Biodiversidad
El primer mapa global de la presión de caza sobre fauna silvestre trae un dato incómodo para Colombia
Un estudio global mapeó por primera vez, con el mismo método en los tres continentes tropicales, dónde crece la presión de caza sobre la fauna silvestre. Colombia aparece entre los países donde esa presión subió más rápido entre 2000 y 2015, y el factor que más pesa es qué tan cerca está el poblado más próximo.
Un equipo liderado por investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid publicó el primer mapa que mide, con un mismo criterio, la presión de caza sobre la fauna silvestre en los tres continentes tropicales a la vez. El hallazgo que más debería llamarle la atención a Colombia no es dónde está la caza más intensa del planeta (eso ya se sabía, y no ocurre aquí), sino dónde está subiendo más rápido: el país aparece entre los que más aumentaron entre 2000 y 2015, partiendo de un nivel que hasta entonces era bajo.
Por qué esto es distinto a lo que ya existía
Hasta ahora, calcular el riesgo de sobreexplotación de fauna dependía de dos atajos: evaluaciones de la Lista Roja de la UICN especie por especie, o índices indirectos como el de integridad del paisaje forestal, que infieren presión humana a partir de carreteras, cultivos o luces nocturnas, sin observar la caza en sí. El estudio, disponible como preprint de acceso abierto, entrena un modelo de aprendizaje automático (random forest) con 2.463 sitios documentados como cazados o no cazados en toda la franja tropical, cruzados con variables ecológicas y socioeconómicas. El resultado es un índice estandarizado de 0 a 1 (la presión de caza, o HP) que se puede calcular para cualquier punto del mapa, sin depender de qué tan bien estudiada esté cada especie ahí.
Esa cobertura importa porque el primer objetivo del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal exige justamente eso: mapas globales y precisos de las amenazas a la biodiversidad, algo que hasta ahora no existía para la caza a esta escala.
Los puntos calientes y los refugios del planeta
El estudio identifica dos tipos de zonas opuestas: los puntos calientes, con presión de caza consistentemente alta, y los refugios, donde la presión se mantiene baja, casi siempre por difíciles de alcanzar.
| Tipo de zona | Dónde aparece | Qué las caracteriza |
|---|---|---|
| Puntos calientes | Realm indomalayo (China, Sri Lanka, oeste de India), Bosque Atlántico brasileño, zonas del África occidental | Presión de caza alta y sostenida en el tiempo |
| Refugios | Interior de Borneo, Papúa Nueva Guinea, África central, oeste de la Amazonía | Presión de caza baja, asociada a difícil acceso |

La región indomalaya tiene el promedio de presión más alto del planeta y, según el estudio, siguió intensificándose dentro de sus focos ya existentes entre 2000 y 2015. El continente africano se mantuvo comparativamente estable. El patrón más inquietante está en el tercer continente: los Neotrópicos, donde América del Sur y Centroamérica no muestran una tendencia única sino un contraste marcado entre países que bajan y países que suben, y Colombia queda del lado que sube.
Colombia, entre los países que más subieron desde una base baja
El estudio calcula, para cada país, el cambio en su índice de presión de caza entre 2000 y 2015. Colombia y Venezuela son, textualmente, los dos países donde se observaron "notable increases in HP (...) even in countries with initially low pressure" ("aumentos notables en la presión de caza, incluso en países que partían de una presión inicialmente baja").
| País | Cambio en presión de caza (2000-2015) |
|---|---|
| Venezuela | +0,099 ± 0,086 |
| Colombia | +0,084 ± 0,069 |
| Guyana | -0,0061 ± 0,070 |
| Cuba | -0,028 ± 0,063 |
| Trinidad y Tobago | -0,031 ± 0,056 |
A escala de ecorregión, el patrón se confirma: los Llanos, la sabana que Colombia comparte con Venezuela, es una de las cuatro ecorregiones neotropicales donde la presión de caza aumentó más de un 15% en ese período, junto con los humedales del Orinoco y el páramo de la Cordillera Central. El estudio no atribuye una causa única a ese aumento, pero sí identifica cuál es la variable que más pesa en el modelo para explicar dónde aparece presión de caza alta en cualquier parte del mapa.
La variable que más pesa: qué tan lejos está el poblado más cercano
En todos los modelos entrenados por el equipo, la accesibilidad (medida como distancia al asentamiento humano más próximo) resultó ser el predictor dominante de la presión de caza. Es un hallazgo consistente con el propio patrón de refugios: las zonas de baja presión (interior de Borneo, Papúa Nueva Guinea, el oeste amazónico) coinciden con las áreas menos accesibles del planeta, mientras que la expansión de la presión de caza hacia zonas antes remotas (el estudio nombra explícitamente la cuenca amazónica) va de la mano del avance de vías, asentamientos y otras formas de acceso humano.
Eso convierte la accesibilidad en algo más que una curiosidad estadística: es la variable que, en teoría, se puede anticipar antes de que ocurra. Un nuevo tramo vial, una vía terciaria que se mejora o un asentamiento que crece cerca de un área con fauna sensible son señales tempranas de dónde es probable que suba la presión de caza en los próximos años, según el propio mecanismo que describe el estudio.

Qué significa esto para quien planea o evalúa un proyecto en territorio
Para cualquiera que trabaje en licenciamiento ambiental, ordenamiento territorial o diseño de corredores de conectividad, el hallazgo tiene una lectura operativa directa: la apertura de accesos (vías, líneas de transmisión, campamentos) no solo fragmenta hábitat, también eleva de forma medible el riesgo de sobreexplotación de fauna en el área que rodea ese acceso, incluso donde antes la presión era baja. Eso es exactamente el tipo de impacto acumulativo que suele quedar subestimado en una evaluación de impacto ambiental centrada en la huella directa del proyecto.
Los autores plantean sus mapas de HP como una capa que se puede cruzar con otras (integridad del paisaje forestal, riesgo de deforestación, hábitat de especies amenazadas) para construir evaluaciones de amenazas acumulativas más completas, en vez de tratar la caza como un dato aparte o directamente ausente. Para un país como Colombia, con una de las cinco mayores riquezas de especies del planeta y una red vial que sigue creciendo hacia zonas antes remotas, esa capa adicional no es un lujo académico: es información que hoy no está sistemáticamente sobre la mesa cuando se decide por dónde pasa una vía nueva.
El estudio no dice que la caza en Colombia vaya a seguir subiendo. Dice algo más verificable: que ya subió donde antes casi no existía, y que el mecanismo que mejor lo explica (el acceso) es precisamente la variable que se puede prever antes de abrir un camino, no solo lamentar después.
Juan Felipe Romero
Ecólogo
Soy ecólogo con posgrado en Administración Ambiental de Zonas Costeras y Máster en Restauración Ecológica, con más de 18 años de experiencia en planificación, gestión y desarrollo de soluciones tecnológicas ambientales.
Este artículo se redactó con apoyo de inteligencia artificial, bajo dirección editorial de Juan Felipe Romero.
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