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Conectividad ecológica

El mapa de conectividad del jaguar en todo su rango: 307 áreas núcleo, 176 corredores y los vacíos que quedan en Centroamérica y en los Andes

Un equipo de 39 autores modeló la conectividad del jaguar de México a Argentina con datos de 172 animales con collar GPS. Qué encontraron, cómo lo calcularon, dónde se rompe la conexión y qué límites reconoce el propio estudio.

Juan Felipe Romero13 min de lectura
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El mapa de conectividad del jaguar en todo su rango: 307 áreas núcleo, 176 corredores y los vacíos que quedan en Centroamérica y en los Andes

Un jaguar con collar GPS no sabe de fronteras, pero un mapa de conservación sí. Un estudio publicado en septiembre de 2026 en Global Change Biology juntó los datos de 172 jaguares con collar (231.017 localizaciones) para dibujar, con un mismo método, dónde se conecta y dónde se rompe el hábitat de la especie en todo su rango, desde México hasta Argentina.

El resultado importa más allá del jaguar. Es un ejemplo completo de cómo se pasa de puntos GPS a una decisión: una superficie de resistencia, dos modelos de conectividad y un ranking de áreas y corredores que gobiernos y organizaciones pueden usar para priorizar. Y deja a la vista algo incómodo: la conexión no es continua, y los vacíos están justo donde la presión humana es mayor.

307 áreas núcleoZonas de alta densidad de movimiento que el modelo identificó para el jaguar: unos 7,75 millones de km², el 55 % de su rango actual, y cerca de la mitad dentro de áreas protegidas o tierras indígenas. Fuente: Alvarenga y colaboradores, Global Change Biology (2026).

Qué hicieron: de collares GPS a un mapa de resistencia

El estudio (Alvarenga y colaboradores, Global Change Biology, DOI 10.1111/gcb.71093, acceso abierto) parte de un modelo de idoneidad de hábitat construido con datos empíricos de 172 jaguares con collar GPS (86 hembras y 86 machos; 231.017 localizaciones). Según los métodos, el modelo ajustado mostró que la densidad de población humana, la densidad de ganado y la modificación humana del paisaje tuvieron los efectos negativos más fuertes sobre la selección de hábitat, mientras que la capacidad de intercambio catiónico del suelo, el NDVI y la cercanía al agua tuvieron los más positivos. En palabras de los autores, indica una preferencia por hábitats productivos cercanos al agua.

Ese mapa de idoneidad se convierte en un mapa de resistencia al movimiento: cuanto menos adecuada es una celda, más cuesta atravesarla. Sobre esa superficie corrieron dos métodos complementarios:

MétodoQué respondeQué produce
Kernels acumulados de resistencia¿Dónde se concentra el movimiento potencial?Áreas núcleo de movimiento intenso
Rutas de menor costo factoriales (fLCP)¿Por dónde se conectan esas áreas?Corredores largos y estrechos entre núcleos

Después hicieron dos análisis: uno basado en áreas núcleo y otro basado en áreas protegidas y tierras indígenas (905 áreas, que el estudio filtró a las de más de 100 km² ubicadas en promedio por debajo de 3.000 metros de altitud).

Dos paneles que comparan núcleos como manchas verdes difusas y corredores como líneas naranja entre círculos verdes
Esquema conceptual de los dos métodos: los núcleos muestran dónde se concentra el movimiento y los corredores, cómo se conectan. No es un mapa del estudio. Crédito: Gráfico propio basado en la descripción de métodos de Alvarenga y colaboradores (2026).

Lo que el mapa encontró: una gran red al sur y brechas al norte

El área núcleo más grande, de unos 6,5 millones de km², abarca cuatro biomas (Amazonía, Llanos, Chaco y Pantanal) y once países según la tabla de prioridades del estudio. El modelo identificó 176 corredores de dispersión entre núcleos, pero la conexión no es continua en todo el rango.

  • Sudamérica: una red amplia y muy interconectada que enlaza la Amazonía, los Llanos, el Chaco, el Pantanal, el Cerrado, la Caatinga, Iberá y el Corredor Verde de la Mata Atlántica.
  • México y Centroamérica: varios vacíos de conectividad. Entre el Darién (frontera Panamá y Colombia) y la selva maya el estudio encontró tres núcleos principales separados por dos grandes brechas, una en el centro de Panamá y otra entre Guatemala y Honduras.
  • Mata Atlántica costera: los parches costeros aparecen en gran parte aislados.

El análisis basado en áreas protegidas fue más optimista: predijo 507 corredores potenciales que conectan 905 áreas, incluidos vínculos que el modelo de núcleos no muestra, sobre todo en Centroamérica y entre el Darién, la Amazonía y la Mata Atlántica costera. Los autores lo plantean como complemento: el enfoque de núcleos es "más realista biológicamente" y el de áreas protegidas muestra oportunidades "pragmáticas" de conservación a largo plazo.

