El Niño
El Niño que se fortalece ahora mismo podría superar a los más fuertes registrados desde 1950, según NOAA y la OMM
NOAA, la OMM y el IDEAM coinciden en una lectura poco común: el evento de El Niño en curso tiene una probabilidad alta de convertirse en el más fuerte desde que existen registros comparables, en 1950. Qué dicen las cifras y qué debe vigilar quien gestiona agua, energía o bosque.
El 10 de septiembre de 2026, el Centro de Predicción Climática de la NOAA elevó su alerta a "El Niño Advisory" y publicó una cifra que no es la habitual en un boletín estacional: durante el trimestre octubre-diciembre de 2026 existe un 75 % de probabilidad de que el evento supere en fuerza a todos los episodios de El Niño registrados desde 1950. No es la única agencia que llegó a esa misma conclusión por su cuenta.
Por qué esta vez el tono cambió
Los boletines de El Niño suelen hablar en rangos de probabilidad moderados: "posible", "probable", "condiciones favorables". Esta vez, tanto la NOAA como la Organización Meteorológica Mundial (OMM) usaron un lenguaje que rara vez aparece junto: la propia OMM señaló que sus Centros Productores Mundiales calculan una probabilidad "excepcionalmente alta, de casi el 100 %", de que El Niño persista hasta febrero de 2027, y añadió que es la primera vez que una actualización de El Niño/La Niña de la OMM es así de categórica, un reflejo del consenso inusual entre sus modelos.
Lo que miden los tres centros, uno al lado del otro
Tres instituciones, con metodologías propias, llegaron por caminos distintos a la misma lectura de fondo: esto ya no es un evento moderado en desarrollo, es un evento que probablemente entrará a los libros de registro.
| Centro | Fecha del reporte | Lectura principal |
|---|---|---|
| NOAA (CPC) | 10 de septiembre de 2026 | Más de 90 % de probabilidad de un evento "muy fuerte" en el otoño e invierno boreal 2026-27; 75 % de probabilidad de superar la fuerza de cualquier El Niño desde 1950 entre octubre y diciembre |
| Organización Meteorológica Mundial | 3 de septiembre de 2026 | Probabilidad cercana al 100 % de persistencia hasta febrero de 2027; el evento se fortalecerá hasta una intensidad "muy fuerte" antes de alcanzar su punto máximo a fin de año |
| IDEAM (Colombia) | 10 de julio de 2026 | Probabilidad superior al 97 % de persistencia hasta el primer trimestre de 2027; 81 % de probabilidad de que alcance intensidad "muy fuerte" |
Las tres lecturas se apoyan en el mismo tipo de evidencia oceánica. Según la NOAA, las anomalías de temperatura superficial del mar superaron los +3,0 °C en el Pacífico ecuatorial oriental durante agosto, con +1,8 °C en la región Niño 3.4, +2,5 °C en Niño 3 y +3,4 °C en Niño 1+2, mientras que las temperaturas subsuperficiales mostraron anomalías superiores a +10 °C en profundidad. La OMM reportó, con datos hasta julio y principios de agosto, temperaturas subsuperficiales más de 8 °C por encima del promedio en algunas zonas.

Un fenómeno del Pacífico, con impactos que no se quedan en un solo país
El Niño es, por definición, un fenómeno de escala oceánica y atmosférica que no reconoce fronteras: la misma anomalía de temperatura en el Pacífico ecuatorial redistribuye lluvia y calor en direcciones opuestas según la región. En el trópico americano, ese patrón suele traducirse en menos lluvia y más calor en el norte de Suramérica y Centroamérica, mientras la costa del Pacífico sur (Perú, Ecuador) puede recibir lluvias muy por encima de lo normal. Colombia queda del lado seco de ese patrón, y es también el país de la región con el reporte institucional más reciente y detallado, lo que explica que aparezca aquí como ejemplo, no porque el fenómeno sea exclusivo de su territorio.
Según el IDEAM, El Niño en Colombia se asocia con incrementos de la temperatura del aire por encima de los valores climatológicos normales y una reducción significativa de las precipitaciones, con mayor probabilidad de caída de lluvias en las regiones Pacífica, Andina y Caribe. Los efectos que reporta el instituto no se quedan en el clima: incluyen reducción de caudales que afecta la agricultura y la generación hidroeléctrica, mayor probabilidad de incendios de la cobertura vegetal, y afectaciones en la disponibilidad de agua para consumo humano.

Qué debe vigilar quien gestiona agua, energía o bosque
La combinación de las tres lecturas deja una ventana de meses, no de días, para prepararse, algo poco frecuente en gestión de riesgo climático. El propio IDEAM recomienda fortalecer las acciones de seguimiento hidrometeorológico, promover medidas de ahorro y uso eficiente del agua e implementar estrategias preventivas frente a incendios, antes de que el evento alcance su punto máximo hacia fin de año.
Para quien gestiona un embalse, una cuenca abastecedora o un predio con cobertura boscosa, eso se traduce en preguntas concretas, no en un titular de clima: ¿cuánta reserva de agua tiene el sistema si las lluvias caen por debajo del promedio durante varios meses seguidos? ¿Está actualizado el protocolo de prevención de incendios de cobertura vegetal para una temporada seca más larga o más intensa que la habitual? ¿Depende alguna operación crítica de generación hidroeléctrica que valga la pena diversificar mientras dura el evento?
Qué significa que tres agencias coincidan con esta certeza
Lo inusual no es que exista un El Niño fuerte, eso ya ha ocurrido antes. Lo inusual es la coincidencia, con meses de anticipación, entre tres centros de pronóstico independientes (uno estadounidense, uno internacional, uno colombiano) sobre la probabilidad de que este evento en particular quede entre los más fuertes desde que hay registros comparables. Esa convergencia cambia la pregunta que debería hacerse cualquier persona a cargo de gestionar un recurso sensible al clima: ya no es si El Niño va a llegar, es cuánta holgura tiene su operación para un evento que, según sus propios organismos de referencia, tiene una probabilidad real de no parecerse a ningún El Niño de los últimos 75 años.
Juan Felipe Romero
Ecólogo
Soy ecólogo con posgrado en Administración Ambiental de Zonas Costeras y Máster en Restauración Ecológica, con más de 18 años de experiencia en planificación, gestión y desarrollo de soluciones tecnológicas ambientales.
Este artículo se redactó con apoyo de inteligencia artificial, bajo dirección editorial de Juan Felipe Romero.
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