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Biodiversidad

423 estudios, un mismo mensaje: perder especies recorta los servicios de los ecosistemas más de lo que se creía

La mayor síntesis hecha hasta ahora sobre biodiversidad y servicios ecosistémicos, publicada el 6 de octubre en Nature Ecology & Evolution, sugiere que la redundancia entre especies está sobreestimada. Qué midió, qué no y qué cambia para quien diseña un monitoreo.

Juan Felipe Romero12 min de lectura
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423 estudios, un mismo mensaje: perder especies recorta los servicios de los ecosistemas más de lo que se creía

La pregunta es vieja y práctica: ¿cuántas especies puede perder un ecosistema antes de dejar de cumplir su trabajo, filtrar agua, polinizar, almacenar carbono? Una síntesis publicada el 6 de octubre en Nature Ecology & Evolution responde con datos de todo el mundo: menos de las que se pensaba (Moffett et al., 2026).

El equipo reunió 423 estudios y los comparó con un mismo método. El hallazgo que más importa a quien mide biodiversidad para tomar decisiones es uno solo: la idea de que las especies se sustituyen unas a otras, de modo que perder algunas casi no se nota, aparece en los datos con menos fuerza de la que suele suponerse.

222.829Datos reunidos en 1.959 conjuntos de datos, extraídos de 423 artículos, para medir cómo la biodiversidad afecta funciones y servicios de los ecosistemas. Es más del doble que la mayor base anterior (Moffett et al., 2026).

Qué se comparó y dónde está el sesgo de los datos

La base combina evidencia experimental y observacional en sistemas terrestres, de agua dulce, marinos y estuarinos. Según el artículo, es "more than twice as large as the next largest database". Pero no está repartida de forma pareja:

Tipo de ecosistemaConjuntos de datos
Terrestre1.759
Agua dulce183
Marino153
Estuarino23

Fuente: pie de la Figura 1 de Moffett et al. (2026). Los propios autores anotan que los sitios de estudio son "predominantly terrestrial and located in developed countries", es decir, predominantemente terrestres y en países desarrollados. Hay que tenerlo presente al leer cualquier cifra: lo que se sabe del mar, y de los trópicos, descansa sobre muchos menos datos.

¿Cada especie cuenta, o sobran algunas?

Los ecólogos distinguen dos formas de la relación entre número de especies y servicio. En la lineal, cada especie aporta algo y perder una resta. En la saturante, pasado cierto número las demás son redundantes y el servicio casi no cambia. El estudio ajustó modelos a 23 categorías de servicios y funciones. El resultado: 11 se describen mejor con un modelo cuadrático, solo 2 con uno logarítmico, y las relaciones lineales resultaron "almost as common" como las saturantes.

Por tipo de servicio, los autores encuentran que los servicios de regulación (calidad del agua, regulación de riesgos, polinización) suelen ser lineales, lo que indica "a broad equivalent role for biodiversity". En cambio, el secuestro de carbono oceánico y el valor cultural de "aprendizaje e inspiración" saturan antes, lo que sugiere más redundancia entre especies.

Un abejorro y una abeja en una flor, vistos de cerca
La polinización es uno de los servicios de regulación que el estudio describe como típicamente lineales: cada especie polinizadora suma. Crédito: Jakub Fryš, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

La conclusión que sale de ahí está en el texto del artículo: ningún servicio puede crecer indefinidamente con la biodiversidad, pero los datos sugieren que los límites de saturación "have rarely been reached" en la literatura empírica, "implying functional redundancy may be overestimated". Hay una salvedad: en algunos sistemas la saturación llega rápido, como la descomposición en agua dulce.

Cuando una relación sí satura, el número de especies a partir del cual deja de ayudar también varía por medio:

EcosistemaEspecies en el punto de saturación (mediana ± desviación absoluta mediana)
Agua dulce~4 (± 2)
Terrestre~14 (± 9)
Marino~23 (± 17)

Fuente: Moffett et al. (2026). Los autores advierten que el rango es amplio y que el diseño del experimento, la escala y el hábitat también influyen.

El carbono azul: el efecto más fuerte y el dato más delgado

Al medir el tamaño del efecto (una correlación transformada, Zr), el secuestro de carbono oceánico muestra la respuesta más fuerte a la biodiversidad de todas las categorías: Zr de 1,48, que el texto califica de "very strong". El de regulación de la calidad del aire, en cambio, es de -0,03.