Seis tarjetas con las cifras del estudio: 172 jaguares, 231.017 localizaciones, 307 áreas núcleo, 176 corredores, 905 áreas protegidas y 507 corredores potenciales
Las cifras del estudio agrupadas por tipo de dato y por modelo. Crédito: Gráfico propio con datos de Alvarenga y colaboradores, Global Change Biology (2026).

Colombia en el mapa: un corredor fuerte que los Andes frenan

Para quien trabaja en el norte de Sudamérica, el estudio trae un detalle concreto. Entre los corredores mejor rankeados, el tercero del ranking general se extiende desde la frontera entre Venezuela y Colombia hacia el Darién, pero no llega ni al Darién ni al gran núcleo del sur: según el texto, lo bloquea el extremo norte de los Andes.

A lo largo de esa frontera y del valle del Magdalena, el modelo identificó una franja estrecha de corredores que une pequeños núcleos y sugiere conexión entre poblaciones conocidas del valle y áreas de alta prioridad como la Serranía de San Lucas, donde se ha propuesto una nueva área protegida. Pero el mismo análisis indica que esas poblaciones probablemente quedan aisladas por la topografía andina, que frena la conexión tanto con el núcleo central del sur como con el Darién al norte.

Los autores añaden que esos vacíos en Colombia y Centroamérica son decisivos: determinarán si las poblaciones del norte y del sur siguen siendo parte de una misma metapoblación continua.

El blog ya cubrió otras caras del mismo problema, con corredores que dejan de ser mapas fijos y con el estudio colombiano de corredores para mamíferos.

Los límites que el propio estudio reconoce

Un mapa de conectividad es un modelo, y este deja ver sus supuestos con claridad:

  1. No hay estimaciones empíricas robustas de dispersión. El texto dice que, hasta donde conocen, faltan datos sólidos sobre distancias de dispersión del jaguar; hay reportes sueltos que van desde unos 50 km hasta eventos excepcionales de más de 2.100 km.
  2. El umbral es conservador. Por eso fijaron el umbral del kernel en 1.000.000 de unidades de costo, que representa movimientos cortos: el movimiento más corto documentado (unos 50 km) multiplicado por la resistencia media de la superficie.
  3. La superficie depende de una transformación. Convirtieron idoneidad en resistencia con una función exponencial negativa (parámetro c = 16, elegido al comparar con patrones documentados de distribución y movimiento del jaguar).
  4. Dos modelos, dos respuestas. Que el análisis de áreas protegidas dibuje enlaces que el de núcleos no ve es información, pero también una advertencia: un corredor "potencial" no es un corredor probado.
  5. El modelo de idoneidad es previo. Fue desarrollado antes con datos de collares; el estudio reporta para él un índice de Boyce de 0,91 y un AUC de 0,88, con 20 % de los puntos GPS reservados para validar.

Qué significa para quien planifica conectividad

Lo que sigue son lecturas de este artículo, no conclusiones del estudio:

  • Priorizar por rango, no por frontera. Un ranking continental permite ver que un núcleo pequeño de un país puede ser el único vínculo entre dos grandes bloques. Si un proyecto local quiere decidir qué conectar primero, conviene ubicar su predio dentro de ese rango más amplio.
  • Mirar dónde coinciden núcleos y áreas protegidas. Cerca de la mitad de las áreas núcleo identificadas ya está dentro de áreas protegidas o tierras indígenas; la otra mitad es donde una decisión de uso del suelo todavía pesa.
  • Tratar el corredor como hipótesis. Antes de invertir en un tramo, contrastarlo en campo (cámaras trampa, rastros, entrevistas) sigue siendo el paso que convierte un modelo en un corredor real.

El estudio no resuelve la conectividad del jaguar, pero ordena la conversación: dice dónde el hábitat se sostiene, dónde se rompe y qué tan seguro es cada tramo. Para los vacíos del norte de Sudamérica y de Centroamérica, la pregunta ya no es si hay un problema, sino quién decide primero qué conectar.

Imagen de portada: representación de un jaguar en un sendero de selva. No es una foto real ni de un animal del estudio. Imagen generada con IA (spacexai/grok-imagine-image).

Juan Felipe Romero

Ecólogo

Soy ecólogo con posgrado en Administración Ambiental de Zonas Costeras y Máster en Restauración Ecológica, con más de 18 años de experiencia en planificación, gestión y desarrollo de soluciones tecnológicas ambientales.

Este artículo se redactó con apoyo de inteligencia artificial, bajo dirección editorial de Juan Felipe Romero.

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