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Biodiversidad

Un vaso de agua de río ya puede decir qué especies viven ahí: el ADN ambiental deja el laboratorio

El ADN ambiental (eDNA) pasó de ser una técnica experimental a un método estandarizado para inventariar fauna sin verla ni capturarla. Qué tan preciso es, dónde falla en Colombia y por qué la brecha ya no es la tecnología sino la base de datos genética de referencia.

Juan Felipe Romero5 min de lectura
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Un vaso de agua de río ya puede decir qué especies viven ahí: el ADN ambiental deja el laboratorio

En ríos tropicales de la Guayana, un equipo de investigadores necesitó apenas 34 litros de agua filtrada para detectar más del 64% de las especies de peces que se esperaba encontrar en ese tramo, sin lanzar una sola red ni ver un solo ejemplar. El dato viene de un estudio sobre optimización del muestreo de ADN ambiental en ríos y quebradas tropicales, y resume por qué esta técnica dejó de ser un experimento de nicho para convertirse en un método de monitoreo que varias revisiones científicas de 2026 ya tratan como maduro.


Por qué importa ahora

Inventariar fauna en ecosistemas tropicales es lento, caro y depende de que el animal se deje ver, capturar o fotografiar. Un río, un suelo de bosque o incluso una muestra de aire contienen fragmentos de ADN que los organismos dejan al pasar (escamas, mucosidad, células de piel, heces), y ese material basta para identificar qué especies estuvieron ahí, sin necesidad de verlas.

64%De la fauna íctica esperada en ríos tropicales de la Guayana, detectada con solo 34 litros de agua filtrada y sin capturar un solo pez.

Para quien monitorea biodiversidad en zonas de difícil acceso o con especies esquivas (peces de aguas turbias, mamíferos nocturnos, anfibios en declive), eso cambia el cálculo de tiempo y presupuesto de una campaña de campo completa.

Cómo se pasó de experimento a método estandarizado

Durante años, el eDNA fue una técnica prometedora pero irregular: cada laboratorio filtraba, extraía y analizaba a su manera, y los resultados eran difíciles de comparar entre estudios. Una revisión publicada en 2026 en Ecology and Evolution y otra en Frontiers in Marine Science documentan que ese problema ya se resolvió en buena parte con flujos de trabajo estandarizados:

  • Filtración de 0,22 a 0,45 micras para muestras de agua.
  • Extracción con métodos PCI o DNeasy para muestras de suelo.
  • Muestreadores MD8 para capturar ADN suspendido en aire.
Investigadores tomando una muestra de agua para análisis en campo durante un evento de lluvia
La toma de muestra en campo (agua filtrada, suelo o sedimento) es hoy el paso más simple del flujo de trabajo del eDNA: la parte que sigue avanzando es el análisis genético posterior. Crédito: Nunzia Monte, CNR-IRPI Perugia, Wikimedia Commons, CC BY 4.0

Esa estandarización es lo que permite, hoy, comparar un muestreo de eDNA en un río de Colombia con uno hecho en Europa o Asia bajo el mismo protocolo, algo que hace cinco años era prácticamente imposible.

El límite real no es la técnica: es la base de datos

El caso colombiano que mejor ilustra el límite actual del eDNA es el del oso de anteojos (Tremarctos ornatus), la única especie de oso que vive en Suramérica. Hoy, el método más confiable para identificar genéticamente a un individuo sigue siendo el fototrampeo: la cámara capta al animal y, si deja pelo en la trampa, ese pelo permite tanto confirmar la especie como estimar su variabilidad genética, como muestra un análisis genético de más de 300 osos andinos de Ecuador, Venezuela, Colombia, Perú y Bolivia reseñado por la Universidad Javeriana.

Oso de anteojos (Tremarctos ornatus) fotografiado en la Reserva Chingaza, Colombia
El oso de anteojos es el caso de referencia en Colombia para discutir el límite actual del eDNA: la especie ya está bien identificada, lo que falta es la base de datos de tejidos que permita afinar la variabilidad genética a partir de una muestra ambiental. Crédito: Nathaly 1106, Wikimedia Commons, dominio público (CC0)

El eDNA podría complementar ese trabajo, pero necesita algo que Colombia todavía no tiene consolidado: una base de datos amplia de tejidos de referencia contra la cual comparar el material genético ambiental. Sin esa base, el eDNA puede confirmar que "hay un oso de anteojos por aquí", pero no mucho más allá de eso. La misma limitación aplica a buena parte de la fauna endémica del país: la tecnología de secuenciación ya está lista, lo que falta es el catálogo genético de referencia.

Qué significa esto para el monitoreo de biodiversidad en Colombia

El eDNA no reemplaza el fototrampeo, los transectos ni los muestreos convencionales, los complementa donde esos métodos son más costosos o menos sensibles: especies raras, invasoras o difíciles de observar directamente. Su punto ciego sigue siendo cuantificar abundancia (saber que una especie está presente es distinto a saber cuántos individuos hay), y esa limitación no depende del laboratorio sino de qué tan completa esté la base de datos genética de un país o una región.

Para quien diseña un programa de monitoreo de biodiversidad hoy, la pregunta que vale la pena hacerse no es si el eDNA "funciona": ya funciona, y a un costo por muestra que sigue bajando. La pregunta es si existe, para las especies de interés, una base de datos de referencia contra la cual comparar los resultados. Si no existe, el eDNA todavía necesita un compañero de campo tradicional para confirmar lo que detecta.

Juan Felipe Romero

Ecólogo

Soy ecólogo con posgrado en Administración Ambiental de Zonas Costeras y Máster en Restauración Ecológica, con más de 18 años de experiencia en planificación, gestión y desarrollo de soluciones tecnológicas ambientales.

Este artículo se redactó con apoyo de inteligencia artificial, bajo dirección editorial de Juan Felipe Romero.

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