.

La propia revisión cierra con tres condiciones para aprovechar el potencial: integrar la técnica con programas de monitoreo de largo plazo, cuantificar mejor los errores y ampliar la aplicación a más grupos taxonómicos.

Conclusión

El dron térmico no es una lupa mágica sobre el dosel: es un instrumento que, bien calibrado para una especie concreta, ve lo que el suelo no alcanza. Lo que decide su utilidad no es la cámara sino el protocolo y la honestidad sobre el error.

Imagen de portada: recreación de un dron sobre el dosel de un bosque tropical. Imagen generada con IA (spacexai/grok-imagine-image).

Juan Felipe Romero

Ecólogo

Soy ecólogo con posgrado en Administración Ambiental de Zonas Costeras y Máster en Restauración Ecológica, con más de 18 años de experiencia en planificación, gestión y desarrollo de soluciones tecnológicas ambientales.

Este artículo se redactó con apoyo de inteligencia artificial, bajo dirección editorial de Juan Felipe Romero.

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