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Un cable de fibra óptica para internet ya detecta ballenas azules aunque no emitan un solo sonido

Un estudio publicado en PNAS en junio de 2026 detectó ballenas azules silenciosas usando un cable de fibra óptica submarino en Svalbard, el mismo tipo de infraestructura de telecomunicaciones que ya cruza los océanos del planeta.

Juan Felipe Romero9 min de lectura
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Un cable de fibra óptica para internet ya detecta ballenas azules aunque no emitan un solo sonido

En junio de 2026, un equipo de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU) publicó algo que hasta hace poco sonaba a límite técnico imposible: detectaron una ballena azul nadando bajo el agua sin que emitiera ningún sonido, usando el mismo cable de fibra óptica que hoy lleva internet a una comunidad remota del Ártico. El hallazgo, publicado en PNAS el 24 de junio de 2026, no depende de escuchar cantos ni vocalizaciones: mide el simple movimiento del agua que desplaza el cuerpo del animal al nadar.

Por qué "silenciosa" es la palabra clave

Casi todo el monitoreo acústico de cetáceos hasta ahora depende de que el animal vocalice: un canto de ballena jorobada, un clic de cachalote, una llamada de contacto. Eso deja fuera a cualquier animal que simplemente esté nadando en silencio, que es la mayor parte del tiempo para muchas especies.

El equipo noruego, liderado por Robin André Rørstadbotnen y Martin Landrø, usó un método distinto: sensado acústico distribuido (DAS, por su sigla en inglés), una técnica que convierte kilómetros de fibra óptica en miles de micrófonos virtuales, uno cada pocos metros a lo largo de todo el cable. En vez de escuchar sonido, el sistema detecta las diminutas deformaciones que cualquier fuente de presión, incluido el cuerpo de una ballena desplazando agua al nadar, provoca en la fibra.

40 metrosEs la distancia máxima a la que el estudio logró detectar una ballena azul completamente silenciosa desde el cable de fibra óptica, según el propio paper publicado en PNAS.

Los investigadores confirman el hallazgo en el propio texto del estudio: "es posible detectar ballenas azules silenciosas dentro de un rango de 40 m del cable", midiendo los campos de presión hidrodinámica y velocidad que genera el movimiento del animal, no su vocalización.

Cable de fibra óptica submarino en Svalbard antes de su tendido
El estudio no usó un cable de investigación construido para este fin: aprovechó infraestructura de telecomunicaciones ya existente, del mismo tipo que conecta Svalbard con el continente. Crédito: Bjoertvedt vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0).

Trece ballenas, ni una cantando

El experimento se hizo en los fiordos entre Longyearbyen y Ny-Ålesund, en el archipiélago noruego de Svalbard. Usando datos de tráfico marítimo (AIS) para calibrar el sistema y la ecuación de colapso de burbujas formulada por Lord Rayleigh en 1917 para modelar el desplazamiento de agua, el equipo procesó el registro continuo del cable y aisló señales de baja frecuencia compatibles con el movimiento de un cuerpo grande bajo el agua.

El resultado: el propio paper indica que "seleccionamos 13 firmas etiquetadas para análisis posterior", correspondientes a otras tantas ballenas azules individuales. A partir del modelo de mecánica de fluidos, el equipo estimó velocidades de nado de entre 2,8 y 3,8 m/s, con un valor atípico de 5,1 m/s, y ubicó a los 13 animales entre los 21 y los 40 metros de profundidad respecto al cable, el límite de sensibilidad del método actual.

Ninguna de las 13 detecciones correspondió a un canto o vocalización: las 13 ballenas fueron identificadas únicamente por el desplazamiento de agua de su propio cuerpo.

Vista del asentamiento de Ny-Ålesund en Svalbard durante el verano
Ny-Ålesund, uno de los dos extremos del tramo de fiordo donde se hizo el experimento: la infraestructura de telecomunicaciones que conecta esta base científica con el continente fue la que terminó funcionando como sensor de fauna marina. Crédito: Jens Kube vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0).

Una red que ya existe, no una que hay que construir

Lo que hace interesante este resultado no es solo la sensibilidad del método: es que no exige tender un solo metro de cable nuevo. Como resume el propio estudio, los cables de fibra óptica ya recorren buena parte de los océanos del planeta, transportando desde llamadas telefónicas hasta transacciones bancarias. El sistema DAS se conecta a un extremo de un cable de telecomunicaciones ya instalado y convierte esa infraestructura, sin modificarla físicamente, en un sensor sísmico y acústico continuo a lo largo de toda su longitud.

Esta no es la primera vez que se explora esta idea. Un estudio en Scientific Reports usó DAS para monitorear el paisaje sonoro de un arrecife de coral, y en octubre de 2025 se tendieron menos de dos kilómetros de fibra frente a las islas San Juan, en el estado de Washington, específicamente para monitorear especies marinas en peligro con esta técnica, según reportó UW Bothell. Lo distinto del caso de Svalbard es que el resultado no depende de que el animal haga ruido: abre la puerta a contar y rastrear ballenas silenciosas, no solo a las que cantan.

Qué significa esto y qué falta por resolver

El alcance de 40 metros es, por ahora, una limitación real: solo capta ballenas que pasan relativamente cerca del cable, y el método fue validado con una sola especie (ballena azul) en un solo tramo de fiordo. El propio equipo depende de datos AIS de tráfico marítimo para calibrar sus modelos, lo que significa que la técnica está probada en una zona con navegación relativamente controlada, no en mar abierto.

Aun así, la implicación de fondo es sencilla de entender: la mayoría de las rutas de fibra óptica submarina del planeta ya atraviesan corredores donde nadan cetáceos, y hasta ahora esa infraestructura solo transportaba datos, sin registrar nada de lo que ocurre alrededor del cable. Si el rango de detección mejora en próximas generaciones del método (algo que el propio estudio plantea como línea de trabajo, sin datos todavía), la pregunta relevante deja de ser si hay que instalar sensores nuevos para monitorear fauna marina y pasa a ser cuántos de los cables que ya existen se pueden aprovechar para ese fin, sin que las compañías de telecomunicaciones dejen de usarlos para lo que fueron instalados.

Juan Felipe Romero

Ecólogo

Soy ecólogo con posgrado en Administración Ambiental de Zonas Costeras y Máster en Restauración Ecológica, con más de 18 años de experiencia en planificación, gestión y desarrollo de soluciones tecnológicas ambientales.

Este artículo se redactó con apoyo de inteligencia artificial, bajo dirección editorial de Juan Felipe Romero.

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