Teledetección
Un satélite ya detectó 11.000 fugas de metano en el mundo: qué tan lejos está esa precisión de vigilar un ecosistema
Desde su lanzamiento en 2024, el satélite Tanager-1 ya identificó más de 11.000 fugas de metano y CO2 en el mundo, con instrumentos capaces de detectar una sola fuga puntual desde el espacio. La tecnología es real y ya opera; su posible extensión a verificar restauración y compensación ambiental todavía es hipótesis.
El 4 de octubre de 2024, en un solo sobrevuelo, un satélite detectó 12 fugas de metano en Siria que sumaban 12.600 kilogramos por hora, el equivalente a las emisiones anuales de 84 vehículos a gasolina. Un mes después, en Turkmenistán, el mismo tipo de sobrevuelo encontró 13 fugas que sumaban cerca de 78 toneladas de metano por hora: el doble de todo lo que emite la cuenca de Los Ángeles. Ese nivel de detalle (una fuga puntual, cuantificada, geolocalizada, desde 500 kilómetros de altura) ya no es un proyecto piloto: es el resultado rutinario de un satélite que lleva operando desde agosto de 2024.
Por qué importa distinguir lo que ya es real de lo que todavía no
Este artículo describe una tecnología de teledetección atmosférica que ya funciona y publica datos abiertos todos los días. Lo que no existe todavía, hasta donde permite confirmar la investigación de este artículo, es su aplicación operativa para verificar de forma independiente proyectos de restauración ecológica o compensación ambiental a nivel de predio. Esa segunda parte es la hipótesis propia de este artículo, marcada explícitamente como tal.
El satélite que ve una fuga puntual, no solo una tendencia regional
Tanager-1, operado por Planet Labs con tecnología desarrollada junto al Jet Propulsion Laboratory de la NASA bajo la coalición Carbon Mapper, es un espectrómetro de imagen que detecta, ubica y cuantifica "super-emisores": fuentes puntuales de metano y CO2 que, aunque pocas, concentran una parte desproporcionada de las emisiones totales de un sector. A diferencia de los satélites atmosféricos de cobertura amplia como el europeo Sentinel-5P (que mide concentraciones de gases a escala de decenas de kilómetros), Tanager-1 puede aislar una sola instalación, un solo pozo o un solo relleno sanitario dentro de esa mancha regional.
Desde su primer lote de datos publicados en noviembre de 2024, Carbon Mapper liberó más de 300 detecciones iniciales de metano y CO2 abarcando seis continentes y sectores de petróleo y gas, carbón, residuos sólidos y agricultura. En rellenos sanitarios de Río de Janeiro y São Paulo, por ejemplo, cuatro sitios mostraron emisiones equivalentes al 7% de todo el metano de residuos sólidos reportado en el inventario nacional de gases de efecto invernadero de Brasil.

Cómo se publican los datos y quién puede usarlos
Carbon Mapper no vende los datos ni los reserva para clientes exclusivos: los publica en su portal público para uso no comercial, con un rezago de aproximadamente 30 días entre la observación y la publicación. Ese modelo de acceso abierto es lo que permitió, por ejemplo, que Turkmenistán (que se unió al Compromiso Global sobre el Metano en 2023) usara las detecciones para priorizar sus propios programas de reducción, sin depender de que la propia industria reportara la fuga.
La próxima generación: cinco veces más cobertura, el doble de sensibilidad
En abril de 2026, Carbon Mapper anunció, junto al JPL de la NASA y con participación del investigador de Caltech Christian Frankenberg, un nuevo instrumento llamado AEMIS (Advanced Emissions Monitoring Imaging Spectrometer). La versión aérea de AEMIS, con operación prevista para finales de 2027, podrá detectar fuentes puntuales de apenas 5 kilogramos de metano por hora con una resolución de 1 a 5 metros.
| Generación | Plataforma | Cobertura | Resolución | Fecha prevista |
|---|---|---|---|---|
| Actual | Tanager-1 (satélite) | Sobrevuelos globales desde 2024 | Suficiente para aislar una instalación puntual | Operando |
| AEMIS aéreo | Avión | Levantamientos dirigidos (ganadería, petróleo y gas) | 1-5 metros; detecta desde 5 kgCH4/hora | Fin de 2027 |
| Tanager SWIR dedicado | Satélite (Planet) | 5 veces la cobertura de Tanager-1 | 30 metros; el doble de sensibilidad a super-emisores | Desde 2028 |
Ese tercer satélite, dedicado exclusivamente a la banda infrarroja de onda corta (SWIR) donde el metano y el CO2 dejan su huella espectral, es la pieza que multiplicaría por cinco el área observable sin sacrificar la capacidad de aislar una fuga puntual.

Lo que sigue siendo hipótesis: verificar restauración y compensación desde el espacio
Aquí termina la descripción de tecnología documentada y empieza el análisis propio de este artículo. Si un instrumento como AEMIS puede aislar una fuga de 5 kilogramos de metano por hora en una instalación puntual, la pregunta lógica para el sector de conservación es si esa misma sensibilidad podría, en teoría, aportar una capa independiente de verificación a proyectos de carbono forestal o de compensación ambiental, que hoy dependen sobre todo de inventarios de biomasa y visitas de campo periódicas. Esto no está pasando hoy: no existe, hasta donde permite confirmar este artículo, un caso documentado de Tanager-1 o AEMIS aplicado a la verificación de un proyecto de restauración o compensación biótica. La tecnología de base (detección puntual de gases desde plataformas aéreas y satelitales) es real y citada; su aplicación a ese caso de uso específico es una posibilidad razonable, no un hecho.
Qué significa esto para quien diseña o audita un proyecto de carbono
La lección práctica no es esperar a que exista esa integración completa. Es entender que el estándar de "quién puede verificar una emisión desde el espacio, sin depender del autoreporte de quien la produce" ya subió de nivel en el sector de metano fósil, y que la misma lógica (una fuente puntual, cuantificada, con datos públicos y trazables) es exactamente el tipo de evidencia que cualquier esquema de MRV ambiental más riguroso terminará exigiendo, sea que la tecnología final sea satelital, aérea o terrestre.
Cierre
Lo notable de Tanager-1 no es que exista un satélite capaz de ver una fuga de gas: es que ya hay una cifra pública, verificable y actualizada cada 30 días, de cuántas fugas existen y dónde. Esa disciplina de dato abierto y trazable, más que el sensor en sí, es lo que cualquier otro sector ambiental debería mirar con atención antes de que se convierta en el estándar contra el que se compare todo lo demás.
Juan Felipe Romero
Ecólogo
Soy ecólogo con posgrado en Administración Ambiental de Zonas Costeras y Máster en Restauración Ecológica, con más de 18 años de experiencia en planificación, gestión y desarrollo de soluciones tecnológicas ambientales.
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