Áreas protegidas
El santuario de tortugas marinas de Acandí triplicó su tamaño: qué protege ahora
El Ministerio de Ambiente amplió el Santuario de Fauna Acandí, Playón y Playona de 27.260 a 89.260 hectáreas y le cambió el nombre. La decisión blinda más del 90% de los arrecifes coralinos del Caribe chocoano y reconoce el trabajo de conservación de tres consejos comunitarios afrodescendientes.
El 20 de mayo de 2026, en el propio municipio de Acandí, el Ministerio de Ambiente amplió en más de 62.000 hectáreas un santuario de fauna que llevaba trece años sin cambios en sus límites. El área protegida pasó de 27.260 a 89.260 hectáreas, y su nombre creció con ella: de Santuario de Fauna Acandí, Playón y Playona a Santuario de Fauna y Flora Acandí, Playón, Playona, San Francisco y Cabo Tiburón.
No es un ajuste cosmético de cartografía. La ampliación, formalizada mediante la Resolución 510 de 2026 que modifica la Resolución 1847 de 2013, cubre ahora más del 90% de los complejos de arrecife coralino del sector Caribe del Chocó, según el propio anuncio del Ministerio.
Por qué trece años sin actualizar los límites importa
El santuario original, declarado en 2013, protegía sobre todo las playas de anidación de tortugas marinas: Playón y Playona, en el municipio de Acandí, sobre el golfo de Urabá. Pero el ecosistema que sostiene esa anidación (arrecifes, praderas marinas, manglares y bosque de tierra firme en San Francisco y Cabo Tiburón) quedaba en gran parte fuera del polígono protegido.
Eso dejaba una brecha real: las tortugas que anidan en Playón y Playona se alimentan y se refugian en arrecifes y praderas que no tenían la misma protección jurídica que la playa. Ampliar el polígono no es solo "más hectáreas": es cerrar esa brecha entre dónde anida la fauna y dónde se alimenta y refugia.
Qué especies gana la ampliación
El santuario protege la anidación de tortugas marinas en peligro crítico. Los registros de monitoreo en Playón y Playona, publicados en el portal del Sistema de Información sobre Biodiversidad de Colombia, documentan sobre todo dos especies: la tortuga laúd (Dermochelys coriacea), con más del 95% de los registros de anidación en la temporada 2016-2017, y la tortuga carey (Eretmochelys imbricata), en menor número pero presente históricamente en la zona sur de Acandí. El Ministerio señala que la zona recibe anidación de hasta cuatro especies de tortuga marina en total.

A eso se suman 51 especies de aves, 8 especies de mamíferos marinos y decenas de especies de corales, moluscos y crustáceos que dependen de los arrecifes y praderas marinas ahora incluidos dentro del polígono protegido, según el Ministerio.
| Qué cubre la ampliación | Antes (2013) | Ahora (2026) |
|---|---|---|
| Área total | 27.260 ha | 89.260 ha |
| Arrecifes coralinos del Caribe chocoano protegidos | Cobertura parcial | Más del 90% |
| Nombre del área | Acandí, Playón y Playona | + San Francisco y Cabo Tiburón |
| Especies de tortuga documentadas | 2 (laúd, carey) | Hasta 4, según el Ministerio |
El reconocimiento a tres consejos comunitarios
La ampliación no llegó por iniciativa exclusiva del Estado. El anuncio del Ministerio reconoce explícitamente el trabajo de conservación sostenido durante años por tres consejos comunitarios afrodescendientes de la zona: Cocoma Norte, Cocoma Sur y Cocoma Seco (identificados en fuentes previas como Cocomanorte, Cocomasur y Cocomaseco, según las cuencas de los ríos Acandí y Tolo que habitan). Según recoge el propio Ministerio, un representante del consejo de Cocoma Norte, Emigdio Pertuz, calificó la ampliación como "el mayor legado que dejamos a nuestros hijos y a las generaciones futuras".
Ese detalle importa para entender por qué la ampliación tomó trece años: declarar un área protegida sobre territorio donde ya existen comunidades con derechos colectivos reconocidos exige un proceso de consulta y acuerdo, no una decisión unilateral desde Bogotá.
Qué significa esto para la gestión del Caribe chocoano
La ampliación cambia el marco legal bajo el que operan pesca artesanal, turismo y cualquier proyecto de infraestructura costera en el sector. Actividades que antes se desarrollaban en aguas o playas sin figura de protección ahora quedan sujetas al régimen de manejo de un santuario de fauna y flora, lo que implica restricciones más estrictas y, en teoría, más vigilancia sobre pesca no regulada y ocupación de playas de anidación.
También deja una pregunta abierta que el anuncio del Ministerio no resuelve del todo: la gestión efectiva de 89.260 hectáreas (frente a las 27.260 originales) requiere presupuesto y capacidad de monitoreo proporcional al nuevo tamaño, algo que no siempre acompaña a las declaratorias de ampliación en Colombia.
Ampliar el polígono en el papel es la parte fácil. Lo que va a definir si esta declaratoria realmente protege más tortugas y más arrecife es si el monitoreo y el control en playa crecen al mismo ritmo que el área protegida, y esa es la parte que ningún anuncio garantiza por sí sola.
Juan Felipe Romero
Ecólogo
Soy ecólogo con posgrado en Administración Ambiental de Zonas Costeras y Máster en Restauración Ecológica, con más de 18 años de experiencia en planificación, gestión y desarrollo de soluciones tecnológicas ambientales.
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