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Ciencia ciudadana

Una foto de un excursionista redescubrió a la comadreja colombiana: lo que revela sobre el monitoreo de biodiversidad hoy

El carnívoro neotropical más raro del continente fue fotografiado por casualidad en Valle del Cauca y confirmado por expertos vía una app de ciencia ciudadana. El caso ilustra cómo el 64% de los datos de biodiversidad de Colombia ya vienen de la comunidad, no de expediciones científicas.

Juan Felipe Romero9 min de lectura
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Una foto de un excursionista redescubrió a la comadreja colombiana: lo que revela sobre el monitoreo de biodiversidad hoy

Durante casi cuarenta años, la comadreja colombiana (Mustela felipei) fue apenas un puñado de especímenes en frascos de museo: seis ejemplares conocidos en todo el mundo, cuatro localidades registradas en Colombia y una en Ecuador. Ningún biólogo la había vuelto a ver viva en su hábitat natural en lo que iba del siglo. Hasta que un excursionista, sin ninguna intención científica, le tomó una foto en El Carmen, corregimiento del municipio de Dagua (Valle del Cauca), a unos 1.750 metros de altura, y la subió a una aplicación de observación de naturaleza.

Investigadores de la Universidad Javeriana Cali, la Universidad de Caldas y el Instituto Humboldt confirmaron la identificación a partir de esa sola fotografía: tamaño pequeño, cola corta sin punta negra, coloración oscura y una mancha en el pecho que coincidía con el patrón dorsal de la especie. Fue, hasta ese momento, el único registro del siglo XXI de la comadreja colombiana en su ambiente natural.


Por qué este no es un caso aislado

El hallazgo circuló como anécdota curiosa ("la especie que casi nadie ha visto apareció en una app"), pero la cifra detrás de la historia importa más que la anécdota puntual: hoy, el 64% de la información disponible en el Sistema de Información sobre Biodiversidad de Colombia (SiB Colombia) proviene de reportes ciudadanos, no de expediciones científicas tradicionales.

Esa proporción no es un detalle menor. Significa que la mayoría del conocimiento actualizado sobre dónde está la biodiversidad colombiana ya no lo produce un equipo de investigación con financiación y cronograma de campo, sino una red distribuida de observadores que reporta lo que ve, cuando lo ve.

64%De los registros de biodiversidad disponibles en SiB Colombia provienen hoy de ciencia ciudadana, no de expediciones científicas formales.

De 4 millones a 40 millones de registros en menos de una década

El crecimiento del volumen de datos es la parte menos visible de la historia, pero probablemente la más significativa para cualquiera que trabaje con información de biodiversidad. SiB Colombia pasó de 4,18 millones de registros en 2016 a 40 millones en 2025 (una tasa de crecimiento anual cercana al 28,6%), impulsada en gran parte por plataformas como iNaturalist (Naturalista Colombia) y eBird.

Naturalista Colombia por sí sola ya reúne más de 1,3 millones de observaciones aportadas por una comunidad de más de 40.000 personas entre observadores, identificadores y curadores. Como lo resume Vanessa Guzmán, de Esri Colombia: herramientas como iNaturalist permiten "empezar a compilar información fácilmente, desde un teléfono, y entender qué pasa en nuestro entorno respecto a flora y fauna".

Selva húmeda en el Parque Nacional Natural Farallones de Cali, Valle del Cauca
La zona de bosque húmedo andino del suroccidente colombiano, cerca de donde se fotografió a la comadreja colombiana en 2019, un tipo de hábitat con baja cobertura de monitoreo científico tradicional.Crédito: C. Arango, Wikimedia Commons, dominio público

No es solo volumen: es validación experta sobre datos ciudadanos

El punto que suele perderse en la conversación sobre ciencia ciudadana es que el valor no está en el dato crudo, sino en la combinación de tres capas: la observación ciudadana, la curaduría experta que la valida, y la infraestructura que la hace consultable y georreferenciada. Sin la segunda capa, una foto es solo una foto en una red social. Con ella, se convierte en un registro científico citable.

Esa arquitectura, observación abierta más validación institucional, es la misma que ya usan agencias ambientales, universidades y ONG de conservación para tareas que antes requerían una expedición dedicada:

  • Ampliar rangos de distribución de especies raras o de difícil detección, como ocurrió con la comadreja.
  • Detectar especies nuevas o no descritas antes de que aparezcan en literatura científica formal.
  • Monitorear tendencias poblacionales de especies comunes con series de tiempo mucho más largas de lo que cualquier proyecto financiado podría sostener.
  • Priorizar áreas para conservación cuando el patrón de observaciones revela vacíos de información, no solo presencia de especies.

Qué significa esto para quien diseña monitoreo de biodiversidad

La lección práctica no es que la ciencia ciudadana reemplace el monitoreo técnico (la comadreja colombiana sigue clasificada como especie "Vulnerable" a nivel global y "En Peligro" en Colombia con datos insuficientes para un análisis poblacional robusto). La lección es que ya no es razonable diseñar un programa de monitoreo de biodiversidad sin considerar qué datos ciudadanos ya existen para esa zona antes de salir a campo.

Eso trae también un límite honesto que vale la pena nombrar: los datos ciudadanos tienen sesgo geográfico hacia zonas accesibles y con buena señal de datos móviles, y sesgo taxonómico hacia especies carismáticas y fáciles de fotografiar (aves, mariposas, plantas con flor vistosa). Los mamíferos pequeños, nocturnos o crípticos, como la propia comadreja colombiana, siguen dependiendo en gran medida del azar de un encuentro fortuito, no de un muestreo sistemático ciudadano.

Conclusión

El hallazgo de una comadreja que casi nadie había visto en cuatro décadas no fue producto de una expedición mejor planeada, sino de un sistema que ya está en marcha: miles de personas observando su entorno con un teléfono, y una capa de curaduría experta capaz de reconocer cuándo esa observación vale la pena verificar. La pregunta que le queda a cualquiera que gestione datos de biodiversidad en Colombia no es si ese sistema es confiable, sino cómo integrarlo sin heredar también sus sesgos.

Juan Felipe Romero

Ecólogo

Soy ecólogo con posgrado en Administración Ambiental de Zonas Costeras y Máster en Restauración Ecológica, con más de 18 años de experiencia en planificación, gestión y desarrollo de soluciones tecnológicas ambientales.

Este artículo se redactó con apoyo de inteligencia artificial, bajo dirección editorial de Juan Felipe Romero.

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