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Biodiversidad

Una especie nueva de árbol en el Magdalena Medio muestra cuánto falta por inventariar en los bosques de Colombia

El 9 de abril de 2026 la revista PhytoKeys describió formalmente a Sarcaulus paujilensis, hallada en apenas tres ejemplares dentro de una reserva de 6.000 hectáreas del Magdalena Medio. La especie eleva a seis el género en todo el Neotrópico y confirma cuánto sigue sin catalogarse en los bosques colombianos.

Juan Felipe Romero13 min de lectura
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Una especie nueva de árbol en el Magdalena Medio muestra cuánto falta por inventariar en los bosques de Colombia

El 9 de abril de 2026, la revista científica PhytoKeys describió formalmente Sarcaulus paujilensis, un árbol de la familia Sapotaceae del que solo se conocen tres ejemplares en el mundo. Los tres están dentro de la misma reserva privada de 6.000 hectáreas en el Magdalena Medio colombiano, entre Boyacá y Santander. Es la sexta especie de su género que la ciencia reconoce en todo el Neotrópico, y le tomó más de dos décadas de trabajo de campo continuo en un bosque ya protegido llegar a describirla.


Por qué importa ahora

6.000 haTamaño actual de la Reserva Natural de las Aves El Paujil, donde se hallaron los tres únicos ejemplares conocidos de Sarcaulus paujilensis. Se creó en 2003 con 3.419 ha y se amplió después.

Lo llamativo no es solo la especie nueva: es dónde apareció. El Paujil no es un rincón remoto sin explorar, es una reserva con más de veinte años de investigadores, guardaparques y visitantes circulando por sus senderos, en la Serranía de las Quinchas. Que un árbol nuevo para la ciencia siga apareciendo ahí, y no en una zona verdaderamente inaccesible, es la evidencia más concreta de cuánto le falta al inventario de biodiversidad de Colombia incluso en los bosques que mejor se conocen.

Un árbol con una rareza floral poco común

Sarcaulus paujilensis se distingue del resto de su género por un rasgo que casi no existe en él: flores bisexuales, en un grupo compuesto sobre todo por árboles con flores unisexuales (plantas dioicas, con individuos macho y hembra separados). Los autores del artículo, M. Alejandra Jaramillo, Terence D. Pennington, Gerardo A. Aymard-Corredor y Andrés F. Majín-Ladino, documentaron la especie en bosque húmedo tropical entre 150 y 1.200 metros sobre el nivel del mar. Bajo los criterios de la UICN que aplica el propio artículo, la especie queda catalogada como Datos Insuficientes (DD): apenas hay evidencia para evaluar su riesgo de extinción, porque apenas hay evidencia de que exista.

Cascada dentro de la Serranía de las Quinchas, en la reserva El Paujil
La Serranía de las Quinchas combina bosque húmedo tropical con cañones y cascadas, un mosaico de hábitats que el equipo de ProAves lleva más de veinte años recorriendo. Crédito: Fredy Galeano, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

Por qué una reserva para un ave terminó protegiendo un árbol nuevo

La reserva no se creó pensando en árboles. Según la propia Fundación ProAves, El Paujil nació en noviembre de 2003, impulsada por la fundación con apoyo de American Bird Conservancy y Global Conservation Fund, para proteger al paujil piquiazul (Crax alberti), un ave endémica de Colombia en peligro crítico de extinción. La reserva también resguarda al mono araña del Magdalena (Ateles hybridus), uno de los primates más amenazados del continente.

Especie que motivó o se benefició de la reservaGrupoEstado de conservación
Crax alberti (paujil piquiazul)AveEn peligro crítico; motivo original de la reserva en 2003
Ateles hybridus (mono araña del Magdalena)PrimateEn peligro crítico
Sarcaulus paujilensisÁrbol (Sapotaceae)Datos insuficientes; descrita en 2026
Paujil piquiazul (Crax alberti) fotografiado en su hábitat
El paujil piquiazul es la razón por la que existe la reserva desde 2003. Dos décadas después, el mismo bosque que se protegió por un ave sigue revelando especies que nadie había descrito. Crédito: desertnaturalist vía iNaturalist, Wikimedia Commons, CC BY 4.0

Qué significa esto para quien trabaja con inventarios de biodiversidad

El caso desarma un supuesto común: que un área protegida, visitada y con literatura científica publicada ya está "inventariada". El equipo detrás del hallazgo, citado por ProAves, documentó además otras especies nuevas para la ciencia en expediciones recientes a la misma serranía, y describió su flora como una mezcla poco común de afinidades con los Andes, el Chocó biogeográfico y la Amazonia noroccidental. Para cualquier ejercicio de línea base biótica, la lección es concreta: la ausencia de registros de una especie en un área no equivale a la ausencia de la especie, y solo el muestreo sostenido en el tiempo, no una sola visita, distingue una cosa de la otra.

Cierre

La ciencia tardó más de veinte años de trabajo continuo en un bosque de apenas 6.000 hectáreas, ya protegido, ya visitado por decenas de investigadores, en confirmar que ese árbol existía. Esa cifra dice más sobre cuánto falta por inventariar en el resto del país que cualquier conteo global de especies ya registradas.

Imagen de portada: Fredy Galeano vía Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

Juan Felipe Romero

Ecólogo

Soy ecólogo con posgrado en Administración Ambiental de Zonas Costeras y Máster en Restauración Ecológica, con más de 18 años de experiencia en planificación, gestión y desarrollo de soluciones tecnológicas ambientales.

Este artículo se redactó con apoyo de inteligencia artificial, bajo dirección editorial de Juan Felipe Romero.

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