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Desertificación

El 10,7% del suelo colombiano ya está en la zona de riesgo: lo que discute la COP17 de desertificación

Mientras 197 países negocian en la COP17 sobre desertificación en Mongolia, el propio mapa de IDEAM muestra que una cuarta parte del territorio colombiano ya tiene algún grado de degradación por desertificación. Qué mide ese mapa y qué significa la meta de 100.000 hectáreas restauradas para 2030.

Juan Felipe Romero11 min de lectura
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El 10,7% del suelo colombiano ya está en la zona de riesgo: lo que discute la COP17 de desertificación

Desde el 17 hasta el 28 de agosto de 2026, delegados de 197 países negocian en Ulán Bator, Mongolia, la decimoséptima Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (COP17). No es un tema lejano para Colombia: el propio mapa de zonificación de degradación de suelos por desertificación del Ministerio de Ambiente muestra que el 23,6% del territorio nacional ya presenta algún grado de degradación, y que un 10,7% adicional está en zona de manejo prioritario antes de que empeore.

10,7%del territorio colombiano presenta degradación moderada por desertificación, según la zonificación del Ministerio de Ambiente e IDEAM: la franja que la política pública define como prioritaria para intervenir antes de que avance a severa.

Por qué una cumbre en Mongolia le importa a un director ambiental en Colombia

La agenda de la COP17 no gira solo alrededor de los desiertos clásicos. El foco de esta edición está en la Neutralidad en la Degradación de las Tierras (LDN), la resiliencia ante la sequía y, de forma explícita, en los pastizales y sabanas como ecosistemas estratégicos que sostienen a cerca de 30 millones de personas en la región. El 21 de agosto, cerca de 30 líderes locales y regionales firmaron la Declaración de Ulán Bator, un compromiso para impulsar gestión sostenible de la tierra, restauración y resiliencia ante la sequía con enfoque inclusivo de juventud, mujeres y comunidades indígenas.

Colombia ya tiene una meta propia dentro de ese marco: restaurar 100.000 hectáreas de tierra degradada para 2030, con resultados que se recalculan y reportan cada cinco años hasta esa fecha. La pregunta que la COP17 pone sobre la mesa no es si Colombia tiene una meta, sino qué tan bien conoce el país el problema que esa meta busca resolver.

Qué mide realmente el mapa de degradación de suelos

El Ministerio de Ambiente, junto con IDEAM y la Universidad Nacional, publicó en junio de 2024 la zonificación nacional de degradación de suelos por desertificación, el insumo base para la Política de Gestión Sostenible del Suelo. El mapa clasifica el territorio en cinco categorías:

CategoríaPorcentaje del territorio nacionalQué significa
Zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas (susceptibles)26,7%Territorio con clima predisponente a la desertificación, no necesariamente ya degradado
Sin desertificación en tierras secas3,1%Territorio susceptible que aún conserva su función ecológica
Degradación moderada10,7%Zona de manejo prioritario: riesgo real de pasar a severa si no se interviene
Degradación severa y muy severa1,7%Los servicios ecosistémicos y las funciones del suelo ya están destruidos
Degradación leve o en procesoresto del 23,6% total afectadoPérdida parcial de función, aún reversible con manejo
Ganadería extensiva y jinetes con ganado criollo en una sabana de los Llanos
Ganadería extensiva en los Llanos, aquí en Barinas, Venezuela: el mismo ecosistema de sabana se extiende en Colombia por Casanare, Meta, Arauca y Vichada, donde IDEAM identifica a la ganadería extensiva y la minería como las principales causas de degradación de suelo. Crédito: geolesage, Wikimedia Commons, CC BY 2.0

El propio Ministerio identifica erosión, salinización, compactación, pérdida de materia orgánica, pérdida de biodiversidad y contaminación como los mecanismos detrás de esas cifras, y señala a la ganadería extensiva y la minería como los principales motores humanos del deterioro en el país. Ninguna de las dos actividades va a desaparecer del paisaje colombiano; lo que cambia es qué tan bien se monitorea dónde y a qué ritmo avanza el daño que producen.

La sequía como acelerador, no como causa aislada

El fenómeno de El Niño no crea degradación de suelo por sí solo, pero sí acelera el daño donde el manejo ya viene forzando el ecosistema. Los organizadores de la COP17 documentan que, solo entre 2015 y 2019, la degradación de tierras afectó al menos 100 millones de hectáreas anuales en el planeta, y que las zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas ya cubren el 45% de la superficie terrestre. En Colombia, la agricultura ocupa cerca de la mitad de la tierra disponible en la región para cultivos como hortalizas, frutas y cereales, según el análisis regional presentado en la cumbre, lo que deja poco margen para absorber ciclos de sequía más frecuentes sin perder productividad.

Dunas de arena del desierto de Gobi en Mongolia bajo un cielo despejado
El desierto de Gobi, en el país anfitrión de la COP17: un recordatorio de que la desertificación no es un fenómeno exclusivo de zonas tropicales húmedas como Colombia, sino un proceso que puede avanzar en climas y ecosistemas muy distintos. Crédito: Richard Mortel, Wikimedia Commons, CC BY 2.0

La convención distingue explícitamente entre sequía meteorológica (falta de lluvia) y degradación de tierra (pérdida de la capacidad productiva del suelo), porque la segunda no se revierte automáticamente cuando vuelve a llover. Un potrero compactado por sobrepastoreo o un suelo que perdió su capa orgánica sigue degradado aunque el régimen de lluvias se normalice, y ese es justamente el tipo de daño que la meta de restauración a 2030 busca revertir antes de que se vuelva irreversible.

Qué significa esto para quien toma decisiones sobre uso del suelo hoy

Para una empresa o un proyecto con operación en zonas rurales, sobre todo en los Llanos, el Caribe seco o los valles interandinos, la COP17 deja tres señales prácticas. Primero, la ventana de "degradación moderada" (el 10,7% del país) es exactamente donde una intervención temprana todavía es más barata que una restauración desde suelo severamente degradado. Segundo, la meta nacional de 100.000 hectáreas para 2030 obliga a un reporte periódico que previsiblemente empezará a pedir evidencia territorial más granular, no solo cifras agregadas. Tercero, la propia convención empuja hacia instrumentos de resiliencia ante sequía y financiamiento específico, como el Fondo de Inversión en Resiliencia ante la Sequía que se discute en la cumbre, lo que sugiere que el acceso a esos recursos empezará a depender de poder mostrar, con datos, en qué punto de la curva de degradación está un territorio.

Cierre

La cifra que más debería inquietar a un lector colombiano no es el 1,7% ya severamente degradado (ese daño, admite el propio Ministerio, ya está hecho), sino el 10,7% que todavía se puede salvar. Una cumbre en Mongolia no va a cambiar el suelo de los Llanos ni de la Guajira, pero sí está fijando el estándar internacional contra el que se van a medir, cada cinco años, los resultados de la meta que Colombia ya se puso.

Juan Felipe Romero

Ecólogo

Soy ecólogo con posgrado en Administración Ambiental de Zonas Costeras y Máster en Restauración Ecológica, con más de 18 años de experiencia en planificación, gestión y desarrollo de soluciones tecnológicas ambientales.

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