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Compensación ambiental

Compensar biodiversidad no es un intercambio 1 a 1: un estudio de simulación explica por qué la mayoría de los esquemas fallan a largo plazo

Un estudio publicado en Conservation Biology simuló siglos de ciclos de desarrollo y restauración para identificar las cuatro condiciones que determinan si una compensación de biodiversidad realmente funciona, y por qué la mayoría de los esquemas actuales no las cumple.

Juan Felipe Romero10 min de lectura
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Compensar biodiversidad no es un intercambio 1 a 1: un estudio de simulación explica por qué la mayoría de los esquemas fallan a largo plazo

El 17 de julio de 2026, la Universidad de Swansea publicó los resultados de un estudio que debería incomodar a cualquiera que diseñe, apruebe o venda compensaciones de biodiversidad: la mayoría de los esquemas de compensación se evalúan por sus ganancias de hábitat a corto plazo, pero los ecosistemas tardan décadas en recuperarse. Esa diferencia de escala temporal es, según los autores, la razón por la que muchos programas que parecen exitosos en el papel terminan sin generar una ganancia neta real.

El hallazgo importa más allá del Reino Unido, donde nació el estudio. Colombia construyó su propio sistema de compensación por pérdida de biodiversidad sobre el mismo supuesto que este trabajo pone en duda: que un área restaurada o conservada, del tamaño adecuado, puede sustituir ecológicamente al área que un proyecto destruyó.

4condiciones ecológicas, según el estudio, deben cumplirse a la vez para que una compensación de biodiversidad funcione a largo plazo

El supuesto que sostiene todo el sistema de compensación

Casi todos los esquemas de compensación en el mundo, incluidos los bancos de hábitat, parten de una lógica sencilla: si un proyecto destruye X hectáreas de un ecosistema, alguien debe conservar o restaurar un área equivalente (o mayor) en otro lugar. El supuesto implícito es que esas hectáreas, una vez restauradas, valen ecológicamente lo mismo que las que se perdieron.

El equipo liderado por el biólogo Konstans Wells, de la Universidad de Swansea, junto con investigadores de UK Centre for Ecology & Hydrology (UKCEH) y Forest Research, resume el problema con una analogía directa: es como cambiar una botella llena de tu bebida favorita por varias botellas vacías, si esas botellas nunca se rellenan, el intercambio termina en pérdida, no importa cuántas botellas vacías hayas recibido a cambio. Un hábitat maduro tiene una comunidad de especies, una estructura de suelo y unas relaciones ecológicas que no aparecen el día que se planta el primer árbol: tardan generaciones en formarse.

Cómo lo probaron: siglos de desarrollo y restauración simulados

Los autores no midieron un solo proyecto de compensación real. Construyeron simulaciones ecológicas a escala de paisaje que reproducen ciclos repetidos de desarrollo y restauración a lo largo de siglos, incorporando sucesión forestal, cambios en el paisaje, dinámicas de recolonización de especies y restricciones sobre cuánta tierra está realmente disponible para restaurar. El estudio, "Optimizing biodiversity offsetting for habitat succession and colonization dynamics", se publicó en Conservation Biology en 2026.

Ese enfoque de simulación de largo plazo es lo que le permite al estudio ver algo que una auditoría de un solo proyecto, a cinco o diez años, no puede ver: qué pasa con la biodiversidad del paisaje completo después de la quinta, la décima o la vigésima ronda de "destruyo aquí, restauro allá".

Trabajador plantando un árbol joven como parte de un proyecto de reforestación
El día en que se planta el primer árbol de una compensación, el hábitat restaurado empieza en cero: la simulación del estudio modela justamente esa brecha, no solo si se plantó suficiente área.Crédito: Ben Hemmings / One Tree Planted, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

Las cuatro condiciones que separan una compensación real de una de papel

Según el modelo, un esquema de compensación solo genera ganancia neta sostenida si se cumplen simultáneamente estas cuatro condiciones:

CondiciónQué exige en la práctica
Escala mayor que el impactoEl área compensada debe superar, no solo igualar, al área destruida.
Protección a largo plazoLa conservación del área restaurada debe garantizarse por décadas, no por el periodo típico de seguimiento de un proyecto.
Baja tasa de pérdida de hábitatEl ecosistema de referencia no puede seguir perdiéndose rápido en otras partes del paisaje mientras el área compensada se recupera.
Suficiente tierra disponibleTiene que existir físicamente el espacio para restaurar, algo que se vuelve más escaso cuanto más se repite el ciclo desarrollo-compensación.

