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Monitoreo comunitario

Pescadores grabaron el rugido de un pez en peligro crítico y con eso decidieron dónde protegerlo

En Sian Ka'an, una cooperativa pesquera mexicana lleva desde 2015 grabando con hidrófonos las vocalizaciones de cortejo del mero del Caribe, una especie en peligro crítico, para decidir dónde y cuándo cerrar la pesca antes de que el agua más caliente termine de desordenar su reproducción.

Juan Felipe Romero13 min de lectura
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Pescadores grabaron el rugido de un pez en peligro crítico y con eso decidieron dónde protegerlo

Entre enero y marzo, bajo la luna llena, el mero del Caribe abandona su aislamiento habitual y se congrega por miles en apenas media docena de sitios del arrecife para desovar. Es el único momento del año en que la especie se reproduce, y durante siglos esa certeza (mismo lugar, misma luna) fue también su condena: bastaba con saber dónde y cuándo llegar con la red. Hoy una cooperativa de 400 habitantes en el Caribe mexicano usa hidrófonos para escuchar ese mismo momento, no para pescarlo, sino para protegerlo.

Por qué importa ahora

El mero del Caribe (Epinephelus striatus) está clasificado En Peligro Crítico por la Lista Roja de la UICN, que documenta una caída del 60% de su población en 30 años y lo subió de categoría en 2018 tras confirmar el colapso de varios sitios históricos de agregación reproductiva. La causa principal fue décadas de pesca dirigida justo a esas agregaciones, el momento más vulnerable y más predecible de toda su vida.

82%de reducción proyectada en el hábitat disponible para las agregaciones de desove del mero del Caribe hacia fin de siglo, en un escenario de cambio climático sin mitigación (Asch & Erisman, 2018, Diversity and Distributions)

Ahora se suma una segunda amenaza, más difícil de vigilar porque no depende de una sola decisión humana: el calentamiento del océano. Un estudio de 2018 publicado en la revista Diversity and Distributions por Rebecca Asch (East Carolina University) y Brad Erisman (Universidad de Texas en Austin), resumido por el Sistema de Información sobre Biodiversidad Oceánica (OBIS), encontró que las agregaciones de desove ocurren en un nicho térmico más estrecho que el del resto de la vida del pez, y proyectó que ese hábitat térmico específico podría reducirse un 82% hacia finales de siglo bajo un escenario climático de continuidad de las emisiones actuales.

Lo que los pescadores notaron antes que nadie

En Punta Allen, dentro de la Reserva de la Biosfera de Sian Ka'an, la Cooperativa Pesquera Vigía Chico lleva más de una década observando de cerca ese mismo fenómeno. En 2015 sus integrantes crearon el Centro Comunitario de Investigación y Monitoreo Submarino (CECIMS), según reportó Mongabay Latam el 23 de septiembre de 2026, después de notar que el aumento de temperatura del agua estaba alterando el comportamiento reproductivo habitual de la especie en sus dos zonas de refugio pesquero, Niche Habin y San Juan, de entre 15 y 17 km² cada una.

Para documentarlo con algo más sólido que la observación directa, instalaron hidrófonos en el fondo marino: entre 2017 y 2025 acumularon más de 8.000 minutos de grabaciones submarinas, con temporadas en las que registraron hasta 3.000 individuos agregados a la vez. Las grabaciones confirmaron algo que los pescadores más veteranos ya intuían por experiencia propia: la actividad reproductiva se intensifica justo al caer el sol.

Mero del Caribe (Epinephelus striatus) nadando cerca de un arrecife
El mero del Caribe se reproduce una sola vez al año, congregándose por miles en unos pocos sitios fijos del arrecife bajo la luna llena. Imagen: David J. Stang, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.Crédito: David J. Stang, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

El algoritmo que aísla el rugido

Escuchar 8.000 minutos de audio submarino uno por uno no es viable para una cooperativa pesquera sin presupuesto de investigación. Por eso Vigía Chico se apoyó en Laurent Cherubin, investigador de la Universidad Atlántica de Florida (FAU), cuyo laboratorio en el Harbor Branch Oceanographic Institute desarrolló FADAR, una aplicación basada en inteligencia artificial capaz de analizar grandes volúmenes de grabaciones oceánicas para identificar el canto de cortejo específico de distintas especies de mero, incluido el del Caribe. El propio Cherubin ya había publicado en 2018, en el Journal of the Acoustical Society of America, un método de clasificación automática de vocalizaciones de mero mediante monitoreo acústico pasivo con hidrófonos fijos.

