Conectividad de campo
El sensor implantado en el cuerno de un rinoceronte ya transmite su ubicación sin gastar ni un megabyte de internet
Redes LoRaWAN ya cubren 2,8 millones de hectáreas de reservas africanas sin usar celular ni internet, y la conectividad satelital para sensores remotos entra en una nueva fase tras el cierre de Swarm en 2025. Qué podría significar esa combinación para el monitoreo en zonas sin señal.
En Tanzania, desde septiembre de 2017, un sensor del tamaño de una moneda implantado dentro del cuerno de un rinoceronte negro reporta su ubicación varias veces por hora a un equipo de guardaparques, frente a las una o dos veces al día que ofrecían los collares GPS anteriores. El dispositivo, instalado por Internet of Life y la fundación ShadowView, no usa datos móviles ni wifi: se comunica por radio de largo alcance (LoRaWAN) con antenas terrestres capaces de captar la señal hasta 30 kilómetros de distancia.
Por qué esto importa más allá de un rinoceronte
Ese mismo tipo de red hoy cubre 2,8 millones de hectáreas de reservas en Kenia, Sudáfrica y Uganda, con la meta declarada de llegar a 20 millones de hectáreas para 2030. Es la red LoRaWAN de conservación más grande del mundo, según Actility, la empresa que la opera junto con la Connected Conservation Foundation. Nació como un piloto en 2019 en la reserva Lewa de Kenia y hoy conecta cerca de 1.000 sensores en 35 áreas protegidas comunitarias y privadas.
La cifra de MinTIC habla de hogares, no de sitios de monitoreo ambiental, así que el panorama real en un punto de muestreo dentro de un bosque o un páramo suele ser peor, no mejor, que el de una vivienda rural cerca de una vía. Ese es exactamente el vacío que las redes LoRaWAN y la conectividad satelital para sensores intentan cerrar en otras partes del mundo.
Una red que no necesita torre celular ni fibra
LoRaWAN es una tecnología de radio de bajo consumo y largo alcance: un sensor envía paquetes pequeños de datos (una ubicación, una lectura de temperatura, una alerta) a una antena receptora llamada gateway, que puede estar a varios kilómetros de distancia sin necesidad de línea de vista directa. No hace falta una torre de celular ni una conexión a internet en el punto donde está el sensor, solo en el gateway que agrega los datos.
En el caso de los rinocerontes, los sensores usan gateways Kerlink WirnetTM iBTS Compact de 868 MHz y un solucionador de geolocalización de Semtech que calcula la posición sin necesidad de un chip GPS dedicado dentro del sensor, lo que alarga la vida útil de la batería frente a un collar GPS convencional.

La red africana monitorea, además de rinocerontes, humedad del suelo, niveles de agua, migraciones de fauna y amenazas de seguridad, y envía todo eso a plataformas como EarthRanger para que los equipos de manejo lo vean en un solo tablero.
El límite que el propio LoRa Alliance reconoce
LoRaWAN resuelve el problema de la torre celular, pero no resuelve el problema del gateway: si no hay ninguna antena receptora en un radio de 30 o 40 kilómetros, el sensor sigue aislado. Eso importa en territorios verdaderamente remotos, donde ni siquiera vale la pena instalar un gateway fijo.
Consciente de esa brecha, el LoRa Alliance publicó en 2024 una hoja de ruta hasta 2027 que incluye capacidades de red no terrestre (NTN): la posibilidad de que un sensor LoRaWAN hable directamente con un satélite cuando no encuentra un gateway terrestre cerca, en vez de quedarse mudo. La hoja de ruta también contempla mecanismos de relevo entre sensores para ampliar el alcance en aplicaciones donde la cobertura es intermitente, como redes de sensores remotos o de servicios públicos.
| Tecnología | Alcance típico | Qué necesita en el sitio | Costo relativo | Mejor para |
|---|---|---|---|---|
| LoRaWAN terrestre | Hasta ~30 km con línea de vista | Un gateway en la zona | Bajo | Reservas o corredores con al menos un punto de acceso cercano |
| LoRaWAN + relevo (mesh) | Extiende el alcance salto a salto | Varios sensores actuando como repetidores | Bajo a medio | Terreno accidentado donde un solo gateway no cubre todo |
| IoT satelital | Cobertura global | Nada más que cielo despejado sobre el sensor | Medio a alto | Sitios sin ningún gateway ni cobertura celular cercana |
La conectividad satelital para sensores, después del colapso de Swarm
Aquí conviene ser honesto sobre lo volátil que es este mercado todavía. Swarm Technologies, fundada en 2016, construyó una constelación de 150 satélites diminutos (del tamaño de una tarjeta, en formato CubeSat 0.25U) pensada específicamente para conectar sensores baratos en zonas remotas. SpaceX la compró en julio de 2021 por 524 millones de dólares. Su promesa, según su propia comunicación con Semtech, era ofrecer conectividad satelital de 4 a 20 veces más barata que las soluciones tradicionales tipo Iridium.