Ninguna de las cuatro funciona sola. Un área de compensación bien protegida por treinta años no sirve de mucho si, mientras tanto, el mismo tipo de ecosistema sigue perdiéndose sin control en el resto del paisaje: para entonces ya no queda población fuente de la que recolonizar el área restaurada.

El problema que ningún factor de compensación resuelve por sí solo

Este es el punto que más debería incomodar a quienes diseñan políticas de compensación: los proyectos de desarrollo casi siempre eliminan hábitat maduro e intacto, mientras que la compensación casi siempre ocurre sobre suelo degradado que empieza su recuperación desde cero. El profesor James Bullock, coautor del estudio, lo plantea así: dos paisajes pueden tener la misma cantidad de bosque en el papel y funcionar de forma completamente distinta desde el punto de vista ecológico, según la edad del hábitat, su conectividad, y si las especies lograron persistir durante la recuperación.

Ese desfase, entre lo que se destruye ya maduro y lo que se restaura desde cero, genera lo que los autores llaman un déficit ecológico inevitable durante el tiempo que tarda el área compensada en madurar. Para especies que dependen de ecosistemas maduros (árboles longevos, ciertos anfibios, aves de dosel), ese déficit puede durar más que la vida útil del propio proyecto que lo causó.

Área de reforestación joven con árboles pequeños recién plantados en un bosque de Montana, Estados Unidos
Un área de compensación recién plantada puede tardar décadas en alcanzar la estructura del bosque maduro que reemplaza: en ese intervalo, el estudio identifica el mayor riesgo de que la compensación falle.Crédito: USDA Forest Service, Wikimedia Commons, dominio público

Qué significa esto para los sistemas de compensación que ya operan

Ningún sistema de compensación del mundo, tampoco los de América Latina, fue diseñado con estas cuatro condiciones como requisito explícito y verificable. La mayoría fija un factor de compensación (una razón de hectáreas restauradas por hectárea impactada) y un periodo de seguimiento, pero pocos exigen, con la misma rigurosidad, que se demuestre que el ecosistema de referencia no se está perdiendo más rápido en otro lugar del mismo paisaje, o que la protección se sostenga varias décadas más allá de la vida del proyecto que originó la compensación.

Los propios autores son explícitos sobre la implicación de política: los esquemas de compensación no deberían evaluarse ni aprobarse de forma aislada, sino integrarse dentro de estrategias más amplias de contención de la pérdida de hábitat. Compensar bien un proyecto puntual no sirve de mucho si el ecosistema que se usa como referencia sigue desapareciendo en el resto del territorio.

Conclusión

Este estudio no dice que compensar biodiversidad sea inútil, dice que evaluarla solo por hectáreas restauradas en el corto plazo es medir mal el problema. La pregunta que debería hacerse cualquier autoridad ambiental o comprador de créditos no es únicamente "¿cuántas hectáreas se están restaurando?", sino "¿durante cuántas décadas están protegidas, y qué tan rápido se sigue perdiendo el mismo ecosistema en el resto del paisaje?". Sin esas dos respuestas, el número de hectáreas es, en el mejor de los casos, una promesa a futuro.

Juan Felipe Romero

Ecólogo

Soy ecólogo con posgrado en Administración Ambiental de Zonas Costeras y Máster en Restauración Ecológica, con más de 18 años de experiencia en planificación, gestión y desarrollo de soluciones tecnológicas ambientales.

Este artículo se redactó con apoyo de inteligencia artificial, bajo dirección editorial de Juan Felipe Romero.

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