Con ese apoyo técnico, los buzos monitores de la cooperativa pueden comprobar con precisión cuándo y dónde se están congregando los peces para reproducirse, en vez de depender solo de la observación visual directa en el agua. Esos datos alimentan un reporte que se presenta cada año en asamblea ante toda la cooperativa y se comparte con las autoridades que administran la reserva.

Lo que la evidencia ya cambió sobre el terreno

Los datos acústicos no se quedaron en un archivo de investigación. Se tradujeron en un cambio de gestión pesquera concreto y verificable:

IndicadorCifra documentada
Grabación submarina acumulada (2017-2025)Más de 8.000 minutos
Individuos registrados en una sola temporadaHasta 3.000
Detenciones por pesca ilegal en la zonaMás de 50 personas identificadas y detenidas
Sitios de agregación conocidos por pescadores veteranos28 sitios históricos
Sitios de agregación confirmados científicamente en Quintana Roo6 sitios
Recuperación en un sitio antes vacíoMás de 100 individuos vueltos a registrar

Cifras reportadas por Mongabay Latam (23 de septiembre de 2026) a partir del trabajo de campo de CECIMS y la Cooperativa Vigía Chico.

La regulación oficial mexicana ya incorpora parte de ese conocimiento acumulado: la Norma Oficial Mexicana NOM-065-PESC-2006, que regula el aprovechamiento de las especies de mero en el litoral del Golfo de México y el Caribe mexicano, fija una talla mínima de captura de 36,3 centímetros, por debajo de los 38 a 50 centímetros en que la especie alcanza su madurez sexual. A eso se suma una veda estacional decretada en el Diario Oficial de la Federación, vigente del 1 de febrero al 31 de marzo, que cubre justamente la ventana de reproducción bajo luna llena que documentan los hidrófonos de Punta Allen.

Vista costera de Punta Allen, dentro de la Reserva de la Biosfera de Sian Ka'an, México
Punta Allen, la comunidad de 400 habitantes donde opera la Cooperativa Pesquera Vigía Chico, dentro de las más de 650.000 hectáreas de la Reserva de la Biosfera de Sian Ka'an. Imagen: Oogstweg, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.Crédito: Oogstweg, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

Qué significa esto para otras comunidades pesqueras

El caso de Vigía Chico es puntual (una sola cooperativa, un tramo acotado del Caribe mexicano), pero el problema que resuelve no lo es: la reproducción concentrada en pocos sitios y fechas predecibles es una característica que comparten decenas de especies de meros y pargos en aguas tropicales de todo el planeta, no solo del Caribe. Donde exista una agregación de desove conocida, la misma lógica aplicaría sin depender de tecnología cara: un hidrófono fijo cuesta una fracción de lo que cuesta mantener vigilancia humana permanente en el agua, y no hace falta ser una institución científica para operarlo si existe, como en este caso, una alianza con un laboratorio universitario dispuesto a compartir el análisis.

Lo que hace el caso más significativo es la dirección del dato: no es una universidad monitoreando a una comunidad, es una cooperativa de pescadores decidiendo, con su propia evidencia acústica, cuándo cerrar la pesca en su propio territorio, y llevando esa evidencia a la mesa donde se toman las decisiones de manejo. Eso cambia quién tiene la última palabra sobre el recurso del que depende su sustento.

Ningún hidrófono va a bajar por sí solo la temperatura del agua ni va a ensanchar de nuevo el estrecho margen térmico en el que esta especie logra reproducirse. Pero si la proyección de pérdida de hábitat de desove se cumple, la diferencia entre un mero del Caribe que sobrevive el siglo y uno que no dependerá, en buena parte, de si alguien está escuchando cuándo y dónde ocurre lo poco que le queda de margen para reproducirse.


Portada: mero del Caribe (Epinephelus striatus). Imagen: OAR/National Undersea Research Program (NURP), dominio público, vía Wikimedia Commons.

Juan Felipe Romero

Ecólogo

Soy ecólogo con posgrado en Administración Ambiental de Zonas Costeras y Máster en Restauración Ecológica, con más de 18 años de experiencia en planificación, gestión y desarrollo de soluciones tecnológicas ambientales.

Este artículo se redactó con apoyo de inteligencia artificial, bajo dirección editorial de Juan Felipe Romero.

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