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Biodiversidad

Informe Planeta Vivo 2026: la fauna monitoreada cayó 73 % en promedio desde 1970 y América Latina marca el peor registro, 95 %

WWF y la Sociedad Zoológica de Londres publicaron el Informe Planeta Vivo 2026. Qué mide de verdad el índice, por qué América Latina y el Caribe tiene la caída más fuerte (95 %), qué especies se recuperaron y qué dice el informe sobre 2030.

Juan Felipe Romero9 min de lectura
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Informe Planeta Vivo 2026: la fauna monitoreada cayó 73 % en promedio desde 1970 y América Latina marca el peor registro, 95 %

La cifra que va a circular esta semana es 73 %: la caída promedio del tamaño de las poblaciones de vertebrados que el Informe Planeta Vivo 2026, publicado en octubre por WWF con la Sociedad Zoológica de Londres (ZSL), sigue entre 1970 y 2022. La que casi nadie va a leer con calma es otra: en América Latina y el Caribe el índice cayó 95 %, el ritmo de cambio más rápido de cualquier región desde 1970 según el propio informe.

Ninguna de las dos cifras significa lo que el titular sugiere. Y entender bien qué miden decide si sirven para tomar decisiones o solo para asustar.

95 %Caída del Índice Planeta Vivo para América Latina y el Caribe entre 1970 y 2022 (rango: -97 % a -91 %), con 4.737 poblaciones de 1.405 especies. Es el ritmo de cambio más rápido entre las regiones analizadas (Informe Planeta Vivo 2026, WWF/ZSL).

Qué mide el índice y qué no mide

El Índice Planeta Vivo (LPI, por sus siglas en inglés) sigue 35.803 poblaciones de 5.790 especies de vertebrados (anfibios, aves, peces, mamíferos y reptiles) y calcula cuánto cambió, en promedio, su tamaño. El resultado global es una caída de 73,2 % (rango: -78 % a -67 %) entre 1970 y 2022, un promedio de 2,5 % menos por año.

El informe dedica un recuadro entero a corregir las lecturas equivocadas. Se resumen en tres:

  • No son 73 % menos animales. En sus palabras, el LPI "mide cambios en la abundancia relativa, no el número total de animales". Una población pequeña pesa igual que una de miles.
  • No es que el 73 % de las especies esté en declive. Cerca de la mitad de las poblaciones estudiadas están estables o aumentando; esas ganancias quedan por debajo de la magnitud de las pérdidas en el promedio.
  • No significa que nada cambió en dos años. La edición de 2024 reportó 72,9 % y esta 73,2 %, pero el informe aclara que eso no implica que los tamaños promedio se hayan estabilizado: cada edición suma datos nuevos (esta añadió 967 poblaciones y 295 especies), así que las cifras entre ediciones no se comparan como una serie.

Hay además un sesgo que el informe reconoce de frente: las especies de regiones templadas están mejor representadas en los monitoreos de largo plazo que las del trópico, que han tenido caídas más fuertes desde 1970.

Dónde cae más: la tabla por región y ecosistema

GrupoCaída 1970 a 2022Rango
América Latina y el Caribe95 %-97 % a -91 %
Agua dulce85 %-90 % a -77 %
África80 %-91 % a -57 %
Global73 %-78 % a -67 %
Terrestre69 %-78 % a -57 %
Marino59 %-69 % a -45 %
Asia y el Pacífico49 %-72 % a -8 %
Norteamérica28 %-51 % a +5 %
Europa y Asia Central23 %-37 % a -3 %

Un detalle metodológico que cambia la lectura: los índices regionales cubren solo poblaciones terrestres y de agua dulce, y México se agrupa con América Latina y el Caribe y no con Norteamérica "para reflejar trayectorias de cambio ambiental compartidas". Por eso la comparación entre una región y un tipo de ecosistema, como en la tabla, es orientativa y no una clasificación estricta.

Gráfico de barras horizontales con la caída del Índice Planeta Vivo por región y ecosistema; América Latina y el Caribe encabeza con 95 por ciento
América Latina y el Caribe encabeza la lista; Europa y Asia Central cierra con 23 %. Los rangos de incertidumbre están en la tabla. Crédito: Gráfico propio con datos del Informe Planeta Vivo 2026 (WWF/ZSL).

Por qué América Latina cae más que el resto

El informe atribuye el resultado a una suma de presiones: la conversión de pastizales, bosques y humedales, la construcción de represas en ríos, la sobreexplotación de especies y, "más que en otras regiones", el cambio climático y las enfermedades. En anfibios las causas se combinan: el cambio climático hace a las especies más vulnerables a infecciones.

