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Taxonomía Verde de Colombia: qué clasifica, qué exige a un proyecto y qué no es obligatorio

La Taxonomía Verde de Colombia define qué puede llamarse inversión verde. Cómo se organiza, qué requisitos de cumplimiento exige (EIA, plan de manejo, monitoreo de biodiversidad), cómo se aplica a un predio o proyecto y por qué su uso es voluntario.

Juan Felipe Romero7 min de lectura
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¿Buscas el trámite y no la noticia? Guías de trámites ambientales, con su norma, su autoridad competente y sus fuentes oficiales.

Taxonomía Verde de Colombia: qué clasifica, qué exige a un proyecto y qué no es obligatorio

Un banco que quiere emitir un bono verde, una empresa que busca un crédito con tasa preferencial o un consultor al que le piden "demostrar que el proyecto es verde" se topan con la misma pregunta: ¿según qué criterio? En Colombia existe una respuesta oficial, la Taxonomía Verde de Colombia (TVC), un sistema que clasifica qué actividades y activos contribuyen de manera sustancial a los objetivos ambientales del país. Esta guía explica qué es, cómo se organiza, qué le exige a un proyecto y hasta dónde llega.

Importa porque la palabra "verde" en finanzas se usa con poca disciplina, y la taxonomía existe justamente para dar un lenguaje común. Pero también se malinterpreta: no es una licencia, no es un sello y su uso no es obligatorio.

10 sectoresLos que cubre la Taxonomía Verde de Colombia: siete bajo el objetivo de mitigación del cambio climático (con 47 activos y actividades elegibles) y tres del uso del suelo (ganadería, agricultura y forestal). Fuente: documento oficial de marzo de 2022, Tabla 1.1 y Tabla 1.2.

Qué es y quién la hizo

El documento oficial, fechado en marzo de 2022, define la TVC como "un sistema de clasificación para actividades económicas y activos con contribuciones sustanciales para el logro de objetivos ambientales". La construyeron en conjunto los ministerios de Hacienda y de Ambiente, el DNP, la Superintendencia Financiera y el DANE, y el portal oficial de la taxonomía la atribuye al Ministerio de Hacienda y a la Superfinanciera, con apoyo técnico del Grupo Banco Mundial y de Climate Bonds Initiative.

Su propósito, según el mismo documento, es contar con "un lenguaje común" para identificar y diferenciar lo que aporta de verdad a los objetivos ambientales, y facilitar que inversionistas, emisores de bonos y entidades públicas lo usen. El texto reconoce un límite: una taxonomía por sí sola no evita el greenwashing, pero "sí lo hace más fácil de detectar y prevenir".

¿Es obligatoria? La respuesta corta es no

Hay dos documentos que conviene no confundir:

DocumentoQué dice sobre el uso
La Taxonomía Verde de Colombia (marzo de 2022)Que "en sí mismo no es una regulación, ni imparte instrucciones específicas para alguna entidad pública o privada", y que por ahora no se requiere verificación externa de la alineación
Circular Externa 005 del 8 de abril de 2022, de la SuperfinancieraQue las entidades vigiladas "podrán utilizar" la taxonomía para identificar oportunidades de financiamiento, medir la alineación de su cartera, diseñar productos verdes y reforzar la divulgación

Es decir, la circular habilita su uso; no lo impone. Eso sí, la taxonomía ya está referenciada en normas de la Superfinanciera sobre emisión de bonos verdes, denominación de fondos voluntarios de pensiones y revelación de información social, ambiental y climática. Para un proyecto que busque financiación, la taxonomía funciona como un estándar que el financiador puede pedir, aunque la ley no lo obligue.

Cómo está organizada

Son siete objetivos ambientales: mitigación del cambio climático, adaptación al cambio climático, conservación de los ecosistemas y la biodiversidad, gestión del agua, gestión del suelo, economía circular, y prevención y control de la contaminación. La taxonomía se desarrolla en dos capítulos con enfoques distintos.

Esquema de los dos capítulos de la taxonomía: siete sectores bajo mitigación del cambio climático y tres sectores del uso del suelo bajo cinco objetivos ambientales
El capítulo 2 trata un solo objetivo (mitigación) en siete sectores; el capítulo 3 trata cinco objetivos a la vez en los tres sectores que dependen del suelo. Crédito: Esquema propio a partir de la Taxonomía Verde de Colombia, marzo de 2022 (Tabla 1.1).
  • Capítulo 2: mitigación del cambio climático. Cubre energía, construcción, residuos y captura de emisiones, agua, transporte, TIC y manufactura (las dos últimas como sectores de apoyo que habilitan a otras actividades). Los demás objetivos entran como cobeneficios y como requisito de "no hacer daño".
  • Capítulo 3: uso del suelo. Cubre ganadería, agricultura y forestal, y atiende cinco objetivos a la vez (mitigación, adaptación, suelo, agua y conservación de ecosistemas y biodiversidad), porque en el paisaje productivo no se pueden separar.

Para que una actividad cuente como verde en el capítulo 2, los criterios de elegibilidad son de tres tipos: actividades elegibles directamente por su contribución, actividades que contribuyen si cumplen umbrales o estándares, y actividades habilitantes de otras. El documento explica que los umbrales consideraron la meta colombiana de reducir 51 % las emisiones de gases de efecto invernadero para 2030.

