LiDAR
Escanearon el mismo bosque en 2012 y en 2018: la diferencia mostró cuánto carbono gana un árbol al año
Un estudio publicado en agosto de 2026 comparó dos vuelos de LiDAR aéreo separados por seis años sobre el mismo bosque en Brasil y midió, árbol por árbol, cuánto carbono ganó la vegetación en recuperación. Qué es la cartografía 4D de bosques y qué podría significar para el monitoreo de restauración en el trópico.
Un avión sobrevoló 69 kilómetros cuadrados de antiguos potreros en el Valle del Paraíba, Brasil, y disparó un láser sobre la vegetación. Seis años después, otro avión repitió exactamente el mismo vuelo. La diferencia entre esas dos nubes de puntos, publicada en agosto de 2026 en el ISPRS Journal of Photogrammetry and Remote Sensing, permitió calcular cuánto carbono había ganado cada fragmento de bosque en recuperación, año por año, sin pisar el terreno una sola vez entre ambos vuelos.
Un mapa forestal normal es una fotografía: dice dónde hay bosque hoy. Este es distinto porque tiene una cuarta dimensión, el tiempo, y eso cambia lo que se puede medir.
Por qué importa
La mayoría de los mapas de cobertura boscosa (alertas de deforestación, capas de uso del suelo, inventarios forestales) son instantáneas de un momento. Sirven para saber si el bosque sigue en pie, pero no dicen casi nada sobre cómo está cambiando la estructura del bosque que sí sigue en pie: cuánto crecen los árboles jóvenes, cuáles están muriendo, cuánta biomasa se está acumulando en un área que se dejó regenerar. Esa información solo aparece si el mismo lugar se mide más de una vez.
Para cualquier programa de restauración o de compensación que promete capturar carbono "con el tiempo", esa promesa hoy casi siempre se verifica con una fórmula genérica o con una sola visita de campo. Repetir el vuelo de LiDAR es, en cambio, una forma de medir el cambio real, en el sitio real, en vez de asumirlo.
Qué encontró el estudio al repetir el vuelo seis años después
El equipo, liderado por Felipe Begliomini y David Coomes de la Universidad de Cambridge junto con investigadores de la Universidad de São Paulo, la Universidad Técnica de Múnich, la Universidad de Bristol y otras instituciones, analizó 475 fincas de eucalipto convertidas en potrero en el Valle del Paraíba, en pleno bioma de Mata Atlántica. Compararon los levantamientos aéreos de 2012 y 2018 y desarrollaron un método de corrección para eliminar errores de un vuelo a otro (diferencias en el modelo de terreno, densidad de pulsos láser), algo que hasta ahora limitaba la confiabilidad de comparar dos nubes de puntos tomadas por sensores distintos.

Los resultados, según reportó la Universidad de Cambridge, muestran que los bosques secundarios de menos de 20 años acumularon en promedio 1,61 (±0,83) toneladas de carbono por hectárea al año durante los seis años del estudio, con los fragmentos más jóvenes llegando a 2,03 Mg C/ha/año. Extrapolado a las 69 km² del área de estudio, eso equivale a una ganancia neta de 45.000 toneladas de CO2 al año, el equivalente a la huella de carbono anual de 20.000 personas. Si se restaurara todo el potrero legalmente disponible en la región (770 km²), el estudio proyecta hasta 14,7 millones de toneladas de CO2 capturadas en 30 años. Begliomini lo resumió así: el método "permite ofrecer datos rápidos, a gran escala y confiables sobre el cambio en la estructura del bosque, lo que habilita contabilidad de carbono precisa y proyecciones de restauración" (traducción propia de su declaración a Cambridge).
Lo notable no es solo la cifra: es que se midió, no se estimó. La restauración pasiva (dejar que el bosque vuelva por sí solo, sin sembrar) suele subestimarse frente a la siembra activa porque es más difícil de monitorear. Comparar dos nubes de puntos LiDAR, árbol por árbol, resuelve exactamente ese problema de monitoreo.
Ver un árbol crecer, o morir, entre dos vuelos
La técnica no es exclusiva de Brasil ni nueva en su principio. Un estudio de 2018 publicado en Ecology and Evolution por Laura Duncanson y Ralph Dubayah, de la Universidad de Maryland, ya había demostrado el método base en un bosque templado de Sierra Nevada, California: comparando vuelos LiDAR de 2008 y 2013, lograron identificar y seguir 29.247 árboles individuales entre ambas fechas, midiendo cuánto creció cada copa y detectando una pérdida de árboles del 10,4% en cinco años (1,84% anual). Los árboles más bajos (~10 metros) crecieron unos 80 centímetros en el período; los más altos (más de 60 metros) casi no crecieron, un patrón esperable de senectud y competencia por luz.
Aplicada a gran escala, la misma lógica ya se usa para estimar mortalidad en el trópico. Un estudio de 2021 en Scientific Reports, de Ricardo Dalagnol, Fabien Wagner y colegas, analizó datos LiDAR aéreos sobre unos 2.300 km² repartidos en ocho países de la cuenca amazónica, incluida Colombia, comparando claros del dosel entre dos fechas para estimar la dinámica de muerte de árboles a escala regional. Encontraron que la fracción de claros nuevos por año variaba entre 0,65% en el norte y 0,89% en el sureste de la cuenca, con el déficit hídrico y la degradación forestal como factores que más explicaban esas diferencias regionales. El mismo estudio advierte una limitación honesta: el LiDAR detecta sobre todo árboles caídos o quebrados, no los que mueren en pie, así que subestima la mortalidad real medida en campo hasta en un 60%.

Qué podría significar para el monitoreo de bosques tropicales
Ninguno de estos estudios se hizo en Colombia, y eso hay que decirlo con la misma claridad con la que se cita el hallazgo: lo que existe hoy, documentado y citable, es la técnica (comparar nubes de puntos LiDAR de dos fechas para medir crecimiento y mortalidad árbol por árbol) aplicada en Brasil, en Estados Unidos y a escala de cuenca amazónica sin desagregar por país. La hipótesis, no el hallazgo, es que la misma técnica podría aplicarse a proyectos de restauración o compensación biótica en Colombia para verificar, con datos repetidos en el tiempo y no con una fórmula de crecimiento genérica, si un área realmente está acumulando la biomasa y el carbono que promete.
El obstáculo no es tecnológico, es logístico y de costo: un vuelo LiDAR aéreo no es barato, y el método exige repetirlo varios años después sobre exactamente la misma área, con corrección cuidadosa de las diferencias entre sensores. Eso limita hoy su uso a estudios de investigación y a programas con financiamiento sostenido, no a un monitoreo rutinario de bajo costo. Lo que el estudio de Cambridge sí deja claro es que, donde se puede pagar ese costo, la diferencia entre asumir una tasa de recuperación y medirla es sustancial: casi el doble en este caso.
Qué sigue
La pregunta que deja abierta este hallazgo no es si la restauración pasiva funciona (los datos de Brasil dicen que sí, y bastante rápido), sino cuántos programas de restauración en el trópico van a poder pagar el costo de medirlo con este nivel de detalle en lugar de asumirlo. Mientras el costo de los vuelos LiDAR siga bajando, cada nuevo par de vuelos repetidos sobre el mismo bosque es, literalmente, una prueba más de si la promesa de recuperación se está cumpliendo o no.
Juan Felipe Romero
Ecólogo
Soy ecólogo con posgrado en Administración Ambiental de Zonas Costeras y Máster en Restauración Ecológica, con más de 18 años de experiencia en planificación, gestión y desarrollo de soluciones tecnológicas ambientales.
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