Un caso real que usó esa red: SweetSense, una empresa de monitoreo de infraestructura, instaló sensores solares en pozos de agua en Turkana, Kenia, que reportaban por satélite Swarm si una bomba estaba dañada o el caudal era bajo, sin que nadie tuviera que visitar el pozo para saberlo.
Ese futuro se truncó. Swarm dejó de vender dispositivos nuevos en julio de 2023, notificó el fin de vida del servicio a sus clientes en septiembre de 2024 y discontinuó por completo el servicio comercial en marzo de 2025, redirigiendo su sitio web a la página de Direct to Cell de SpaceX. Varios clientes que habían diseñado productos con vida útil de diez años alrededor del módulo de Swarm se quedaron sin una ruta de migración automática.

Lo que llena ese vacío en 2026 no es un solo actor, sino varios compitiendo al tiempo:
- Iridium lanzó en febrero de 2026 el módulo 9604, que combina en un solo chip su servicio satelital de mensajes cortos (SBD), conectividad celular LTE-M y posicionamiento GNSS, con selección automática de red según la cobertura disponible. Estará disponible comercialmente desde junio de 2026.
- Starlink Direct to Cell, de SpaceX, empezó a habilitar conectividad para dispositivos IoT (agrícolas, de infraestructura, de monitoreo ambiental) durante 2025 y 2026, aunque los módulos de hardware pensados específicamente para eso todavía están en una fase temprana.
- Rainforest Connection, la organización que ya monitorea más de 750.000 hectáreas de bosque con sensores acústicos solares, anuncia que su dispositivo Guardian 3 es compatible con Starlink, una señal de que la industria de monitoreo de biodiversidad ya está integrando conectividad satelital de forma activa, no solo como idea.
Qué podría cambiar para el monitoreo en zonas sin señal
Todo lo anterior (LoRaWAN operando sin celular, procesamiento en el propio sensor, y ahora chips que eligen solos entre red celular y satélite) es real y está documentado. Lo que sigue es una hipótesis propia, no un hecho: combinar esas tres capas podría hacer viable un monitoreo autónomo en ecosistemas colombianos sin ningún tipo de cobertura, como tramos profundos de la Amazonía, sectores del Pacífico chocoano o algunos complejos de páramo alejados de vías.
La lógica sería la siguiente: sensores de campo (cámaras, grabadoras acústicas, estaciones de calidad de agua) que procesan localmente lo que capturan, se comunican entre sí por LoRaWAN en modo relevo para extender el alcance de un solo gateway, y ese gateway o el propio sensor recurre a un enlace satelital solo cuando de verdad no hay nada más cerca. Eso permitiría enviar apenas los hallazgos relevantes (una alerta de tala, un registro de una especie amenazada, una lectura fuera de rango) en vez de transmitir un flujo constante de datos crudos que ningún enlace remoto barato podría cargar.
Nada de esto está ya funcionando así, de punta a punta, para un sitio de monitoreo de biodiversidad en Colombia hasta donde encontré documentado. Es una extrapolación razonable a partir de piezas que sí existen por separado (la red LoRaWAN africana, el chip híbrido de Iridium, el Guardian compatible con Starlink), no un sistema ya construido y probado con esa arquitectura completa.
Qué significa esto para quien diseña una red de sensores hoy
El colapso de Swarm deja una lección concreta más allá de la anécdota: cualquier decisión de conectividad satelital hoy hereda el riesgo de que el proveedor cambie de estrategia antes de que el hardware instalado en campo termine su vida útil. Un sensor diseñado para durar diez años, atado a un solo proveedor satelital, corre el mismo riesgo que corrieron los clientes de Swarm en 2023. La respuesta razonable no es evitar la conectividad satelital, es evitar depender de un único proveedor sin plan de salida, algo que el propio módulo híbrido de Iridium (que combina celular y satélite en un solo chip) sugiere que la industria ya está tomando en serio.
Para quien diseña hoy una red de monitoreo en una zona remota, la pregunta ya no es solo "¿cabe un sensor aquí?", sino "¿qué capa de conectividad necesita realmente este punto, y qué pasa si esa capa desaparece en cinco años?". Esa pregunta, hace apenas un lustro, ni siquiera existía como opción de diseño.
Cierre
La conectividad para sensores de biodiversidad dejó de ser una sola respuesta (LoRa o satélite) para convertirse en una decisión de ingeniería capa por capa, con LoRaWAN resolviendo el corto alcance sin infraestructura celular y el satélite entrando solo donde ni eso alcanza. Que esa combinación todavía no exista, integrada y probada, para un ecosistema colombiano concreto no es una limitación técnica insalvable: es, sencillamente, trabajo que todavía nadie ha hecho público.
Juan Felipe Romero
Ecólogo
Soy ecólogo con posgrado en Administración Ambiental de Zonas Costeras y Máster en Restauración Ecológica, con más de 18 años de experiencia en planificación, gestión y desarrollo de soluciones tecnológicas ambientales.
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