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Una noche de mayo, los radares del clima contaron 860 millones de aves

El sistema BirdCast estimó 860 millones de aves en vuelo sobre Estados Unidos en una sola noche de mayo de 2026, leyendo los mismos radares que pronostican tormentas. Colombia tiene cuatro radares y publica sus datos crudos con licencia abierta: qué es la aeroecología por radar y qué faltaría para intentarla aquí.

Juan Felipe Romero14 min de lectura
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Una noche de mayo, los radares del clima contaron 860 millones de aves

La noche del 3 al 4 de mayo de 2026, mientras la red de radares meteorológicos de Estados Unidos hacía lo de siempre, vigilar tormentas, el sistema BirdCast estimó que había cerca de 860 millones de aves volando sobre el país. Fue el movimiento nocturno más grande registrado en una noche de primavera desde que se lleva la cuenta. Nadie salió a contarlas con binoculares.

El dato no salió de una red de sensores nueva ni de un satélite dedicado a fauna. Salió de la misma infraestructura que avisa cuándo va a granizar.

Por qué importa que un radar de lluvia pueda ver animales

Casi todo el monitoreo de biodiversidad es puntual y caro: una parcela, una jornada de campo, un transecto, una grabadora que cubre unas cuantas hectáreas. Escalar eso a una región completa cuesta tanto que en la práctica casi nunca se hace, y cuando se hace, se hace una vez.

Un radar meteorológico opera bajo la lógica contraria. Barre de forma automática, sin operario, cada pocos minutos, cubriendo un área de cientos o miles de kilómetros cuadrados, y lo lleva haciendo décadas. Si en esos barridos hay información biológica, entonces existe una serie de tiempo de biodiversidad que nadie tuvo que financiar como proyecto de biodiversidad.

860 millonesAves estimadas en vuelo sobre Estados Unidos durante la noche del 3 al 4 de mayo de 2026, según BirdCast, el registro más alto para una noche de primavera analizada por ese sistema.

Esa es la propuesta de fondo de la aeroecología por radar: no construir una red de observación, sino releer una que ya está construida y pagada.

Cómo termina un radar de tormentas viendo aves

Un radar meteorológico emite pulsos de microondas y mide qué le rebota. La lluvia le rebota, pero también le rebota cualquier otra cosa que esté suspendida en la atmósfera, incluidos los cuerpos de las aves y los insectos. El problema histórico nunca fue detectarlos: fue distinguirlos.

Ahí entró la polarización dual, que la NOAA terminó de implementar en su red en 2013 y que, según el material técnico de BirdCast, emite el pulso en dos ángulos en lugar de uno. Como un ave y una gota de agua tienen formas y proporciones distintas, responden distinto a cada ángulo, y esa diferencia permite separarlas. A eso se suman dos pistas más: la dirección de desplazamiento (las aves se mueven en rumbos que no coinciden con el viento, los insectos tienden a irse con él) y el momento del día. Las aves migratorias arrancan su actividad entre 30 y 45 minutos después de la puesta de sol en primavera y otoño, así que aparecen en el radar en una ventana muy reconocible.

Torre de radar meteorológico con su cúpula blanca sobre una colina despejada
Un radar meteorológico como este barre la atmósfera cada pocos minutos buscando precipitación. Lo que también registra, sin proponérselo, es la biomasa que vuela dentro de su alcance.Crédito: Wikimedia Commons, Alan O'Dowd, CC BY-SA 2.0.

Es decir: el eco biológico siempre estuvo en los datos. Lo que cambió en la última década fue la capacidad de decir con confianza que ese eco es un ave y no una gota.

Lo que otras redes ya hacen con esos mismos archivos

El trabajo más útil para entender el estado real del campo es una revisión de 2024 en Philosophical Transactions of the Royal Society B, de Silke Bauer, Elske Tielens y Birgen Haest (DOI 10.1098/rstb.2023.0113). Su argumento central es de infraestructura antes que de biología: los radares meteorológicos ya existen en buena parte del planeta, están organizados en redes continentales, y por lo tanto podrían reutilizarse para monitoreo de biodiversidad aérea sin una inversión nueva significativa.

Los números que reportan sobre archivos históricos son la parte más interesante para cualquiera que trabaje con series de tiempo:

RedCobertura del archivoSituación de acceso
NEXRAD (Estados Unidos)1991 hasta hoy, en Amazon Web ServicesPúblico, con barridos nuevos disponibles a los pocos minutos
OPERA (Europa)Red continentalAcuerdo reciente para uso científico de los datos
Red operacional de Australia2000 hasta hoyDisponible para investigación

Más de treinta años de barridos atmosféricos continuos, en el caso estadounidense, que contienen información sobre movimiento animal que nadie recolectó con ese propósito.