Hay una razón de contexto que conviene no pasar por alto. El texto señala que la región alberga seis de los siete países megadiversos de las Américas. Más especies endémicas y más poblaciones sensibles significan que cada pérdida pesa más en el promedio. Y la posición de Europa al final de la tabla tiene su propia explicación: el informe señala que, como en Norteamérica, buena parte de su biodiversidad ya estaba en peor estado en 1970, el año base, y que varias especies de mamíferos y aves se han recuperado gracias a medidas de conservación.

El agua dulce merece su propia nota: cae 85 %, un promedio de 3,6 % por año, la tasa más alta entre los grandes ecosistemas. Para quien trabaja en proyectos de ríos, humedales o represas, ese es el dato incómodo del informe.

Delfín rosado del Amazonas (boto) asomando sobre la superficie del agua
El delfín rosado o boto (Inia geoffrensis) vive en los ríos de las cuencas del Amazonas y el Orinoco, un ejemplo de fauna de agua dulce de la región. Crédito: Julien Renoult, CC BY 4.0, vía Wikimedia Commons.

Lo que sí se recuperó, y cuánto tardó

El subtítulo del informe es "La ciencia de la esperanza", y no es retórica vacía: documenta recuperaciones concretas.

  • Tigres: en 2010 quedaban cerca de 3.200 ejemplares silvestres; hacia 2025 había unos 5.700, un aumento de más de 70 %.
  • Atún rojo del Atlántico y del Pacífico: tras décadas de sobrepesca, ninguno de los dos se considera ya amenazado.
  • Tortuga verde: en 2025 fue la primera tortuga marina que pasó de En Peligro a Preocupación Menor, después de 50 años de trabajo en más de 80 países con playas de anidación.
  • Elefantes del sur de África: estables o en crecimiento en muchos lugares donde las comunidades locales lideran el manejo de la tierra.

La frase que mejor resume el hallazgo es otra: esas recuperaciones "tomaron décadas". Tuvieron en común una meta clara, un plan abierto a revisión y personas dispuestas a seguir sin saber si funcionaría.

Tortuga verde nadando en aguas de las islas Galápagos
Tortuga verde (Chelonia mydas) en Galápagos. En 2025 pasó de En Peligro a Preocupación Menor en la Lista Roja de la UICN. Crédito: MasterfulNerd, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

2030: qué piden el informe y qué implica para quien monitorea

El informe sostiene que el sistema de energía ya cruzó un "punto de inflexión positivo" y está en fase de aceleración, mientras que los sistemas de alimentos y de finanzas siguen en la "fase habilitante" y deben alcanzar el suyo dentro de esta década para que las metas de 2030 del Marco Mundial de Biodiversidad sigan al alcance. Entre las acciones que menciona están reorientar los subsidios que hoy causan daño ambiental y exigir a las entidades financieras que revelen cómo afectan a la naturaleza.

Para quien diseña, ejecuta o audita monitoreo de biodiversidad, hay tres implicaciones prácticas:

  1. El dato de base manda. Un índice solo es tan bueno como las poblaciones que se siguen. Las series largas del trópico son escasas, y cada serie bien documentada y publicada mejora la lectura regional.
  2. El promedio esconde. El propio informe advierte que otros peces marinos, como los tiburones y las rayas, siguen cayendo con fuerza y que eso "no es evidente en un promedio global". Reportar solo el índice agregado de un proyecto puede ocultar las especies que sí están en problemas.
  3. La comparabilidad es una decisión de diseño. Si las ediciones del LPI no son directamente comparables porque cambian los datos, un monitoreo local que cambia de método o de sitios a mitad de camino tampoco lo será.

La COP17 del Convenio sobre la Diversidad Biológica empieza la próxima semana en Ereván y llegará con este informe sobre la mesa; el panorama de uno de los países más biodiversos de la región ya lo revisamos en el séptimo informe nacional de Colombia ante el Convenio. Para entender cómo se genera el tipo de dato que alimenta estos índices, la guía de diseño de muestreo con cámaras trampa explica el paso previo.

Una conclusión

El 95 % de América Latina no dice que la región perdió casi toda su fauna: dice que, entre las poblaciones que alguien se tomó el trabajo de contar, la tendencia promedio es la peor del planeta. Esa distinción importa porque apunta a dónde está la tarea: sostener los monitoreos que ya existen, publicar los que no se han publicado y no esperar a 2030 para descubrir que la meta se perdió por falta de datos, no por falta de especies.


Portada: delfín rosado o boto (Inia geoffrensis), Julien Renoult, CC BY 4.0, vía Wikimedia Commons.

Juan Felipe Romero

Ecólogo

Soy ecólogo con posgrado en Administración Ambiental de Zonas Costeras y Máster en Restauración Ecológica, con más de 18 años de experiencia en planificación, gestión y desarrollo de soluciones tecnológicas ambientales.

Este artículo se redactó con apoyo de inteligencia artificial, bajo dirección editorial de Juan Felipe Romero.

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