Los requisitos de cumplimiento: donde entra el trabajo ambiental

Aquí está lo más útil para quien prepara estudios. Además de ser elegible, una actividad debe aplicar el principio de no hacer daño significativo (NHDS) a los demás objetivos y evitar impactos sociales negativos. Para demostrarlo, el documento pide a la entidad que ejecuta el proyecto un sistema de gestión acorde con la escala de la inversión que:

  1. Use referentes nacionales e internacionales (cita la Norma de Desempeño 1 de la IFC) para hacer una evaluación de impacto ambiental.
  2. Defina un plan de manejo ambiental con medidas para evitar daños significativos y proteger el capital natural, acorde con esa evaluación.
  3. Implemente las medidas para mitigar impactos sobre especies y hábitats, y los programas de conservación, compensación o restauración correspondientes.
  4. Cuente con mecanismos de monitoreo y prevención permanente de daños ambientales significativos.

Cuando la norma lo exige, además, debe cumplir los términos de referencia de la ANLA o los permisos de la autoridad ambiental regional. Si te interesa cómo se ve cada uno de esos instrumentos, en este blog hay guías sobre el estudio de impacto ambiental y el plan de manejo ambiental.

Los puntos de control generales incluyen, entre otros:

TemaQué pide la taxonomía
BiodiversidadQue la nueva infraestructura financiada no se ubique en ecosistemas estratégicos ni en hábitats de especies en peligro del SINAP o de la Lista Roja de la UICN; en sitios en o cerca de áreas sensibles, una evaluación adecuada y un programa de monitoreo de biodiversidad a largo plazo
AguaIdentificar y manejar riesgos de consumo y calidad, con herramientas como WWF Water Risk Filter o WRI Aqueduct; en áreas con estrés hídrico, planes de uso y conservación implementados
ContaminaciónPermisos de vertimientos y de emisiones vigentes y manejo integral de residuos con gestores autorizados
SocialUn sistema de gestión social alineado con las Normas de Desempeño 1, 2, 4, 5, 7 y 8 de la IFC

Capítulo 3 en la práctica: un ejemplo hipotético

El capítulo del uso del suelo es el que más se parece a un proyecto de campo. Lo que sigue es un ejemplo hipotético, no un caso real: una finca ganadera de 120 hectáreas que quiere financiar su paso a un sistema silvopastoril.

Niña sonriente sosteniendo una bolsa de vivero con una plántula, con ladera cultivada al fondo
La reconversión de un predio suele empezar en el vivero. La taxonomía acepta transiciones por etapas, no solo el cambio total del sistema. Crédito: CIAT, CC BY-SA 2.0, vía Wikimedia Commons.

El documento pide, como mínimo, que el predio cumpla la normativa aplicable. Entre otras cosas:

  • Estar ubicado dentro de la frontera agrícola según la Resolución 261 de 2018 del MADR (el SIPRA de la UPRA permite ver el mapa).
  • No tener tierras degradadas o deforestadas después de 2010, porque el IDEAM fija el fin de ese año como línea de base para la reducción de la deforestación; las tierras deforestadas o degradadas después de esa fecha "no son admisibles".
  • Ser congruente con el POT y con la normativa de concesiones de agua y de plaguicidas.

Luego, un plan de transición del predio, que el sector llama reconversión predial, con diagnóstico (con mapas de soporte, tipo de entorno natural y si existe un inventario de biodiversidad), objetivo, situación ambiental, definición de la transición con inversiones y cronograma, requisitos de cumplimiento y resultados esperados. La taxonomía acepta tres niveles de intervención sucesivos, básicos, intermedios y avanzados, en vez de un umbral de todo o nada. Las prácticas ganaderas elegibles incluyen cercas vivas, árboles dispersos en potreros, bancos mixtos de forraje, setos forrajeros y sistemas silvopastoriles intensivos.

Nótese que casi todo el diagnóstico es información geográfica y de línea base: justo lo que produce una caracterización ambiental bien hecha. Para ese insumo, esta guía sobre línea base con datos abiertos es un punto de partida.

Qué no es la taxonomía

  • No es un sello ni una certificación. El documento dice que por ahora no se requiere verificación externa de la alineación; esta puede apoyarse en certificaciones de los activos o en mecanismos acordados entre las partes.
  • No reemplaza el licenciamiento. Los activos elegibles deben ceñirse al marco normativo y a las políticas locales relevantes, incluidos los permisos y términos de referencia que apliquen; la taxonomía no los sustituye.
  • No es estática. El propio documento la describe como "dinámica" y anuncia una propuesta de gobernanza para actualizarla. En el portal oficial solo encontré la primera versión; no vi una actualización posterior.

Cómo empezar con tu proyecto

  1. Ubica tu actividad en uno de los diez sectores. Si no aparece, la taxonomía no la cubre.
  2. Revisa si es elegible directamente o por umbral en el anexo técnico del sector.
  3. Reúne la evidencia de cumplimiento: evaluación de impacto, plan de manejo, programa de monitoreo, permisos al día y sistema de gestión social.
  4. Documenta con datos, no con adjetivos: indicadores medibles, como los que describe esta guía de indicadores ambientales para empresas.
  5. Pregunta al financiador qué nivel de evidencia espera, porque la verificación la acuerdan las partes.

Una conclusión

La Taxonomía Verde de Colombia es útil precisamente porque obliga a precisar qué significa "verde" y qué evidencia lo respalda, pero su valor depende de quién la use: sin verificación externa obligatoria, la credibilidad la pone el expediente del proyecto. Quien llegue con un EIA sólido, un plan de manejo ejecutable y datos de monitoreo tendrá más que mostrar que quien llegue con la palabra "sostenible" en la presentación.


Portada: vivero de café en una finca del Cauca, Colombia. CIAT, CC BY-SA 2.0, vía Wikimedia Commons.

Juan Felipe Romero

Ecólogo

Soy ecólogo con posgrado en Administración Ambiental de Zonas Costeras y Máster en Restauración Ecológica, con más de 18 años de experiencia en planificación, gestión y desarrollo de soluciones tecnológicas ambientales.

Este artículo se redactó con apoyo de inteligencia artificial, bajo dirección editorial de Juan Felipe Romero.

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