La misma revisión es honesta sobre los límites, y conviene repetirlos antes que el entusiasmo: los datos de radar meteorológico no permiten estimar parámetros morfológicos individuales, la resolución taxonómica es limitada (el radar no dice qué especie es), separar insectos de aves sigue siendo un problema técnico abierto, y en muchos países los datos de radar sencillamente no son públicos.

Colombia tiene cuatro radares, y sus datos ya son abiertos

Aquí es donde el caso colombiano se vuelve inusual, porque el obstáculo que Bauer y sus colegas señalan como más común, que los datos no sean públicos, aquí no aplica.

El IDEAM opera una red de radares meteorológicos ubicados en Cerro Munchique, Carimagua, Guaviare y Barrancabermeja. Y los datos crudos de esa red están publicados en el Registro de Datos Abiertos de Amazon Web Services: archivos Sigmet de nivel II, en el bucket s3-radaresideam, accesibles sin necesidad de cuenta de AWS y bajo licencia Creative Commons Attribution 4.0.

Eso significa que la mitad cara del experimento ya está hecha y pagada. Los radares existen, barren de forma continua, y sus barridos crudos, no solo las imágenes procesadas de lluvia, se pueden descargar hoy.

Candelita norteña, Setophaga ruticilla, posada sobre una rama, fotografiada en Cuba
La candelita norteña (Setophaga ruticilla) es una de las migratorias boreales que cruzan el Caribe hacia el Neotrópico cada año. Esta fue fotografiada en Cuba, en su área de invernada.Crédito: Wikimedia Commons, gailhampshire, CC BY 2.0.

Y hay una razón ecológica para querer mirar: Colombia no es un punto de paso marginal de la migración boreal, es destino de invernada. Cada temporada, millones de aves que se reproducen en Norteamérica bajan al Neotrópico. Lo que hoy sabemos de ese flujo en el país viene de conteos de campo, anillamiento y ciencia ciudadana, todos ellos valiosos y todos ellos discontinuos en el espacio.

Qué habría que probar antes de prometer nada

Conviene ser explícito sobre dónde termina lo documentado y dónde empieza la hipótesis de este artículo.

Lo documentado, y citado arriba, es que la técnica funciona: BirdCast produce estimaciones nocturnas operativas con NEXRAD, y existe literatura revisada por pares sobre cómo derivar información biológica de redes de radar meteorológico. Lo documentado también incluye que el IDEAM opera cuatro radares y publica sus datos crudos con licencia abierta.

Lo que no existe, hasta donde alcanza esta investigación, es un caso publicado de aeroecología por radar hecho con la red colombiana. Esa es la hipótesis, no el hallazgo. Y tiene obstáculos concretos que habría que resolver antes de anunciar nada:

  • Cobertura: cuatro radares no son una red continental. Dejan por fuera buena parte del territorio, incluidos corredores migratorios de la costa Caribe y del valle del Magdalena.
  • Discriminación: el trópico tiene una carga de insectos voladores mucho mayor y más constante que las latitudes templadas donde se calibraron los algoritmos actuales. Separar insectos de aves, que ya es el problema abierto en NEXRAD, aquí probablemente sea más difícil, no menos.
  • Estacionalidad menos marcada: los métodos del hemisferio norte se apoyan en un pulso migratorio nítido contra un fondo tranquilo. En un país donde hay movimiento de avifauna residente todo el año, ese contraste se diluye.
  • Validación: cualquier estimación de radar necesita datos de campo contra los cuales calibrarse, y eso implica cruzar los barridos con conteos y registros existentes.

Ninguno de esos obstáculos es una razón para no intentarlo. Son la descripción de qué tendría que contener un primer estudio serio.

Lo que resulta difícil de justificar es lo contrario: que exista una serie de tiempo atmosférica, pública, continua y gratuita sobre buena parte del territorio, y que la comunidad que estudia biodiversidad en Colombia no la haya abierto todavía para ver qué hay adentro. El costo de mirar es una consulta a un bucket de S3. El costo de no mirar es no saber qué se ha estado grabando todos estos años.

Imagen de portada: bandada de barnaclas cariblancas (Branta leucopsis) en formación durante la migración de otoño. Thermos, Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.5.

Juan Felipe Romero

Ecólogo

Soy ecólogo con posgrado en Administración Ambiental de Zonas Costeras y Máster en Restauración Ecológica, con más de 18 años de experiencia en planificación, gestión y desarrollo de soluciones tecnológicas ambientales.

Este artículo se redactó con apoyo de inteligencia artificial, bajo dirección editorial de Juan Felipe Romero.

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