Créditos de biodiversidad
Los créditos de biodiversidad llegan a Colombia: qué son y por qué el propio Ministerio de Ambiente pide cautela
Colombia ya tiene su primer banco de hábitat emitiendo créditos de biodiversidad y una plataforma comercial vendiéndolos desde 2024. Qué son, en qué se diferencian de los bonos de carbono, y por qué el Ministerio de Ambiente advierte sobre el riesgo de repetir los errores del mercado de carbono.
En 2024, un predio de 340 hectáreas de bosque de niebla en la Cordillera Occidental (entre Támesis y Jardín, Antioquia) se convirtió en el primer proyecto en Colombia en emitir créditos de biodiversidad a través de una plataforma de venta comercial. El predio, conocido como El Globo, es refugio de oso de anteojos y loro orejiamarillo. Su gestora, Terrasos, ya vendía compensaciones ambientales desde 2019; lo nuevo es el instrumento y el canal: un crédito estandarizado, trazable, que cualquier empresa puede comprar en línea.
El mercado global de estos créditos todavía es pequeño (del orden de dos millones de dólares), pero las proyecciones que circulan entre inversionistas de impacto hablan de miles de millones para 2030 y decenas de miles de millones para 2050. Si esas cifras se acercan a la realidad, es un instrumento que cualquier consultora o empresa con pasivos ambientales en Colombia va a tener que entender, así no lo use todavía.
Por qué esto no es lo mismo que un bono de carbono
La confusión es comprensible: ambos son "créditos ambientales" que una empresa compra para compensar un impacto. Pero mientan cosas distintas.
Un bono de carbono mide toneladas de CO₂ equivalente evitadas o capturadas: un solo número, comparable entre un proyecto de reforestación en el Amazonas y uno de energía eólica en la Guajira. Un crédito de biodiversidad no tiene ese denominador común: mide una mejora ecológica específica, en un lugar específico, que no es intercambiable con la de otro ecosistema.
Terrasos define su unidad como el equivalente a diez metros cuadrados de área conservada o restaurada durante treinta años. Es una métrica de área y tiempo, no de una sola variable física como el carbono.

Quién ya está construyendo este mercado en Colombia
No es un actor solo. Al menos cuatro perfiles distintos están estructurando proyectos:
| Actor | Qué está haciendo |
|---|---|
| Terrasos | Primer proveedor comercial (desde 2019); plataforma web de venta directa desde octubre de 2024; gestiona El Globo. |
| Campo Capital | Dos proyectos en fase de estructuración en Colombia, uno adicional en Tanzania. |
| Terra Global Capital | Proyecto piloto en estructuración en el Pacífico colombiano. |
| Instituto Humboldt | Centro de Economía y Finanzas de la Biodiversidad, investigación técnica de base para el instrumento. |
La infraestructura regulatoria de fondo ya existía antes de que se hablara de "créditos": los bancos de hábitat están regulados en Colombia desde la Resolución 1051 de 2017, pensada originalmente para compensaciones obligatorias por licenciamiento ambiental. Lo que cambia ahora es que ese mismo esquema se está usando para vender unidades a compradores voluntarios: empresas que no tienen una obligación legal de compensar, pero quieren mostrar una acción medible frente a inversionistas o reguladores financieros.
El impulso viene de afuera: TNFD y la meta de 200 mil millones
La demanda voluntaria no nace de la nada. El Marco Global de Biodiversidad de Kunming-Montreal, adoptado en la COP15, fijó como Meta 19 movilizar 200 mil millones de dólares anuales para 2030 desde todas las fuentes de financiamiento de biodiversidad (pública, privada, filantrópica). En paralelo, el Taskforce on Nature-related Financial Disclosures (TNFD) empuja a bancos y grandes empresas a reportar su huella y dependencia de la naturaleza con el mismo rigor que hoy reportan emisiones de carbono.
Esa combinación, una meta global de financiamiento y un estándar de reporte corporativo que la exige, es lo que está empujando a fondos de inversión y empresas multinacionales a buscar un instrumento comprable. Los créditos de biodiversidad llenan ese vacío, aunque el mercado que los sostiene todavía es incipiente y sin un estándar único aceptado globalmente.

La advertencia que viene del propio Ministerio
No todo el entusiasmo es unánime. Cuando el mercado empezó a tomar forma, la entonces ministra de Ambiente, Susana Muhamad, advirtió públicamente sobre el riesgo de que el instrumento termine siendo "una extracción, una explotación por parte de privados" si no se acompaña de una gobernanza fuerte, la misma preocupación que rondó al mercado de carbono voluntario colombiano en sus primeros años, cuando la falta de estándares y verificación independiente produjo varios escándalos de sobreestimación de créditos.
Es una advertencia con fundamento: el mercado de carbono tardó más de una década en desarrollar estándares de verificación mínimamente confiables, y aun así sigue lidiando con cuestionamientos sobre la calidad real de muchos proyectos certificados. Los créditos de biodiversidad arrancan con ese precedente a la vista, lo cual explica que el Ministerio esté revisando la regulación de bancos de hábitat antes de que el mercado voluntario escale.
Qué significa esto para quien trabaja en compensación ambiental hoy
Para consultoras, empresas y gestores de proyectos con pasivos ambientales en Colombia, hay tres implicaciones prácticas:
- El instrumento y la obligación legal son cosas distintas. Los bancos de hábitat ya se usaban para compensación obligatoria bajo licenciamiento; los créditos de biodiversidad abren un canal adicional, voluntario, para empresas sin esa obligación.
- La métrica no es transferible entre ecosistemas. A diferencia del carbono, un crédito generado en un bosque de niebla andino no representa lo mismo que uno generado en un manglar caribeño: la debida diligencia técnica importa más aquí que en el mercado de carbono.
- La regulación todavía se está escribiendo. Mientras el Ministerio actualiza el marco de bancos de hábitat, cualquier proyecto que se estructure hoy debería anticipar cambios en los requisitos de verificación y reporte.
Conclusión
Los créditos de biodiversidad prometen resolver un problema real (financiar conservación con métricas más granulares que el carbono), pero llegan a Colombia con la lección del mercado de carbono todavía fresca: sin gobernanza y verificación sólidas desde el inicio, un instrumento financiero bien intencionado puede convertirse rápido en un problema reputacional para todos los que participan en él, empezando por quienes vendieron los primeros créditos de buena fe.
Juan Felipe Romero
Ecólogo
Soy ecólogo con posgrado en Administración Ambiental de Zonas Costeras y Máster en Restauración Ecológica, con más de 18 años de experiencia en planificación, gestión y desarrollo de soluciones tecnológicas ambientales.
Este artículo se redactó con apoyo de inteligencia artificial, bajo dirección editorial de Juan Felipe Romero.
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