El propio artículo pone el freno: esa categoría tiene apenas 7 conjuntos de datos, frente a 154 del carbono terrestre, y el resultado "should be interpreted cautiously". Si la cifra se sostiene, tendría una consecuencia directa para los proyectos de carbono azul: los autores sostienen que su viabilidad exigirá ir más allá de preservar el hábitat y sumar la biodiversidad como componente explícito.

Lo que no depende de cuántas especies haya

No todo sube con la biodiversidad. La regulación de riesgos, como la protección contra inundaciones y erosión, mostró un efecto de Zr = 0 en el análisis de tamaño del efecto. Los autores lo atribuyen a que el servicio lo prestan una o dos especies fundacionales. El ejemplo que dan son las dunas, estabilizadas por uno o dos arbustos clave que forman una barrera natural.

Raíces aéreas de mangle entrelazadas sobre agua poco profunda
Raíces de mangle. El estudio no analiza manglares: su ejemplo de especie fundacional son los arbustos de las dunas. En costas tropicales, el mangle cumple un papel parecido de barrera, pero esa comparación es de este artículo, no de los autores. Crédito: Jonathan Wilkins, CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons.

Ojo con el matiz que añaden: aunque la protección dependa de pocas especies, mantener la biodiversidad más amplia puede seguir siendo importante para que esas especies persistan. Dicho de otro modo, que el efecto sea cero en la estadística no autoriza a prescindir del resto de la comunidad.

Cuatro límites que conviene leer antes de citar el estudio

  • La mayoría de las relaciones explican poco. Casi todas muestran valores de r² bajos a moderados (por ejemplo, menores de 0,4). La biodiversidad es un factor importante pero dependiente del contexto, no un interruptor.
  • La escala cambia el resultado. Los efectos se hacen más visibles en áreas mayores, aunque para regulación de riesgos, productividad primaria y renovación de biomasa ocurre lo contrario.
  • El tipo de estudio importa. Los observacionales mostraron efectos algo más fuertes que los experimentales, aunque la diferencia es pequeña.
  • Faltan datos de agua dulce, mar y escalas de paisaje. Los autores lo dicen: algunos patrones podrían cambiar cuando haya más datos de esos sistemas.

Qué significa para quien mide, compensa o reporta biodiversidad

Lo que sigue es análisis propio, no una conclusión de los autores. Un indicador de riqueza de especies, como el índice de Shannon, describe cuántas especies hay y qué tan parejas están, pero no dice qué servicio prestan. El estudio sugiere dos cuidados al usarlo en una línea base:

  1. No dar por sentado que la pérdida de unas pocas especies es inocua. Si la redundancia está sobreestimada, el argumento de "quedan muchas otras que cumplen la función" necesita evidencia propia del ecosistema evaluado.
  2. Medir el servicio, no solo la lista de especies. Cuando un proyecto promete conservar un servicio (agua, polinización, carbono), conviene monitorear la variable del servicio, además del inventario.

También toca a los mercados. En los debates sobre créditos de carbono frente a créditos de biodiversidad, este tipo de evidencia apunta a que una tonelada de carbono y una especie protegida no son unidades intercambiables, y que el carbono marino podría depender de comunidades diversas.

Una conclusión

El valor del estudio no está en afirmar que todo importa, sino en desmentir una comodidad: la de suponer que siempre sobran especies. Con datos aún sesgados hacia tierra firme y países ricos, la lectura prudente es que el margen de seguridad de los ecosistemas es más estrecho de lo que se usaba como supuesto en la gestión, y que cada diseño de monitoreo debería poder demostrar el suyo.


Portada: pradera de Posidonia oceanica y banco de salemas (Calanque de Sormiou, Francia, 2022). Karim saari, CC BY 4.0, vía Wikimedia Commons.

Juan Felipe Romero

Ecólogo

Soy ecólogo con posgrado en Administración Ambiental de Zonas Costeras y Máster en Restauración Ecológica, con más de 18 años de experiencia en planificación, gestión y desarrollo de soluciones tecnológicas ambientales.

Este artículo se redactó con apoyo de inteligencia artificial, bajo dirección editorial de Juan Felipe Romero.

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